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jueves, 30 de octubre de 2014

Reencuentro con mis amadas amigas

El fin de semana pasado fuimos de nuevo al Indiana Camp. Como sabéis, tuve que dejar mis amadísimas tórtolas en esta granja escuela, porque por motivos de salud no puedo vivir con ellas, algo que me resulta extremadamente doloroso. Lo primero que me sorprendió al llegar es que ¡hay muchas tórtolas nuevas! No solo están Walter, Amelíe, Junior y Moisés...



Nada menos que una docena de tórtolas, separadas en dos jaulones. Por supuesto, lo primero que hicimos fue saludar a Amélie y Walter

Walter al fondo, en su nido. Amélie en la rama.

Con Walter y Amélie

Amélie

Walter
Amélie estaba muy amable y cariñosa, enseguida se interesó por las golosinas que le llevamos. Creo que se está haciendo mayor, ¡ya hace seis años que llegó a casa, y realmente no sé cuántos años tiene en total! Las plumitas del cuello estaban como un poco ajadas... de todos modos estaba tan vital como siempre. Walter se mostró más tímido, aunque también se dejó querer. Ambos siguen siendo pareja, y me parecieron muy felices. 

Las nuevas crías no se dejaban coger, ¡no nos conocen! En cambio Moisés, que lleva tanto tiempo allí y casi no estuvo en casa, sin duda me reconoció, y estuvo muy mansito y cariñoso. Es una tórtola espléndida, la mayor, un macho precioso y muy dulce, ¡comió hasta hartarse! En la foto se ve su buche totalmente lleno. (También saludamos a Junior, que esta vez parecía más tímida y esquiva que nunca, no hay foto de ella esta vez).

Moisés

Por casualidad encontramos una cría atrapada en un comedero de otras aves que comparte en espacio, ¡quién sabe qué habría sido de ella si no llegamos a estar allí! Sin duda es hija de Walter y Amélie, tiene un patrón de color precioso, muy extraño, naranja salpicado de blanco. Las plumas de la cola estaban muy dañadas, pero da igual, pronto echará otras nuevas. Para que se recuperara mejor, mi primo la colocó en una jaulita separada, ella solita. Seguro que a estas horas ya está perfectamente.



No puedo expresar con palabras la emoción que he sentido. Creo que es la visita de la que me he marchado más satisfecho, pues no cabe duda de que las tórtolas son completamente felices. Al final vi cómo Walter y Amélie se hacían toda clase de carantoñas, son la imagen misma del amor.



lunes, 20 de enero de 2014

Una nueva Amélie

Un poco antes de Navidad visité de nuevo la residencia actual de mis queridas, mis queridísimas amigas, mis tórtolas del alma. Como siempre, ha sido muy emocionante. La gran sorpresa fue que, cuando quise coger a Amélie y subirla en mi mano, noté que me huía un poco, aunque logré hacerlo. Qué raro, pensé, será que ya me está olvidando... pero no era así. Enseguida me di cuenta de que no era Amélie, sino una hija suya, ¡es idéntica! La podéis ver en la foto superior izquierda, es justamente la que no tengo en la mano. Las otras tórtolas, Walter, Junior y Paulo están perfectamente, con un plumaje excelente, se dejaron acariciar, pasé media hora con ellas (más no, por no arriesgarme a tener complicaciones pulmonares), sintiendo a la vez una paz maravillosa, y una emoción intensa que me hacía llorar sin parar, pero no todas las lágrimas son malas, sé que están muy bien cuidadas y que son felices, y eso es lo que cuenta. Han pasado ya más de seis meses desde que me tuve que separar de ellas, y no pasa día en que no las eche mucho de menos, incluso sueño con ellas frecuentemente... prometo verlas más a menudo. Cuánto las quiero.

martes, 9 de julio de 2013

Reencuentro con tres dulces amigas

Con Walter, Amélie y Junior

Moisés

Paulo

Walter y Amélie

Walter y Junior

Por fin el pasado 29 de junio fui al Indiana Camp y me reencontré con mis queridísimas tórtolas, a las que hacía ya dos meses que no veía, desde mi hospitalización forzosa. En este tiempo mis pulmones se han recuperado casi por completo, aunque sigo en tratamiento con corticoides.

El encuentro fue muy emocionante, hubo lágrimas, y pasé una hora en compañía de estas amigas a las que tanto, tanto, echo de menos a diario. Su reacción en cambio fue muy serena; me reconocieron sin duda, pero en este tiempo se han adaptado a su nueva situación, están bien, y posiblemente su vida ahora es más natural que con nosotros en el piso. Comparten un amplio jaulón, en realidad una habitación grande, con otras aves más, como gallos y perdices blancas, pero no hay competencia entre ellas.

