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viernes, 1 de marzo de 2013

Dormidita

Junior dormidita.
Esto del blog a veces va por rachas: paso semanas sin poner nada y de pronto cambio a una racha de más actividad. En esta ocasión simplemente no me he resistido a compartir con quienes aman las tórtolas esta foto de Junior dormida. Ella siempre que puede, salvo en los días que empolla huevos, procura subirse encima y descansar. El ritmo de sueño de las tórtolas debería ser levantarse y acostarse con el sol, pero la iluminación eléctrica, y sobre todo la comprobación de que el resto de su "bandada", los humanos, estamos despiertos mucho después de la puesta del sol las anima a trasnochar.
A menudo por la noche nos tumbamos en el sofá, y vemos la tele. Walter y Amélie reposan en su nido, pero Junior se nos sube encima y, lo mismo que nosotros, a menudo se duerme con la tele puesta. Es un sueño profundo, porque se siente totalmente a salvo así, subida por ejemplo en el pie de Félix.
Además, es muy curiosa la forma de colocar las plumas para dormir, nosotros decimos que "se pone el pijama", porque eriza las de la cabeza y en general se convierte en una bolita mullida y adorable. ¡Da una penita despertarla para irnos a la cama! Si por ella fuera, sin duda se quedaría así hasta mañana... ¡buenas noches!

jueves, 22 de noviembre de 2012

Al sol del otoño

Moisés en el balcón
En el balcón donde duermen Amélie y Walter, y ahora también Moisés, tenemos un pequeño arbolito de hoja perenne, que las tórtolas picotean con gusto. A Moisés, además, le gusta tumbarse en su base, dentro del tiesto que lo contiene. Hoy ha amanecido un día soleado, y con él en mi brazo, he estado disfrutando del sol de otoño, tras darse un baño de agua caliente en el mismo recipiente donde casi se ahoga hace ahora un mes, (y es que de todas las tórtolas, es Moisés la que más gusta del agua).

A la luz del sol resaltan en toda su belleza los delicados tonos de las plumas, que parecen diseñadas en la paleta de algún pintor caprichoso, tal vez impresionista. Son pocos los días que nos quedan para disfrutar de su compañía, y lo que podemos decir es ¡gracias Moisés! Tu compañía nos ha hecho más felices.

domingo, 27 de mayo de 2012

El pájaro de fuego

(Amélie acicalándose las plumas)
Aparte de que las tórtolas, como la mayoría de las aves, saben volar, y eso, quieras que no, nos humilla un poquito a nosotros, tan listos, tan civilizados pero... atados al suelo, a nosotros nos parece que lo de los pájaros no es para tanto. Por ejemplo, no tienen manos, ni visión en tres dimensiones... eso nos parece que equilibra un poco la balanza de dones naturales.

Pero las plumas, además de permitir el vuelo, forman una capa versátil y maravillosa. En verano o en invierno, protegen de la temperatura exterior, y aunque yo me esfuerzo para que no tengan que soportar temperaturas extremas, me da la impresión que soy yo el digno de lástima, siempre buscando más frío o más calor, mientras Junior, Walter y Amélie parecen siempre cómodos y confortables. Seguramente parte del éxito de su cobertura de plumas es que las pueden mover, erizándolas o pegándolas a la piel. En la foto vemos a Amélie girando la cabeza sobre los tres ejes espaciales como si tal cosa, ¡está boca abajo!; lo hace solo para encontrar el ángulo perfecto que le permita limpiar y peinar sus plumitas, que de paso ha abierto en capas paralelas por la parte de su ala. A mí me recuerda un poco a esas actrices trasnochadas que llevan una boa de plumas, con la diferencia de que estas plumas van teniñas de colores naturales. Ya se dice en la biblia que Salomón, a pesar de ser riquísimo, nunca usó unas vestiduras más elegantes que las que tiene la flor más humilde; tampoco ninguna starlet ni vedette de revista musical se acercó siquiera a la belleza de mis tórtolas, (ni de ninguna otra ave).

Señores y señoras, con ustedes Amélie: el Pájaro de Fuego.

jueves, 4 de noviembre de 2010

La maravilla del plumón

Plumón de Amélie - Vista general

Ya he comentado a veces la maravilla que suponen las plumas. Hoy he llevado al escáner una pequeña porción del plumón de Amélie, que se ha arrancado en uno de los procesos rutinarios del acicalado diario que todas las tortolitas practican con asiduidad. Lo primero que llama la atención es que este plumón, que cubre pecho y abdomen, constituye un tipo de plumas distinto por completo de las largas de las alas y la cola. Estas plumas son pequeñas, con forma avellanada, y una estructura bastante diferente; a continuación expongo algunos detalles ampliados de esta misma imagen; de todos modos, pulsando sobre cada foto se obtienen vistas aún más ampliadas, que tal vez os guste investigar.

Plumón - Detalle del tallo central

Las plumas del plumón van construidas a partir de un eje que va inserto en la piel por uno de sus extremos, como todas las plumas. Este eje o tallo central, llamado raquis, es el punto de partida de las barbas laterales. En el plumón la naturaleza de estas barbas va cambiando según la zona de la pluma; así, la parte interna, en contacto con la piel, tiene unas fibras muy finas y tupidas, que no siguen una estructura geométrica, como podemos ver en la foto siguiente; estas fibras son, el verdadero plumón.

