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martes, 30 de octubre de 2012

Os presento a Moisés

El plumaje de Moisés

El plumaje de Moisés
En los pocos días que han pasado desde el viernes, cuando estuvo a punto de morir por accidente, nuestra cría ha avanzado a pasos de gigante. Ya pesa 120 gramos, es decir, prácticamente el peso normal de una tórtola. Además, ¡ya vuela! Es capaz de subir de un vuelo desde el suelo hasta su nido, o la tele, o cruzar volando el balcón. Sigue pidiendo comida a sus padres, aunque su madre hace ya un par de días que no le hace caso (de hecho, está preparando el nido para una nueva puesta), pero también es capaz de comer por su cuenta, algo necesario porque Walter pronto dejará de alimentarlo también (este Walter es un padrazo).

Sus plumas, aún incompletas, ya revelan el color final: una mezcla exquisita de color rosado y blanco Además, parece que no va a tener collar (algo absolutamente inaudito, pues hasta las tórtolas blancas tienen un collar ligeramente gris pero perfectamente visible). Creo sinceramente que es la tórtola más bonita que he visto nunca.

Su pico, aún muy largo, le da ese aire adolescente de los ejemplares inmaduros. Pinchad en las fotos para que se abran a tamaño completo: vale la pena mirar esas plumitas en formación.

Ah, lo de llamar Moisés a la cría (y no Luis, como estaba previsto), imagino que avináis por qué es: ya se sabe, Moisés quiere decir "salvado de las aguas". Ya veremos qué pasa,

jueves, 27 de enero de 2011

El pollito de Javier sigue adelante

(A la derecha, el pollito hijo de Walter y Amélie; a la izquierda, uno de sus padres adoptivos)

Hace ya casi dos semanas que Javier me envió esta foto, donde podemos ver que el pollito, de casi un mes de edad, ha crecido espléndidamente; nació de un huevo de Amélie, fecundado por Walter, y empollado por las tórtolas de Javier, ya que estas no conseguían poner huevos fecundados. Me recuerda mucho a Junior en la cara, (aunque todavía tiene su pico juvenil, que luego se retrae), aunque yo creo que es mayor, de hecho da gusto ver lo lustroso que está. Sus plumas no son blancas, aunque como todas las tórtolas lleva el gen del albinismo, y por tanto sus hijos sí podrán ser blancos; a mí, personalmente, me gustan más las tórtolas que no son blancas, aunque también estas son muy bonitas, de hecho Walter, que es blanco, es quien tiene mejores plumas.

En la segunda foto vemos con claridad que el hijo no tiene collar negro, tan usual entre las tórtolas; posiblemente se deba a que Amélie, su madre, también carece de él (a pesar de no ser blanca), al igual que Walter, su padre, de color totalmente blanco. Creo que es algo bastante insólito.

Pero lo importante es que el pollito ha salido adelante, está grandísimo, y es muy bonito, ¿no os parece?