Son cinco las tórtolas que viven juntas, nuestras queridísimas Amélie, Walter y Junior, y además Moisés y Paulo, dos machos también hijos de Amélie y Walter, y por tanto hermanos de Junior, aunque de camadas distintas. Paulo era el más tímido, y no se dejaba coger, mientras que Moisés lucía un plumaje espléndido y un tamaño envidiable, sin duda la tórtola mayor de esta pequeña familia.

Aunque solo estuve una hora con ellas, pude darme cuenta de cómo han evolucionado las relaciones entre las tórtolas en este tiempo, y resulta lo suficientemente curioso como para hacer otra nueva entrada al blog, que prometo escribir pronto.

Salí con la tristeza de sentir cómo he perdido la convivencia con estos pequeños pero magníficos amigos, que han dejado un hueco enorme en nuestras vidas, pero también con la satisfacción de saber que ellas son perfectamente felices en su nuevo entorno. Han sido cuatro años de convivencia perfecta, y siempre formarán parte de mi vida.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Gorriones, ¿epílogo?

A la derecha, el padre; el resto son sus vigorosos hijos
La terraza donde estaba el amoroso nido de Walter y Amélie ya no tiene su malla y el plástico correspondiente, y permanece tristemente abierta y vacía. Echo mucho de menos a mis queridas amigas, mucho. Aún no me he recuperado del todo de mi afección pulmonar, aunque sí voy mucho mejor, y espero con impaciencia a estar completamente bien para hacer una visita a mis tórtolas al Indiana Camp.

Mientras tanto, como aún nos quedaban algunos restos de comida de las tórtolas, hemos puesto en platitos lo que había, cosa que han aprovechado los gorriones. No es que vaya a sustituir unos pájaros por otros, pero sin duda estos pequeños seres me están dando un cierto consuelo. Ya los alimentamos con asiduidad, e incluso hemos comprado comida para ellos. Siempre nos separa el cristal de la puerta de la terraza, así que no hay peligro de su contaminación (aunque supongo que soy sensible solo a las tórtolas, no a cualquier pájaro, y además están al aire libre, no en el interior de casa).

En la imagen se ve al papá, alimentándose goloso. Tiene toda una familia, que comen ávidos cuanta comida les ponemos varias veces al día. Los hijos son mucho más osados que el padre, tienen menos miedo, y me llama la atención lo peleones que son.

Benditos sean.

¡No os perdáis este pequeño vídeo de 50 segundos! ¿No os encantan?

miércoles, 8 de mayo de 2013

No es el final: Una nueva vida comienza



Para mis queridas tórtolas se abre una nueva etapa, que les deseo feliz, como así creo que será. En el vídeo, que tiene unas pocas horas tan solo, se puede ver a las monitoras del Indiana Camp mimando a mis amigas. Las que se ven a la derecha son Walter y Amélie, ¿no digo siempre que son "dos tortolitos"? Y las de la izquierda, aunque parecidas, a mí no se me confunden: son Junior (blanca), y Moisés (crema), quienes parecen formar una naciente pareja... más allá de que son hermanos.

La vida se abre paso. A mis tórtolas no les va a faltar el cariño y el contacto humano. Algunas cosas cambiarán, tendrán que adaptar su dieta, su espacio... pero no tienen por qué ser cambios a peor. Además, harán las delicias de muchos niños y mayores, y ojalá les hagan sentir amor por la naturaleza, después de todo los seres que habitamos este planeta compartimos sus recursos y debemos vivir en armonía. Quiero pensar que nuevas tórtolas vendrán al mundo, que cuando aquella ya lejana tarde, en casa, entró caminando Amélie resueltamente por el suelo de mi casa entró en mi vida la fuerza de la Vida, y que me acompañará siempre. Sé que ella hizo bien entrando en casa, y lo primero que me enseñó es que no es "mía", sino que nos debemos respeto. Luego vino la amistad y el cariño, y por eso mismo nuestros caminos ahora se separan... pero no por completo.

Tengo que dar las gracias públicamente a mi primo, dueño de Indiana Camp, por brindar una segunda vida a mis tórtolas, y por extensión a quienes desde esta bonita granja escuela se ocupen de mis amigas, adquiero con todas estas personas una deuda de gratitud infinita.

Y al menos quiero publicar en su día la noticia de que estoy totalmente repuesto y he podido visitar a Junior, Walter, Amélie y demás tórtolas en el Indiana Camp.

De nuevo, G R A C I A S.

(P.D.: Paulo no aparece en el vídeo, seguro que es más tímido, pues ha vivido casi sin contacto de humanos; su color es similar a Moisés, pero con el cuello negro y plumaje más oscuro. Estoy seguro que por imitación también se dejará mimar).

domingo, 5 de mayo de 2013

El final del blog: Tengo que despedirme de mis queridas amigas

De izquierda a derecha: Junior, Amélie y Walter en el Indiana Camp.
 
