martes, 19 de febrero de 2013

Pereza invernal

Junior está amodorrado... ¿ves sobre qué? No es un cojín...
Han pasado varias semanas desde la última entrada del blog. Y es que cuesta encontrar novedades en estas semanas de invierno, porque las tórtolas bajan su actividad al mínimo. Recuerdo haber leído hace tiempo que una lectora del blog comentaba que su tórtola, que dormía en una caja, los días muy grises ni se tomaba la molestia de levantarse... Walter, Amélie y Junior no llegan a tanto, pero pasan muchas horas hechos unas bolitas de plumas, dormitando, y moviéndose solo para comer. Por cierto, que comer sí que comen, yo diría que con más apetito de lo normal, pero aparte de eso su actividad está bajo mínimos.

A la hora de la siesta, como siempre, Junior (si no está empollando huevos), toma posición sobre Félix y se apoltrona del modo más descarado... es inexorable en sus costumbres: la siesta sobre Félix, las últimas horas antes de acostarse, sobre mí, en la habitación contigua... Ah, y lo irse a dormir por la noche es una risa, porque Junior pretende siempre dormir en la cama, cosa que no le permitimos, claro, ella tiene su nidito sobre el perchero de entrada (el perchero tiene una pequeña plataforma, muy a propósito), pero el único modo de que se quede allí es ponerla y apagar inmediatamente todas las luces, para que no se plante en la cama de un vuelo... un retraso de unos segundos en apagar, y ya está Junior en la cama, con lo que tenemos que volver a empezar... Eso sí, en cuanto la luz diurna se lo permite, (ahora más o menos a las 8 de la mañana), se planta en la cama, así que se puede decir que nos sirve de despertador. Esto mismo lo hacía Amélie en los primeros tiempos, cuando era ella la única tórtola de la casa, pero desde que se emparejó con Walter ya no llega a tanto como para dejar el nido común y venirse a la cama... por suerte para todos.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Navidades con Moisés

Moisés en la Granja Escuela
Aprovechando estos días de fiesta, he ido a la Granja Escuela "Indiana Camp" con mi sobrinita Ana. Esa era la excusa, pero para mí se trataba, sobre todo, de ver cómo se las estaba apañando Moisés: después de todo tiene poco más de dos meses de edad. Con gran alegría he visto que se encuentra en perfecto estado, y parecía feliz con Paula... aunque tengo mis dudas de si realmente se trata de una pareja macho/hembra; no obstante, eso es secundario, pues ya sabemos que las tórtolas no solo pueden emparejarse sin complejos con individuos de su mismo sexo, sino que lo hacen con seres humanos (como Junior en este momento).

Aunque al principio dudó un poco en dejarse atrapar, y me rehuía levemente, pronto se volvió a posar en mi mano con la tranquilidad que era habitual; solo lamenté haber olvidado pan, ya que la miga les encanta, y lo cierto es que Moisés me pidió, a su manera, que se la diera. ¡Será la próxima vez! Me he marchado tranquilo y contento. ¡Que guapo está!

viernes, 21 de diciembre de 2012

UN DESCUIDO QUE PUDO SER FATAL

Walter y Amélie tomando el sol al día siguiente

Los fines de semana nuestras tres tórtolas se quedan solas en casa; son poco más de dos días. Tenemos que fijarnos bien en cómo quedan ubicadas, porque Junior no se lleva bien con sus padres; o más bien digamos que Walter, su padre, acosa a su hija. También Amélie le es hostil, y es que las tórtolas ¡son tan territoriales! Tienen dividida la casa en zonas de influencia, de modo que cada habitación o bien es del matrimonio Walter/Amélie, o bien es de Junior, o bien es neutral. Bueno, el caso es que los viernes, antes de irnos, comprobamos que todo está en su sitio, hay comida y agua de sobra al alcance de nuestras amigas, etc. Luego, al regresar el domigo por la tarde, lo primero es comprobar que han pasado bien el fin de semana, y la verdad es que hasta ahora no habíamos tenido ningún incidente.

Pero el fin de semana pasado, por un error garrafal de cálculo, dejamos a Walter y Amélie encerradas en la habitación del ordenador, en lugar de en su terraza, que comunica con el salón. Por tanto, se pasaron unas cincuenta horas en una habitación en la que no había ni una gota de comida ni bebida. Hay que tener en cuenta que las aves tienen un metabolismo muy alto, es decir, precisan comer y beber mucho más a menudo que los animales más grandes; y para nosotros pasar dos días encerrados sin comer ni beber ya sería una prueba dura.

