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martes, 9 de julio de 2013

Reencuentro con tres dulces amigas

Con Walter, Amélie y Junior

Moisés

Paulo

Walter y Amélie

Walter y Junior

Por fin el pasado 29 de junio fui al Indiana Camp y me reencontré con mis queridísimas tórtolas, a las que hacía ya dos meses que no veía, desde mi hospitalización forzosa. En este tiempo mis pulmones se han recuperado casi por completo, aunque sigo en tratamiento con corticoides.

El encuentro fue muy emocionante, hubo lágrimas, y pasé una hora en compañía de estas amigas a las que tanto, tanto, echo de menos a diario. Su reacción en cambio fue muy serena; me reconocieron sin duda, pero en este tiempo se han adaptado a su nueva situación, están bien, y posiblemente su vida ahora es más natural que con nosotros en el piso. Comparten un amplio jaulón, en realidad una habitación grande, con otras aves más, como gallos y perdices blancas, pero no hay competencia entre ellas.

Son cinco las tórtolas que viven juntas, nuestras queridísimas Amélie, Walter y Junior, y además Moisés y Paulo, dos machos también hijos de Amélie y Walter, y por tanto hermanos de Junior, aunque de camadas distintas. Paulo era el más tímido, y no se dejaba coger, mientras que Moisés lucía un plumaje espléndido y un tamaño envidiable, sin duda la tórtola mayor de esta pequeña familia.

Aunque solo estuve una hora con ellas, pude darme cuenta de cómo han evolucionado las relaciones entre las tórtolas en este tiempo, y resulta lo suficientemente curioso como para hacer otra nueva entrada al blog, que prometo escribir pronto.

Salí con la tristeza de sentir cómo he perdido la convivencia con estos pequeños pero magníficos amigos, que han dejado un hueco enorme en nuestras vidas, pero también con la satisfacción de saber que ellas son perfectamente felices en su nuevo entorno. Han sido cuatro años de convivencia perfecta, y siempre formarán parte de mi vida.

domingo, 5 de mayo de 2013

El final del blog: Tengo que despedirme de mis queridas amigas

De izquierda a derecha: Junior, Amélie y Walter en el Indiana Camp.
 
Esta es una entrada en el blog que nunca hubiera deseado haber escrito. El pasado 25 de abril tuve que ingresar por segunda vez en el Hospital de la Princesa, tras sufrir tres noches consecutivas de fiebre y ahogo, ya no podía demorarlo más. Nuevamente un tratamiento simple de oxígeno me hacía recuperarme en gran parte, lo que parecía apuntar a alguna causa ambiental, y ahí salió de nuevo la hipótesis de las tórtolas. Como es natural, yo reclamé pruebas médicas fehacientes, no dejarse llevar por la mera sospecha. Y las pruebas (TAC, IGg de antígenos a tórtolas), fueron esta vez inequívocas: se trata de una neumonitis extrínseca por hipersensibilidad a las proteínas de las tórtolas. Los datos resultaron tan claros que incluso me suspendieron un lavado bronquial (broncoscopia), ya que no hacía falta; espero aún el resultado de más análisis, pero con los ya existentes hay una franca seguridad de haber encontrado el origen del problema.

A partir de aquí estoy recibiendo tratamiento con corticoides, y noto franca mejoría en mi respiración, no tengo fiebre y baja mucho menos la saturación de oxígeno al caminar, en definitiva parece que me estoy recuperando.

La mala noticia es, por supuesto, que tengo que dejar de convivir con mis tres queridas tórtolas, algo que de rebote también afecta a mi compañero. Es más, del hospital he tenido que venir a mi casa familiar en Toledo directamente, pues no podía regresar al piso. La primera medida ha sido llevar las tórtolas a la granja escuela de mi primo, "Indiana Camp", situada cerca de Toledo, donde hay instalaciones adecuadas y además ya residen algunos descendientes de Walter y Amélie, el último de ellos Moisés, ¿lo recordáis? Ni siquiera he tenido el amargo consuelo de despedirme de mis tórtolas, pues debo evitar todo contacto. Este viernes pasado, día 3 de mayo, salieron de mi casa y emprendieron una nueva vida en su nuevo hogar.