Esta es una entrada en el blog que nunca hubiera deseado haber escrito. El pasado 25 de abril tuve que ingresar por segunda vez en el Hospital de la Princesa, tras sufrir tres noches consecutivas de fiebre y ahogo, ya no podía demorarlo más. Nuevamente un tratamiento simple de oxígeno me hacía recuperarme en gran parte, lo que parecía apuntar a alguna causa ambiental, y ahí salió de nuevo la hipótesis de las tórtolas. Como es natural, yo reclamé pruebas médicas fehacientes, no dejarse llevar por la mera sospecha. Y las pruebas (TAC, IGg de antígenos a tórtolas), fueron esta vez inequívocas: se trata de una neumonitis extrínseca por hipersensibilidad a las proteínas de las tórtolas. Los datos resultaron tan claros que incluso me suspendieron un lavado bronquial (broncoscopia), ya que no hacía falta; espero aún el resultado de más análisis, pero con los ya existentes hay una franca seguridad de haber encontrado el origen del problema.

A partir de aquí estoy recibiendo tratamiento con corticoides, y noto franca mejoría en mi respiración, no tengo fiebre y baja mucho menos la saturación de oxígeno al caminar, en definitiva parece que me estoy recuperando.

La mala noticia es, por supuesto, que tengo que dejar de convivir con mis tres queridas tórtolas, algo que de rebote también afecta a mi compañero. Es más, del hospital he tenido que venir a mi casa familiar en Toledo directamente, pues no podía regresar al piso. La primera medida ha sido llevar las tórtolas a la granja escuela de mi primo, "Indiana Camp", situada cerca de Toledo, donde hay instalaciones adecuadas y además ya residen algunos descendientes de Walter y Amélie, el último de ellos Moisés, ¿lo recordáis? Ni siquiera he tenido el amargo consuelo de despedirme de mis tórtolas, pues debo evitar todo contacto. Este viernes pasado, día 3 de mayo, salieron de mi casa y emprendieron una nueva vida en su nuevo hogar.

Las fotos que pongo son de hoy domingo, un par de días después, remitidas por mi primo, dueño de Indiana Camp. Me dijeron que Moisés está grande y precioso, y aunque estaba en pareja con lo que pensábamos una hembra, no debe de ser así ya que no han procreado. Sé que Walter y Amélie seguirán formando una pareja amorosa (con razón llamamos "tortolitos" a los novios acaramelados), pero nos preocupaba Junior, siempre tan mimada y emparejada (aunque sea contra natura) con mi compañero.

Me llama agradablemente la atención que en las fotos mis tres tórtolas aparezcan apaciblemente juntas, algo muy difícil en mi piso de Madrid, donde la pareja y su hija tienen zonas muy delimitadas, se ve que el nuevo terreno neutral ha servido para que se unan. Además, me dijeron que desde el principio Moisés y su compañero se interesaron en Junior, algo que me alegra también, ya que presagia nuevas relaciones y compañía mutua.

 

En la primera foto vemos que Moisés (canela, con cuello gris), aparece al fondo de mi trío de tórtolas; en la segunda, Moisés y Junior comparten momentáneamente un nido... seguro que se van a llevar muy bien.


Un niño anónimo disfruta de la compañía de Walter, ¡quién lo ha visto y quien lo ve, con lo tímido que era! Al fondo, sobre la cabeza del niño, la cabecita de Paulo, el que ha sido hasta ahora compañero de Moisés, el más veterano en Indiana Camp y que ahora disfruta de una pequeña bandada.

Creo con sinceridad que mis tórtolas estarán bien, los animales se adaptan de modo natural a su entorno, y este no es ni mucho menos malo; van a estar bien cuidadas, y su espíritu gregario estará satisfecho con unas relaciones más ricas. Eso, creo yo, es lo que hace que se vean atraídas por los seres humanos, de algún modo nos confunden con sus iguales, y hacen lo imposible por no quedar aisladas. Por ejemplo Junior trataba de no irse a dormir a su hora natural, sino cuando lo hacíamos nosotros, a veces después de la 1 de la madrugada... todo eso ahora queda atrás, empiezan una nueva vida.

No os oculto que siento pena, muchísima. Hemos llorado mucho. Pero superaremos este sufrimiento, con el enorme consuelo de que mis tórtolas no van a sufrir. Tal vez nos echen un poco en falta al principio, pero sin duda no se van a deprimir, ni realmente padecerán. Una vez recuperado, y con todas las precauciones del mundo, sí me gustaría verlas muy de vez en cuando; tal vez si es así coloque fotos del evento en el blog, pero de momento el sentido del mismo, contar las andanzas de unas tórtolas en un piso de Madrid, ya no existe, por tanto lo doy por clausurado.

