sábado, 23 de febrero de 2013

La historia de Walter

Walter posado en mi mano
Walter es el único macho en el trío de tórtolas, pareja de Amélie y padre de Junior. Desconozco su edad cierta, aunque lo compré hace unos tres años, y el chico que me lo vendió me aseguró que tenía seis meses, así que ahora tendría cuatro años, más o menos. Walter es mayor que las dos hembras, y su carácter es diferente. Es, en cierto modo, quien más ha cambiado con nuestro contacto. La idea de comprarlo vino del deseo de darle una pareja a Amélie, y la verdad es que forman una pareja envidiable, completamente enamorada si aplicamos los parámetros humanos. Cuando compré a Walter, era evidente que no estaba acostumbrado a la presencia humana; lo transportamos a casa dentro de una caja de cartón, y el pobre estaba muerto de miedo. Al llegar a casa lo soltamos, teniendo cuidado de que las ventanas estuviesen bien cerradas; inmediatamente revoloteó, por cierto muy mal, pues apenas si se sostenía en el aire (seguramente en el jaulón donde estuviese no tenía espacio, ahora ha mejorado mucho y vuela bastante mejor que entonces). Recuerdo que cuando se encontró con Amélie ambos se llevaron un susto de muerte, y salieron despavoridos en direcciones contrarias, ¡pobres! Aunque tratamos de no asustarlo, era evidente que nos huía como si fuésemos sus enemigos, y pasó días completamente mudo, en un rincón, levantando el ala si nos acercábamos. Eso sí, se fijaba en que la interacción con Amélie era pacífica, que ella sí se dejaba acariciar, aceptaba comida de nuestra mano... y poco a poco todo eso fue pesando en su ánimo, perdió el miedo, y nos aceptó. De los dos, es conmigo con quien tiene una mejor relación (mientras que Junior prefiere a Félix mil veces antes que a mí), y llega incluso a acicalarme los dedos si le acaricio el cuello, señal suprema de aprecio por parte de una tórtola.
No hace mucho ha empezado a subirse encima de mí por propia iniciativa, sobre todo si hace cierto tiempo que no nos vemos; la primera vez que lo hizo, demostrando así que me apreciaba, reconozco que me emocioné hasta las lágrimas. Y es que a las tórtolas las quiero, las queremos mucho: muchísimo. Sé que Walter ahora es completamente feliz; renovó su plumaje, bastante estropeado al principio, y ahora su traje de plumas es tupido y perfecto, (mirad por favor cómo tiene un maravilloso escudo blanco en la foto de arriba, ampliándola); aprendió a volar, se besa con Amélie a diario, y es padre de varios pollitos que ya son tórtolas adultas, la más querida por nosotros sin duda, Junior.
Walter es más torpe, más miedoso y menos inteligente que Amélie y Junior; pero estoy orgulloso de que me tenga por amigo, y para mí no hay otro macho igual.

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