Las fotos que pongo son de hoy domingo, un par de días después, remitidas por mi primo, dueño de Indiana Camp. Me dijeron que Moisés está grande y precioso, y aunque estaba en pareja con lo que pensábamos una hembra, no debe de ser así ya que no han procreado. Sé que Walter y Amélie seguirán formando una pareja amorosa (con razón llamamos "tortolitos" a los novios acaramelados), pero nos preocupaba Junior, siempre tan mimada y emparejada (aunque sea contra natura) con mi compañero.

Me llama agradablemente la atención que en las fotos mis tres tórtolas aparezcan apaciblemente juntas, algo muy difícil en mi piso de Madrid, donde la pareja y su hija tienen zonas muy delimitadas, se ve que el nuevo terreno neutral ha servido para que se unan. Además, me dijeron que desde el principio Moisés y su compañero se interesaron en Junior, algo que me alegra también, ya que presagia nuevas relaciones y compañía mutua.

 

En la primera foto vemos que Moisés (canela, con cuello gris), aparece al fondo de mi trío de tórtolas; en la segunda, Moisés y Junior comparten momentáneamente un nido... seguro que se van a llevar muy bien.


Un niño anónimo disfruta de la compañía de Walter, ¡quién lo ha visto y quien lo ve, con lo tímido que era! Al fondo, sobre la cabeza del niño, la cabecita de Paulo, el que ha sido hasta ahora compañero de Moisés, el más veterano en Indiana Camp y que ahora disfruta de una pequeña bandada.

Creo con sinceridad que mis tórtolas estarán bien, los animales se adaptan de modo natural a su entorno, y este no es ni mucho menos malo; van a estar bien cuidadas, y su espíritu gregario estará satisfecho con unas relaciones más ricas. Eso, creo yo, es lo que hace que se vean atraídas por los seres humanos, de algún modo nos confunden con sus iguales, y hacen lo imposible por no quedar aisladas. Por ejemplo Junior trataba de no irse a dormir a su hora natural, sino cuando lo hacíamos nosotros, a veces después de la 1 de la madrugada... todo eso ahora queda atrás, empiezan una nueva vida.

No os oculto que siento pena, muchísima. Hemos llorado mucho. Pero superaremos este sufrimiento, con el enorme consuelo de que mis tórtolas no van a sufrir. Tal vez nos echen un poco en falta al principio, pero sin duda no se van a deprimir, ni realmente padecerán. Una vez recuperado, y con todas las precauciones del mundo, sí me gustaría verlas muy de vez en cuando; tal vez si es así coloque fotos del evento en el blog, pero de momento el sentido del mismo, contar las andanzas de unas tórtolas en un piso de Madrid, ya no existe, por tanto lo doy por clausurado.

Sí procuraré contestar cualquier tipo de pregunta sobre cuidado, alimentación o lo que se tercie. Desde aquí quiero agradecer todo el apoyo que me habéis dado en estos años, yo nunca planeé tener tórtolas y he descubierto todo un mundo con ellas. Sé sin duda que me han hecho mejor persona, más sensible, cuidadoso, respetuoso, y capaz de afrontar la vida; y no exagero ni un poco.




Como ironía del destino, esta tarde, a la puesta del sol, una tórtola turca de las que viven en la plaza frente a mi casa de Toledo, se ha colocado a la altura del mirador, en una barandilla a unos tres metros de mí. No tenía ningún miedo, y ha estado bastantes minutos descansando. Es una tórtola muy joven, con el pico grande y ese aspecto como de peluche de los ejemplares juveniles. Al levantarse he visto que tiene ya su cola formada, y cuando ha querido ha dado un elegante vuelo hasta un gran ciprés donde seguramente vive. Las tórtolas serán siempre mis amigas.

Así pues, quedo a vuestra enterísima disposición. Si alguien quiere escribirme, mi correo es:
 

martes, 9 de abril de 2013

Enfermedades a causa de la tórtolas: 2 - Neumonitis por hipersensibilidad

Walter y Amélie en casa
Además de la psitacosis, hay una segunda afección que puede contraerse por convivir con tórtolas: la neumonitis por hipersensibilidad. Se trata de un problema que afecta a personas especialmente sensibles a las proteínas de estos pájaros (plumas, heces), es decir, que mientras que la mayoría de las personas pueden convivir con tórtolas sin enfermar, algunos individuos desarrollan en su presencia una especie de alergia pulmonar que puede llegar a ser muy grave.