Sí procuraré contestar cualquier tipo de pregunta sobre cuidado, alimentación o lo que se tercie. Desde aquí quiero agradecer todo el apoyo que me habéis dado en estos años, yo nunca planeé tener tórtolas y he descubierto todo un mundo con ellas. Sé sin duda que me han hecho mejor persona, más sensible, cuidadoso, respetuoso, y capaz de afrontar la vida; y no exagero ni un poco.




Como ironía del destino, esta tarde, a la puesta del sol, una tórtola turca de las que viven en la plaza frente a mi casa de Toledo, se ha colocado a la altura del mirador, en una barandilla a unos tres metros de mí. No tenía ningún miedo, y ha estado bastantes minutos descansando. Es una tórtola muy joven, con el pico grande y ese aspecto como de peluche de los ejemplares juveniles. Al levantarse he visto que tiene ya su cola formada, y cuando ha querido ha dado un elegante vuelo hasta un gran ciprés donde seguramente vive. Las tórtolas serán siempre mis amigas.

Así pues, quedo a vuestra enterísima disposición. Si alguien quiere escribirme, mi correo es:
 

viernes, 21 de diciembre de 2012

UN DESCUIDO QUE PUDO SER FATAL

Walter y Amélie tomando el sol al día siguiente

Los fines de semana nuestras tres tórtolas se quedan solas en casa; son poco más de dos días. Tenemos que fijarnos bien en cómo quedan ubicadas, porque Junior no se lleva bien con sus padres; o más bien digamos que Walter, su padre, acosa a su hija. También Amélie le es hostil, y es que las tórtolas ¡son tan territoriales! Tienen dividida la casa en zonas de influencia, de modo que cada habitación o bien es del matrimonio Walter/Amélie, o bien es de Junior, o bien es neutral. Bueno, el caso es que los viernes, antes de irnos, comprobamos que todo está en su sitio, hay comida y agua de sobra al alcance de nuestras amigas, etc. Luego, al regresar el domigo por la tarde, lo primero es comprobar que han pasado bien el fin de semana, y la verdad es que hasta ahora no habíamos tenido ningún incidente.

Pero el fin de semana pasado, por un error garrafal de cálculo, dejamos a Walter y Amélie encerradas en la habitación del ordenador, en lugar de en su terraza, que comunica con el salón. Por tanto, se pasaron unas cincuenta horas en una habitación en la que no había ni una gota de comida ni bebida. Hay que tener en cuenta que las aves tienen un metabolismo muy alto, es decir, precisan comer y beber mucho más a menudo que los animales más grandes; y para nosotros pasar dos días encerrados sin comer ni beber ya sería una prueba dura.

Sorprendentemente, Walter y Amélie estaban en perfecto estado, comieron y bebieron pero no con desesperación, sencillamente con buen apetito. Habían pasado dos días sin comer ni beber, ¿cómo lo consiguieron? Creo que la respuesta es doble; por una parte, tienen reservas alimenticias de sobra ya que comen todo lo que se les antoja, y por tanto, están sanamente gorditas; y por otro lado, tenían el buche bien lleno, pues cuando nos marchamos y les ponemos comida nueva lo primero que hacen es darse un gran atracón, cosa que hicieron el viernes. En realidad, más que comer lo que hacen es guardar en su buche la comida, que no está siendo digerida, sino que acumulan para cuando deciden comer de verdad. Así que se tomaron las cosas con calma, seguramente se movieron muy poco, y así pudieron pasar dos días sin alimentarse de un modo bastante bueno. Y en cuanto a beber, apenas si toman un par de sorbos cada día. Eso sí, sobre todo Amélie estuvo un par de días como aletargada, y nosotros lo achacamos a su reciente encierro.

Descubrir nuestro error fue muy alarmante y desagradable, pero ahora conocemos un poquito más a nuestras amigas; esperemos no volver a meter la pata de este modo.

martes, 13 de noviembre de 2012

La extraña familia

Amélie, Walter y Moisés.

Moisés ya es, prácticamente, una tórtola adulta, de la que por cierto desconocemos el sexo. En las anteriores crianzas de Amélie y Walter, a estas alturas ya se había producido el rechazo de la cría o crías, quienes no solamente se tenían que alimentar por sí mismas, sino que también se veían forzadas a buscar su propio espacio, siendo atacadas a picotazos si persistían en pedir comida a sus padres, por ejemplo. Sin embargo, el caso de Moisés es diferente. No sé muy bien si se trata de un alargamiento de su status de cría, ya que aún pía y suplica comida a su padre (que a veces hasta se la da), o más bien es una integración en toda regla en lo que ahora sería una familia de tres miembros. Por ejemplo, por la noche las tres tórtolas duermen en el mismo nido, en total armonía. Desde luego con Amélie no hay ni el más mínimo roce, es más, ella permite que Moisés se tumbe a su lado mientras incuba los huevos; y en cuanto a su padre, aunque a veces es evidente que trata de picotearlo, finalmente cede a las protestas y convierte los picotazos en caricias.