Sorprendentemente, Walter y Amélie estaban en perfecto estado, comieron y bebieron pero no con desesperación, sencillamente con buen apetito. Habían pasado dos días sin comer ni beber, ¿cómo lo consiguieron? Creo que la respuesta es doble; por una parte, tienen reservas alimenticias de sobra ya que comen todo lo que se les antoja, y por tanto, están sanamente gorditas; y por otro lado, tenían el buche bien lleno, pues cuando nos marchamos y les ponemos comida nueva lo primero que hacen es darse un gran atracón, cosa que hicieron el viernes. En realidad, más que comer lo que hacen es guardar en su buche la comida, que no está siendo digerida, sino que acumulan para cuando deciden comer de verdad. Así que se tomaron las cosas con calma, seguramente se movieron muy poco, y así pudieron pasar dos días sin alimentarse de un modo bastante bueno. Y en cuanto a beber, apenas si toman un par de sorbos cada día. Eso sí, sobre todo Amélie estuvo un par de días como aletargada, y nosotros lo achacamos a su reciente encierro.

Descubrir nuestro error fue muy alarmante y desagradable, pero ahora conocemos un poquito más a nuestras amigas; esperemos no volver a meter la pata de este modo.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Moisés y su compañera en el Indiana Camp

 
Finalmente llegó el día, y ayer domingo llevamos a Moisés, con todo el dolor de nuestro corazón, a la granja escuela de mi prima: el Indiana Camp. Desde la última visita se han producido algunas mejoras en las instalaciones, pero más o menos todo sigue igual. Como pensamos que Moisés es macho, elegimos una tórtola hembra y los dejamos juntitos en un recinto donde ellos dos serán las únicas tórtolas domésticas, lo que sin duda hará que formen sociedad. En la foto podemos ver a Moisés, a la izquierda, junto a la tortolita que esperamos sea su pareja.
 
 
Mi primo se sorprendió que la tórtola que él tenía se posaba con toda mansedumbre en mi mano, y se dejaba acariciar, pero ese es un reflejo propio de la especie, son mansitas aunque nunca hayan vivido con seres humanos.
 
En todo momento las dos tórtolas parecían tímidas pero también relajadas, el encuentro fue natural, y creo que las pocas semanas de edad de Moisés beneficiarán la adaptación al nuevo entorno. Como se adivina, vivirán en un recinto bastante amplio, compartido con otras especies más pequeñas de aves. En realidad Moisés es un ave inmadura, que no ha desarrollado comportamiento sexual, y ni tan siquiera sabe "reírse" cuando cambia de lugar; por eso mismo, tampoco ha demostrado una especial ternura o apego por nosotros, mientras que hasta el último momento trató de buscar la compañía de sus padres, quienes al final lo picaban sin piedad para alejarlo. Así que, desde el punto de vista de Moísés, no hay ruptura de afectos (salvo el de los padres, que es inevitable)... cosa que nosotros no podemos decir. Hoy, ya en Madrid, pensamos cada poco tiempo en qué tal estará, si pasará frío, si comerá, si estará bien... sabemos que hicimos lo correcto, y que, después de todo, si no hubiese sido por un descuido al retirar los huevos Moisés ni habría nacido, mientras que ahora puede muy bien llevar adelante una vida larga y feliz, pero... así de complicados somos los seres humanos.
 
Por otro lado la granja escuela es una monada, hay monones de aves preciosas, conejos, mapaches... dejo unas cuantas imágenes de ayer mismo; y tal vez lo que deba hacer es visitar más el Indiana Camp para no perder el contacto...
 
 
 
 
 
 
 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Al sol del otoño

Moisés en el balcón
En el balcón donde duermen Amélie y Walter, y ahora también Moisés, tenemos un pequeño arbolito de hoja perenne, que las tórtolas picotean con gusto. A Moisés, además, le gusta tumbarse en su base, dentro del tiesto que lo contiene. Hoy ha amanecido un día soleado, y con él en mi brazo, he estado disfrutando del sol de otoño, tras darse un baño de agua caliente en el mismo recipiente donde casi se ahoga hace ahora un mes, (y es que de todas las tórtolas, es Moisés la que más gusta del agua).