Por supuesto esto no ocurre solo con las tórtolas, puede darse también frente a otras sustancias: hongos, aire acondicionado, madera, y por supuesto también con otros pájaros (parece ser que en Cataluña están dándose casos con los estorninos de los parques), pero por lo que a mí respecta me referiré en adelante solo a lo que tenga que ver con tórtolas.

Por tanto, las tórtolas no están enfermas ni transmiten ninguna enfermedad como tal, sino que son los afectados quienes, a causa de una reacción frente a ellas, desarrollan por sí mismos la enfermedad.

La enfermedad puede presentarse de varias formas, que se clasifican en tres: aguda, subcrónica y crónica. La forma aguda es aquella que aparece a las pocas horas (de 4 a 8) de ponerse en contacto con las tórtolas. Hay que tener cuidado con esto, porque podría alguien llegar a mi casa, tomarse un café, marcharse, y ya en su casa notar los síntomas, que serían estos:

   - Sensación de mal estado
   - Tos seca (es decir, sin esputos)
   - Disnea (es decir, falta de aire, que suele aparecer al hacer esfuerzos)
   - Fiebre
   - Dolor torácico
   - Escalofríos

La forma subcrónica, que si tengo mala suerte sería la mía, suele aparecer con exposiciones continuas, no necesariamente masivas (y tres tórtolas son pocas). En este caso los síntomas son:

   - Malestar general
   - Astenia (sensación de cansancio físico y mental)
   - Pérdida de peso
   - Tos seca
   - Disnea (falta de aire) que puede ser grave y requerir hospitalización.

Tanto la forma aguda como la subcrónica pueden evolucionar a una tercera, la forma crónica, que no voy a describir, pero baste decir que es algo gravísimo que puede llevar incluso a la muerte, en definitiva es la destrucción del pulmón.

La cuestión es que una inflamación de pulmón (una neumonitis) puede ser causada también por algo muy diferente, por ejemplo una infección por bacterias o virus. Y claro, para mí es fundamental averiguar si lo que tengo es o no debido a las tórtolas. Por tanto, para diagnosticar la enfermedad, es necesario realizar una serie de pruebas:

   - Las radiografías no aportan mucha información.
   - El TAC en cambio sí puede dar una imagen más precisa.
   - Análisis varios de laboratorio, para establecer si hay muestras de reacción frente a las sustancias propias de las tórtolas.

Por último, mencionaré que esta enfermedad no es muy común, y suele darse, sobre todo, entre cuidadores de aves (trabajadores en tiendas de animales o granjas avícolas).

Ya sería mala suerte que yo la padeciera, porque significaría que debería trasladar mis tórtolas fuera de mi casa (supongo que irían a la granja escuela de mi primo, el Indiana Camp, donde andan descendientes de Walter y Amélie). Ni qué decir tiene que eso me rompería el corazón.

domingo, 7 de abril de 2013

Enfermedades a causa de las tórtolas: 1 - Psitacosis

El Hospital de La Princesa de Madrid
Hace muy pocos días me han dado el alta tras una semana de ingreso en el Hospital de La Princesa. El motivo de mi ingreso fue que una noche al acostarme noté que me faltaba el aire, y aunque jadeaba penosamente apenas si podía procurarme el aire necesario. A la mañana siguiente acudí yo mismo al servicio de urgencias de este hospital, próximo a mi domicilio, ya que por suerte aún se mantiene abierto al público, en dura lucha contra la pretensión del PP de dedicarlo solo a atender los "viejos" que no desean los hospitales de gestión privada; pero ese es otro tema.
Me diagnosticaron de inmediato una grave insuficiencia respiratoria, que podía tener varias causas. Tras descartar algunas, como un tromboembolismo pulmonar, quedó patente que mis dos pulmones tenían una inflamación, sufría por tanto una "neumonía atípica". Curiosamente, no tosía, y tanto las radiografías como la auscultación eran engañosamente casi normales, mientras que mis síntomas resultaban bastante notables. Se explicaba así el cansancio progresivo de las últimas semanas, y la fiebre que estaba padeciendo.
Ahora bien, ¿cuál es la causa? Tras una semana de antivirales y antibióticos, más tratamiento de oxígeno, los síntomas mejoraron bastante, y me dieron el alta. En un mes tendré el resultado de varios cultivos, y nuevas radiografías mostrarán si estoy evolucionando bien; y se intentará averiguar la causa del problema.
Lamentablemente, de las tres posibles hipótesis, dos tienen relación con mis amadísimas tórtolas:

1) Psitacosis
2) Neumonitis por hipersensibilidad
3) Infección por virus o bacteria ("infección contraída en la comunidad")

Obvio resulta decir que deseo fuertemente que se trate de la tercera hipótesis, algún tipo de infección de virus o bacteria, algo que no es fácil de demostrar.

Pero, en esta entrada del blog, quiero centrarme en la primera: psitacosis.

La psitacosis es una enfermedad transmitida por algunas aves a los seres humanos. El nombre mismo remite a los loros, aunque también la transmiten pavos, palomas y tórtolas; (tal vez por eso también se llama "ornitosis"). El organismo culpable es una bacteria que enferma a las aves, y de ahí, a través del polvillo de las heces, puede pasar a humanos.

Síntomas en las aves: Falta de apetito, diarrea, supuración lacrimal. A veces los síntomas son poco notables.
Síntomas en las personas: Fiebre, dolor de cabeza, escalofríos, y a veces neumonía.

A pesar de la mala fama de la enfermedad, no es grave, se trata con antibióticos (tetraciclinas) y se cura sin problemas; lo mismo pasa con las aves: se pueden curar si se tratan. De todos modos, incluso sin tratamiento es raro que mueran las aves, y de ningún modo las personas, salvo si tienen ya de por sí otros problemas de salud.

En mi caso, es casi imposible que se trate de psitacosis, ya que para empezar mis tórtolas tienen una salud aparentemente perfecta, y además el cuadro de síntomas no encaja mucho con el mío. Por otra parte, sería una salida fácil del problema: antibióticos para todos, y solucionado.

lunes, 31 de octubre de 2011

Walter se ha hecho daño en un ala

(Walter y Amélie tomando el sol de otoño encima de un tiesto.)

De las tres tórtolas, quien peor vuela es, sin duda, Walter. Cuando llegó a casa apenas si podía hacerlo, pues posiblemente el jaulón donde vivía no se lo permitía. Era gracioso verlo aletear, levantándose del suelo a duras penas y haciendo un ruido enorme, como quien mueve un abanico con denuedo. Parecía uno de aquellos pioneros de la aviación con sus locos cacharros, que por más que los movían no se despegaban ni un palmo. Poco a poco eso cambió, y su habilidad ahora es mucho mejor que al principio. Pero con las alas las tórtolas hacen algo más que volar: también se pelean. Después de todo, son sus extremidades superiores, y en sus disputas territoriales las emplean para atacar y defenderse. Precisamente en estos días la rivalidad de Junior con sus padres ha venido trufada de escaramuzas, y en una de ellas el pobre Walter se ha decho daño en su alita izquierda. No creo que esté rota, porque la mueve e incluso se atreve a intentar volar, pero claramente le duele, y se caído al suelo un par de veces.

Resulta de lo más interesante ver cómo afronta su invalidez esta ave, y la reacción de Amélie, su pareja. Esta última lo acaricia y claramente intenta consolar, acompañándolo más de lo que haría si estuvese sano. Walter por su parte trata de moverse lo menos posible, y aunque tiene menos apetito hace lo posible por comer. Solo si Junior se acerca mucho le planta cara y trata de aparentar unas fuerzas que no tiene, pero hacemos lo posible por que estos episodios no se produzcan y repose todo lo que pueda. Perfectamente su comportamiento nos puede servir de modelo en caso de enfermedad o accidente, sus enseñanzas son estas:

1) Aceptar con naturalidad el hecho mismo de la enfermedad o invalidez, es un hecho que forma parte de nuestra realidad.
2) Cambiar nuestro comportamiento habitual, de modo que se favorezca todo lo posible la recuperación.
3) Ayudar a los enfermos o incapacitados con naturalidad y dulzura, prestándoles más atención mientras estén en esta situación.
Creo que si realmente hiciéramos esto, nuestra salud física y mental nos lo agradecerían. 

Seguro que muy pronto Walter volverá a estar bien.