En la foto vemos, de izquierda a derecha a Amélie, Walter (en el instante mismo de emprender el vuelo, obsérvese que una pata ya está en el aire), y Moisés. Se aprecia perfectamente que Moisés no tiene collar, y la coloración de sus plumas es más delicada que la de Amélie.

Me encantaría terminar quedándome con Moisés en casa, aunque es muy poco probable. Parece de peluche, es simpatiquísimo, lo adoro.

martes, 7 de agosto de 2012

Las joyas de la Castafiore

Amélie en su nido
Soy aficionado a las historietas de Tintín, el héroe creado por el dibujante belga Hergé. Una de las aventuras más celebradas de este simpático joven se llama "Las joyas de la Castafiore"; el argumento es el siguiente: en una casa desaparece una esmeralda, propiedad de una famosa cantante de ópera. Muchos son los sospechosos: el pianista acompañante, el mayordomo, unos gitanos que acamparon cerca, etc. Pero el misterio se resuelve gracias a una ópera: "La gazza ladra", de Rossini, pues la traducción es "La urraca ladrona"; y efectivamente, uno de estos pájaros es quien roba la esmeralda, que finalmente es recuperada. Y hoy Amélie ha mezclado esto con otra afición que tengo: los clicks, también llamados "Playmobil". No tengo muchos por casa, pero uno de ellos es una recreación del Durero que se exhibe en El Prado, y lo tengo puesto de adorno. Como resulta que Amélie está en una de esas fases en que llena el nido de papelitos... pues resulta que ha encontrado que el caballete de Durero, de plástico pero simulando madera, resulta útil en el nido. Me hace tanta gracia que, de momento, se lo he dejado.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Caprichos de tórtolas

(Junior con una semilla de pimiento en el pico)

Ya se sabe que las tórtolas comen, sobre todo, semillas y alimentos similares. En la práctica, les doy varios tipos de pienso para pájaros. La comida es algo muy importante para ellas, ya que al ser animales pequeños, tienen un metabolismo alto que los obliga a alimentarse con mucha frecuencia. Pero mis tortolitas no son unos animales cualquiera que se conforman con lo primero que se pueden llevar al pico, ¡qué va!: son unas sibaritas. Haciendo balance, Amélie es la que tiene unos gustos y hábitos más amplios, y en su dieta figuran frutas, verduras, dulces, semillas...; Walter en cambio admite muchos menos alimentos, y Junior es un caso intermedio.

Por lo pronto, la comida habitual, la preparada para pájaros, les gusta solo si es fresca, a los pocos días ya no le hacen caso. Claro que si no hubiera otra cosa seguro que se la comían, pero como yo les doy todos los caprichos, se pueden permitir el lujo de desdeñar la que está vieja, ¿cómo harán para distinguirla? Pero el hecho es que es así. 

Su personalidad es distinta en todo, y también referida a la comida; la más lista es, como siempre, Amélie, que en cuanto escucha el sonido de la caja de pienso, o nos ve abriendo algo sospechoso (aunque resulte ser una caja de galletas), vuela disparada como una flecha a la mano ejecutora. Por eso los viernes, cuando las dejo solitas en casa, porque me suelo ir fuera el fin de semana, y los cuencos de comida están limpios y con comida recién puesta, Amélie se da un atracón.

Pero bueno, hasta aquí todo es más o menos normal. De lo que quería hablar es de los alimentos "no estándar" con los que también suelo obsequiar a mis amigas. Este sería un pequeño resumen:

Miga de pan: Se supone que no es un alimento ideal, porque carece de fibra, y todo eso; pero les encanta a las tres. Hacemos bolitas del tamaño de guisantes, y se las vamos dando de una en una, siempre con el pan recién traido de la panadería, muchas veces incluso caliente. Quien más come es Walter, y después Amélie; Junior se ve mucho menos atraída por este manjar.

Azúcar: Es inevitable, por tomar café o por otros motivos, que a veces quede algo de azúcar en algún sitio accesible; pues lo mismo que niños ante golosinas, las tórtolas van consumiendo granito a granito ¡parece magia! Y es que les encanta. A la que más, a Amélie. El azúcar es energía en estado puro, pero procuro que no tomen demasiada, porque ignoro si demasiada glucosa les puede afectar.

Semillas de pimiento: Por casualidad descubrimos que las semillas de pimientos rojos o verdes les apasionan, las tres las devoran con igual voracidad, sobre todo las dos hembras. Normalmente se las damos en la mano, aunque a veces dejamos el trozo de pimiento con sus semillas para que las picoteen.