 Plumón - Detalle de las barbas internas

A medida que vamos recorriendo la pluma hacia la punta exterior, vemos que el plumón cambia su distribución anárquica por otra más elegante y ordenada, sobre barbas que a su vez se ramifican, en una estructura claramente fractal respecto de la pluma completa:

Plumón - Detalle de las barbas intermedias en disposición fractal


A medida que vamos llegando a la punta encontramos barbas más rígidas y grandes, mientras que el plumón propiamente dicho pierde presencia.


Plumón - Detalle de barbas cercanas a la punta de la pluma

Finalmente, en la punta de la pluma solo hay barbas rígidas:

Plumón - Detalle de las barbas de la punta
A la vista de esta estructura se comprende que el plumón es un aislante de primera categoría para las tórtolas, a las que protege del frío y seguramente también del agua. Las tórtolas pasan mucho tiempo acicalándose, no solo para tener sus plumas peinadas, sino para impregnarlas con una grasa que sudan por una glándula especial, así que hay que imaginarse todas estas fibras ligeramente engrasadas, y por tanto impermeables.

Mis tortolitas no tienen que preocuparse por el frío o el agua, ya que están siempre a cubierto y calentitas, pero en las pocas ocasiones en que han estado expuestas a bajas temperaturas (digamos 10 grados), no me ha parecido nunca que estuviesen incómodas, ni mucho menos ateridas. Y es que saben mover sus plumas (algo parecido a cuando a nosotros se nos eriza el vello, pero mucho más controlado), de modo que ahuecan las que tienen plumón, y en ese momento parecen muy gorditas; sospecho que forman un colchón de aire caliente que las aísla del exterior de un modo muy eficiente.

¿No son las tórtolas maravillosas?


jueves, 21 de octubre de 2010

¡Las tórtolas renuevan todas las plumas!

(Plumas de la cola de Junior)


En un programa de TV, hace algún tiempo, vi cómo un águila a la que se le había roto una pluma de la cola era ayudada con la cuidadosa recomposición de la misma. Fue algo muy complicado, hubo que introducir un eje de metal en su interior, añadir parte de otra pluma, pegarlas las dos partes, reimplantar la pluma... y de ahí llegué a la conclusión de que esas plumas de la cola posiblemente no se renovaban.

Por supuesto el plumón resulta evidente que se cambia a menudo pero, ¿qué pasa con las plumas largas de las alas, y sobre todo de la cola? Hay que decir que empecé a notar cómo se les deterioraban, especialmente a Junior y Walter, es decir, las tórtolas blancas. Últimamente incluso se les caían, se les partían... las puntas estaban hechas una pena. Pero, con gran alegría, he notado que las tórtolas sí renuevan las plumas de la cola, y a semejanza de un cabello que creciera desde la raíz, tras la pérdida de una pluma otra viene pronto a sustituirla.

En la foto se nota perfectamente la diferencia entre las plumas viejas, más largas, con la punta oscura y deterioradas, y las nuevas, en una capa superior y totalmente blancas.

martes, 17 de agosto de 2010

Llegan las primeras plumas

(La tortolita de la izquierda tiene ocho días, la de la derecha, nueve)


Ya no es necesario imaginarse ni suponer nada: los pollitos nos están mostrando sus plumas, que van floreciendo a toda velocidad. Su peso ahora es de 62 y 75 gramos, con lo cual el pequeño parece que se estanca un poco. De todas maneras, como parece que su buche no está vacío, y el peso fluctúa a lo largo del día, no encendemos aún las sirenas de alarma; además, parece despierto y vivo, como su hermano blanquito.

Además de cuidar la alimentación de sus padres (que los pobres están hambrientos todo el día), también estamos siendo especialmente cariñosos con Junior, hermano al fin y al cabo de los recién nacidos, que parece un poco triste y taciturno. O son figuraciones nuestras.

Incorporo una foto del mismo dorso de ayer, son 24 horas, pues, las que separan esta foto de la de la entrada anterior, resulta curioso comparar qué cosas han cambiado en tan poco tiempo.

 

Crecimiento rápido

(El pollito de la izquierda tiene siete días; el de la derecha, ocho)


El crecimiento de los pollitos podemos calificarlo, sin pecar de hiperbólicos, como de espectacular. De hora en hora (literalmente), se observan cambios ostensibles. El aumento de peso sigue siendo muy notable (65 y 70 gramos), mientras que los padres quedan cada vez más exhaustos alimentándolos; y han perdido peso, Amélie ahora alcanza nada más los 150 gramos, es decir, poco más que los dos pollitos juntos. Y le queda aún una semana de alimentarlos... bueno, a ella y a Walter, como puede verse en esta foto:


(Walter alimentando a los pollitos)

Da un poco de escalofrío verlo, ¿no parece un poco que se lo están comiendo? En fin, dejemos actuar a la naturaleza. Ah, hoy hemos incorporado a la dieta de los padres unos granitos muy finos que les gustan bastante, porque nos da la impresión de que pasan hambre con la pasta de cría; esperemos no tener que lamentarlo.

Al llegar y pasar la semana de vida, muchos son los cambios en los pollitos, que tienen ya los ojos abiertos con claridad, y se empiezan a interesar por lo que les rodea. Los pelitos que les salieron al poco de nacer, y luego fueron organizándose, ahora están "floreciendo", en lo que por ahora es solo un vago plumón, y pronto serán plumas. La foto siguiente muestra el dorso del pollito mayor, de ocho días, que con toda seguridad será blanco, recomiendo ampliarla y observarla con atención: es una maravilla.

(Plumaje incipiente en un pollito de ocho días)