A la luz del sol resaltan en toda su belleza los delicados tonos de las plumas, que parecen diseñadas en la paleta de algún pintor caprichoso, tal vez impresionista. Son pocos los días que nos quedan para disfrutar de su compañía, y lo que podemos decir es ¡gracias Moisés! Tu compañía nos ha hecho más felices.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

El plumaje de Moisés

Moisés en el borde de un tiesto tomando el sol.


Moisés ya casi tiene el plumaje de adulto. En la foto, que recomiendo ampliéis para ver cada zona con detalle, se aprecia una coloración muy fuera de lo normal en lo que se refiere a tórtolas domésticas, casi parece de mármol rosa, con esos sutiles veteados blancos. La foto también permite apreciar cómo el pico de arriba termina en una especie de diente que les es muy útil a la hora de tomar el alimento.

Impresionante.

martes, 13 de noviembre de 2012

La extraña familia

Amélie, Walter y Moisés.

Moisés ya es, prácticamente, una tórtola adulta, de la que por cierto desconocemos el sexo. En las anteriores crianzas de Amélie y Walter, a estas alturas ya se había producido el rechazo de la cría o crías, quienes no solamente se tenían que alimentar por sí mismas, sino que también se veían forzadas a buscar su propio espacio, siendo atacadas a picotazos si persistían en pedir comida a sus padres, por ejemplo. Sin embargo, el caso de Moisés es diferente. No sé muy bien si se trata de un alargamiento de su status de cría, ya que aún pía y suplica comida a su padre (que a veces hasta se la da), o más bien es una integración en toda regla en lo que ahora sería una familia de tres miembros. Por ejemplo, por la noche las tres tórtolas duermen en el mismo nido, en total armonía. Desde luego con Amélie no hay ni el más mínimo roce, es más, ella permite que Moisés se tumbe a su lado mientras incuba los huevos; y en cuanto a su padre, aunque a veces es evidente que trata de picotearlo, finalmente cede a las protestas y convierte los picotazos en caricias.

En la foto vemos, de izquierda a derecha a Amélie, Walter (en el instante mismo de emprender el vuelo, obsérvese que una pata ya está en el aire), y Moisés. Se aprecia perfectamente que Moisés no tiene collar, y la coloración de sus plumas es más delicada que la de Amélie.

Me encantaría terminar quedándome con Moisés en casa, aunque es muy poco probable. Parece de peluche, es simpatiquísimo, lo adoro.

martes, 30 de octubre de 2012

Os presento a Moisés

El plumaje de Moisés

El plumaje de Moisés
En los pocos días que han pasado desde el viernes, cuando estuvo a punto de morir por accidente, nuestra cría ha avanzado a pasos de gigante. Ya pesa 120 gramos, es decir, prácticamente el peso normal de una tórtola. Además, ¡ya vuela! Es capaz de subir de un vuelo desde el suelo hasta su nido, o la tele, o cruzar volando el balcón. Sigue pidiendo comida a sus padres, aunque su madre hace ya un par de días que no le hace caso (de hecho, está preparando el nido para una nueva puesta), pero también es capaz de comer por su cuenta, algo necesario porque Walter pronto dejará de alimentarlo también (este Walter es un padrazo).

Sus plumas, aún incompletas, ya revelan el color final: una mezcla exquisita de color rosado y blanco Además, parece que no va a tener collar (algo absolutamente inaudito, pues hasta las tórtolas blancas tienen un collar ligeramente gris pero perfectamente visible). Creo sinceramente que es la tórtola más bonita que he visto nunca.

Su pico, aún muy largo, le da ese aire adolescente de los ejemplares inmaduros. Pinchad en las fotos para que se abran a tamaño completo: vale la pena mirar esas plumitas en formación.

Ah, lo de llamar Moisés a la cría (y no Luis, como estaba previsto), imagino que avináis por qué es: ya se sabe, Moisés quiere decir "salvado de las aguas". Ya veremos qué pasa,