Trocitos de galleta: Si desmenuzamos galletas en fragmentos suficientemente pequeños, las comen con ganas. Seguramente la mezcla de azúcar y cereales les resulta muy sabrosa.

Zanahoria: En trozos muy pequeños le encanta a Amélie, y a veces Junior come alguno; Walter no. La comen cruda, y mejor si está cocida.

Fruta (melón, piña, naranja...): Igual que con la zanahoria.

Arroz y guisantes: En crudo apenas si les interesa. Cocidos sí, especialmente el arroz lo devoran, (Walter un poco menos, pero no le hace ascos).

Estos son los casos más interesantes, aunque a veces picotean algo de sal, o semillas de melón, etc., pero son excepciones. Ver comer a estas amigas me proporciona un indudable placer, creo que cualquiera, niño o mayor, disfruta cuando una tórtola recoge alimento de su propia mano, sentir ese roce con el pico es algo muy especial que todo el mundo debería conocer. Qué suerte tengo al experimentarlo tan a menudo.


lunes, 31 de octubre de 2011

Walter se ha hecho daño en un ala

(Walter y Amélie tomando el sol de otoño encima de un tiesto.)

De las tres tórtolas, quien peor vuela es, sin duda, Walter. Cuando llegó a casa apenas si podía hacerlo, pues posiblemente el jaulón donde vivía no se lo permitía. Era gracioso verlo aletear, levantándose del suelo a duras penas y haciendo un ruido enorme, como quien mueve un abanico con denuedo. Parecía uno de aquellos pioneros de la aviación con sus locos cacharros, que por más que los movían no se despegaban ni un palmo. Poco a poco eso cambió, y su habilidad ahora es mucho mejor que al principio. Pero con las alas las tórtolas hacen algo más que volar: también se pelean. Después de todo, son sus extremidades superiores, y en sus disputas territoriales las emplean para atacar y defenderse. Precisamente en estos días la rivalidad de Junior con sus padres ha venido trufada de escaramuzas, y en una de ellas el pobre Walter se ha decho daño en su alita izquierda. No creo que esté rota, porque la mueve e incluso se atreve a intentar volar, pero claramente le duele, y se caído al suelo un par de veces.

Resulta de lo más interesante ver cómo afronta su invalidez esta ave, y la reacción de Amélie, su pareja. Esta última lo acaricia y claramente intenta consolar, acompañándolo más de lo que haría si estuvese sano. Walter por su parte trata de moverse lo menos posible, y aunque tiene menos apetito hace lo posible por comer. Solo si Junior se acerca mucho le planta cara y trata de aparentar unas fuerzas que no tiene, pero hacemos lo posible por que estos episodios no se produzcan y repose todo lo que pueda. Perfectamente su comportamiento nos puede servir de modelo en caso de enfermedad o accidente, sus enseñanzas son estas:

1) Aceptar con naturalidad el hecho mismo de la enfermedad o invalidez, es un hecho que forma parte de nuestra realidad.
2) Cambiar nuestro comportamiento habitual, de modo que se favorezca todo lo posible la recuperación.
3) Ayudar a los enfermos o incapacitados con naturalidad y dulzura, prestándoles más atención mientras estén en esta situación.
Creo que si realmente hiciéramos esto, nuestra salud física y mental nos lo agradecerían. 

Seguro que muy pronto Walter volverá a estar bien.

domingo, 9 de octubre de 2011

Relevo en el nido.

Para que las puestas de huevos sean lo menos frecuentes posibles, tenemos la estrategia de dejar tanto a Junior como a Amélie que empollen unos huevos falsos que cambiamos oportunamente; en realidad son huevos pasados de fecha. Junior, pobre, tiene que quedarse sola en el nido, pero Walter y Amélie se relevan cada día a horas fijas para hacer el empolle; concretamente durante la noche es Amélie quien se queda sobre los huevos, y a la mañana, cuando Walter ya ha desayunado, acude puntualmente al nido y hace el relevo con su pareja. Este acto, tan simple y repetido, no deja de tener su encanto, pues durante unos instantes las dos tórtolas se acicalan e intercambian unas caricias. En este vídeo puede verse este momento; es interesante observar al final cómo Amélie sale volando de modo explosivo, ¡le encanta hacer eso!

jueves, 30 de junio de 2011

Sexo de verano

(Walter y Amélie afrontando el verano tras pasar por Photoshop)

La pareja que forman Walter y Amélie no es ya un amor pasajero, sino que forman sin duda una pareja consolidada. Siguen prodigándose todos los mimos imaginables, y no parece que eso tan humano del decaimiento en el deseo sexual y la rutina subsiguiente sea un problema para ellas, felices y efusivas como el primer día. Es más. Amélie está dando un paso más allá y adoptando una curiosa conducta sexual; consiste en realizar la cópula al revés, es decir, intercambiando los papeles masculino y femenino. Para ello, y tras los preliminares de costumbre (acicalamiento, besos, etc.), Amélie se sube sobre el dorso de Walter, quien entonces trata de aplanarse, aplastándose contra su base; hace entonces Amélie la contorsión consistente en doblar su punta final, a fin de acercar su cloaca a la de Walter, como si lo quisiera fecundar, y tras unos espasmódicos instantes ambos lanzan el cacareo triunfal que da por finiquitada la cópula. Todo normal... salvo que los papeles se han intercambiado.

