miércoles, 29 de mayo de 2013

Gorriones, ¿epílogo?

A la derecha, el padre; el resto son sus vigorosos hijos
La terraza donde estaba el amoroso nido de Walter y Amélie ya no tiene su malla y el plástico correspondiente, y permanece tristemente abierta y vacía. Echo mucho de menos a mis queridas amigas, mucho. Aún no me he recuperado del todo de mi afección pulmonar, aunque sí voy mucho mejor, y espero con impaciencia a estar completamente bien para hacer una visita a mis tórtolas al Indiana Camp.

Mientras tanto, como aún nos quedaban algunos restos de comida de las tórtolas, hemos puesto en platitos lo que había, cosa que han aprovechado los gorriones. No es que vaya a sustituir unos pájaros por otros, pero sin duda estos pequeños seres me están dando un cierto consuelo. Ya los alimentamos con asiduidad, e incluso hemos comprado comida para ellos. Siempre nos separa el cristal de la puerta de la terraza, así que no hay peligro de su contaminación (aunque supongo que soy sensible solo a las tórtolas, no a cualquier pájaro, y además están al aire libre, no en el interior de casa).

En la imagen se ve al papá, alimentándose goloso. Tiene toda una familia, que comen ávidos cuanta comida les ponemos varias veces al día. Los hijos son mucho más osados que el padre, tienen menos miedo, y me llama la atención lo peleones que son.

Benditos sean.

¡No os perdáis este pequeño vídeo de 50 segundos! ¿No os encantan?

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