Dudo mucho que estas cópulas resulten apropiadas desde el punto de vista de la fecundación, más bien parece que es un modo de afirmación de Amélie y de sometimiento de Walter. Además, solo he observado este comportamiento desde hace pocos días, así que parece resultado de la madurez como pareja.

Y, como siempre, la tentación de comparar con nosotros y sacar conclusiones es inevitable...

viernes, 17 de junio de 2011

El reposo de las tórtolas

(Amélie echándose una siestecita)

Cuando las tórtolas descansan, tienen varias posturas para elegir. Esta que vemos en la foto es la que supone una mayor tranquilidad y despreocupación. Consiste en reposar directamente sobre la panza, con las patas plegadas, y las alas recogidas pero ligeramente separadas del cuerpo, tocando el suelo también y proporcionando así un anclaje firme. En la foto incluso vemos que Amélie tiene los párpados cerrados, algo poco común. Supongo que por la propia naturaleza de estas aves, que en la naturaleza no pueden dejarse sorprender así como así, esta no es la postura habitual de reposo; por ejemplo, por la noche Walter suele apoyarse en el asa de metal prevista para soportar un tiesto, con las patitas rodeando el metal; es una postura menos entregada, con el cuerpo bastante vertical; en cambio, en el reposo de la foto vemos que el cuerpo está horizontal al suelo. Además, se forma una especie de joroba muy característica justo antes del nacimiento de la cola.

Junior se pone así cuando se echa la siesta sobre nosotros (es la única que lo hace), pero Walter y sobre todo Amélie a veces se echan de este modo también, suele ser siempre en el interior de casa y durante el día, supongo que de algún modo consideran que están en un entorno perfectamente seguro.



jueves, 7 de abril de 2011

Una pareja ejemplar

(Amélie y Walter tomando el sol de primavera en el balcón, aún cerrado con plástico)

Las relaciones de las tórtolas entre sí, y con los seres humanos, son complejas. Cuando Amélie se coló por la ventana, y tomó posesión de mi piso como propio, estableció un vínculo muy especial conmigo y con mi pareja: nos acariciaba, nos acicalaba, era tierna y atenta. Poco después compramos a Walter, y automáticamente formaron una pareja maravillosa. Walter es más fuerte, pero vuela mucho peor; menos inteligente, pero más constante. Amélie es puro nervio, curiosa, segura de sí misma, nunca ha intentado picarnos, ni como un reflejo; basta abrir una caja de galletas, o un paquete de lo que sea, para que atraviese la casa como un rayo y se ponga encima de la muñeca. Walter al llegar a casa sufrió bastante, no toleraba nuestra presencia, tenía miedo, se hinchaba, huía. Incluso la primera vez que vio a Amélie salió despavorido. Ahora, Amélie le ha enseñado que somos "buenos", y todo es distinto, ya no nos tiene miedo, aunque difícilmente se deja acariciar; eso sí, busca nuestra compañía, y si Amélie se posa en uno de nosotros, se apresura a hacer lo mismo. Es un galán, y pasa todo el tiempo arrullando a Amélie, a Junior, a la tórtola de la caja de comida, a su reflejo en un espejo, a su sombra...

Cuando no están turnándose en el nido para empollar los huevos, (en los periodos en que el nido aún no tiene huevos, por ejemplo ahora), disfrutan de su mutua compañía. Es un error interpretar su relación con parámetros humanos; si así lo hiciéramos diríamos que "se quieren profundamente". Pero no, es algo más simple, más natural: forman una pareja de tórtolas. Eso sí, da gusto verlas tan atentas, tan perfectamente felices. Hace un rato estaban en su nido, apoyadas en el borde con medio cuerpo fuera, pero no sobre las patas, sino tumbadas ya para dormir. Parecían dos bolitas de plumas, porque cuando están descansando las ahuecan de una forma muy graciosa. Entonces me he acordado de una imagen que vi en el Museo del Cairo, una escultura de un matrimonio de nobles egipcios, es una obra de arte muy conocida y admirable, y por un momento he sentido que Walter y Amélie me transmitían, desde su nido, la misma sensación de majestad y serenidad. Viendo la foto, hasta los colores son parecidos, ¿a que sí? Aunque, claro, los colores de macho y hembra humanos están cambiados, pero por lo demás son similares. Ahí os lo dejo.


jueves, 27 de enero de 2011

El machismo como intimidación

(A la izquierda, Amélie; a la derecha Junior. Ambas son hembras, madre e hija)

Las tórtolas son muy territoriales. Al poco de nacer, cuando apenas les han salido las plumas y empiezan a alimentarse por sí mismas, los retoños son expulsados del nido sin demasiadas contemplaciones; fue lo que ocurrió con Junior. Mis tórtolas entonces se han repartido la casa, en zonas de influencia: el balcón exterior (protegido con un plástico en invierno), es para los padres, Walter y Amélie; la repisa del perchero, en el pasillo, es de Junior. En medio está el salón, y al otro lado la cocina, terrenos de pugna abierta, aunque el salón es un poco más de la pareja y la cocina un poco más de Junior. Cuando dos tórtolas están a la vez en un mismo espacio, comienza un juego de comportamiento donde influyen el poder físico, el estado de ánimo, la presencia o ausencia de seres humanos, de comida y quién sabe cuántas cosas más.

Pero este comentario quiero hacerlo para referirme a algo bastante insólito que no hace mucho estoy presenciando. Como ya he comentado anteriormente, el cortejo del macho a una hembra se compone, entre otras cosas, de una parada demostrativa en la que el macho hincha el pecho, y realiza una serie de "reverencias" acompañadas rítmicamente con un sonido peculiar, un canto profundo a modo de grito; Walter le dedica a Amélie estos movimientos, y como macho ávido que es, también a Junior, a su reflejo en el espejo, a la tórtola dibujada en la caja de comida, y al lucero del alba si llega el caso. Hasta aquí, todo normal. Lo que ya no lo es tanto es que Amélie, estando en el salón, y con la evidente intención de achantar a Junior y echarla de la habitación, adopta este mismo papel de macho con todo detalle: se hincha y canta, exactamente igual que un macho cortejando a una hembra, a pesar de que por supuesto Amélie es hembra.

Es decir, Amélie hace la parada nupcial a su hija Junior, y esta, molesta, se va. Es una tentación hacer comparaciones con los seres humanos, y también un error. Pero de lo que no cabe duda es de que el cortejo masculino supone también una demostración de superioridad física y por tanto de dominio, hasta el punto de que una hembra lo usa para ahuyentar a otra. Esto ocurre solamente en el salón (terreno neutral), puesto que si Junior entra al balcón (cosa que intenta a menudo), es expulsada sin contemplaciones a picotazos y aletazos (tanto si en el balcón están sus dos padres, como si solo hay uno cualquiera de sus progenitores); también Junior expulsa a los que entran en su santuario.

De paso, se comprueba lo extremadamente difícil que es averiguar el sexo de una tórtola por su comportamiento, ya que por ejemplo Amélie es claramente de mayor tamaño que Junior, canta, y hasta es capaz de cortejarla; si no fuera porque pone huevos, ¡cualquiera diría que es un macho!


domingo, 17 de octubre de 2010

Amores de otoño

(Amélie y Walter acicalándose las plumas mutuamente)


Tras dos semanas empollando unos huevos infértiles, que procedían de Junior, finalmente Walter y Amélie se dieron perfecta cuenta de que no tenía sentido continuar con tan inútil tarea, así que comenzaron a cortejarse y darse mimos. En estas ocasiones da gusto verlos, tan cariñosos. Hay varios movimientos típicos de estos momentos, entre ellos el acicalamiento mutuo, consistente en el rápido repaso de las plumas del cuello, que realizan con una enorme habilidad; la foto superior da idea de ello, ya que está movida en la parte de las cabezas, pero creo que da una buena idea de en qué consiste.

Lamentablemente cuando aparezco con la cámara para grabar suelen interrumpir lo que hacen y me prestan atención, por lo que no es fácil captar su comportamiento. El vídeo final es ilustrativo, pero Walter solo canta un par de veces, cuando lo normal es que lo haga de modo constante mientras corteja a Amélie; corto la grabación justo antes de que Amélie se me suba encima de un salto.



viernes, 20 de agosto de 2010

Ante el fin de semana


(Pollito con once días. ¿No es el vivo retrato de su madre?)

Han pasado un par de días, los pollitos permanecen despiertos en el nido, y cada vez más atentos al mundo exterior; también aletean, se acicalan, y se preparan, en fin, para lo que será su vida adulta. Con sus 85 y 80 gramos de peso, parece que devoran a sus padres cada vez que estos los alimentan; muy pronto también se atreverán a salir del nido por sus propios medios, lo que me da miedo es que esto ocurra justamente cuando no estamos con ellos, aunque me consuelo pensando que así ocurrió con Junior... y ahí lo tenemos tan campante.