viernes, 26 de octubre de 2012

Un susto de muerte

Secándose tras el accidente


En el nido, ya recuperada
Esta mañana ha ocurrido un grave accidente con la cría. Los viernes nos levantamos un poco más tarde, y hoy no le hemos echado el vistazo matinal, a eso de las 8, por una vez nos hemos retrasado hasta las 10. Y a las diez, miro ¡y el nido está vacío! Bueno, eso en principio no es tan malo, seguro que ha saltado al suelo y está en algún rincón... en pocos segundos hemos visto lo que pasaba: ha tratado de saltar al nido que está enfrente, a unos tres metros, algo totalmente imposible para la cría, que no vuela, pues apenas si tiene la mitad de las plumas. En cambio, ha caído a los pies del nido de enfrente donde tenemos... ¡la bañera! Ahí, con las alas extendidas y completamente rígida, estaba. ¿Cuánto llevaría? ¿Una hora, dos?... La hemos sacado, y la primera impresión es que estaba muerta, pobrecita. Las plumas se le habían pegado por completo al cuerpo, y su postura rígida hacía pensar en un pájaro al que le ha pasado por encima un coche, tan plano y tieso estaba.
Boqueaba, pobrecita, cada pocos segundos, marcando un ritmo agónico. "Está agonizando", dijo mi compañero. Pobrecita, pobrecita. Con una toalla suave hemos secado su cuerpecito, y la hemos puesto junto a una estufa de infrarrojos. El agua debía estar a unos 15 grados, y las tórtolas están a unos 40 grados, así el choque térmico ha sido descomunal.
Durante cinco minutos ni se ha movido, aunque parecía que respiraba un poco más rápido. Luego, se ha puesto a temblar, lo que es una buena señal porque significa que estaba recuperando la vitalidad. Tras al menos un cuarto de hora ha empezado a dar señales de movimiento en las patas, nosotros hemos procurado que, sin quemarse, estuviera siempre caliente por todos lados.
Amélie y Walter se acercaban a veces, sin dar síntomas de alarma ni saber qué hacer, yo creo que ni reconocían a su cría.
Luego, poco a poco, se ha ido recuperando, y hasta aleteaba cuando algún progenitor se acercaba, aunque no se podía erguir y ni siquiera piaba.
Y, como un milagro, se ha recuperado del todo; puesta de nuevo en el nido, sus padres la han alimentado varias veces, y ahora parece tan vivaz y sana como siempre.
Yo digo que me la quiero quedar en casa, Félix dice que estoy loco. No sé, el caso es que estoy muy contento, y cuando esta tarde nos vayamos de fin de semana dejaremos todo lo más libre de peligros que podamos, porque lo más probable es que vuelva a salirse del nido. Ay, qué angustia voy a pasar hasta el domingo por la tarde...

domingo, 21 de octubre de 2012

Una nueva tórtola ha nacido



Por un descuido no cambiamos los huevos de Walter y Amélie. Cada vez que los ponen se los sustituimos por otros previamente enfriados en el frigorífico, pero esta vez se nos pasó. Así que el jueves pasado, la víspera del puente del Pilar, me acordé de pronto. Fui al nido y pensé: "bueno, todavía no se han abierto, he llegado a tiempo". Los cogí con cuidado y... ¡se movían, temblaban! Los pollitos parecían a punto de salir, incluso estaban resquebrajándose. En esas condiciones fui totalmente incapaz de tirarlos, así que los devolví al nido, y poco después salió el primer pollito. ¡Una monada minúscula, del tamaño de la uña de mi pulgar!
Nos fuimos de puente, confiando que a la vuelta tendríamos dos pollitos, pero no fue así; el segundo huevo no se abrió, y cuando ya comprendí que no lo haría me atreví a romperlo un poquito, comprobando con pena que un pollito totalmente formado, y que incluso había roto con el piquito el cascarón no tuvo fuerzas para salir; me pregunto si mi manipulación de los huevos tuvo la culpa, pero aunque me da pena comprendo que mejor es criar un pollito extra que dos.
Han pasado ocho días, y el nuevo pollito, (al que llamamos Luis provisionalmente, aunque evidentemente desconocemos su sexo), aumenta de peso y tamaño a diario. Hoy la báscula marcó 74 gr., es decir, la mitad de lo que pesa Amélie, ¡una barbaridad, porque no abulta ni la cuarta parte de ella! Eso significa que su densidad es mucho mayor.
La verdad es que tanto Walter como Amélie lo cuidan con esmero, y tiene siempre el buche bien lleno. El muy picarón ya abre los ojos y mira con curiosidad, no nos tiene miedo y se deja manipular.
En cuanto a su plumaje, pensamos que iba a ser blanco, como Walter, pero la oscuridad de su piel augura otra cosa; no obstante parece que parte de sus plumas serán blancas, por lo que seguramente se parecerá más a su madre que a su padre, ya veremos.
En casa no podremos tenerlo (ya Junior intenta picar al pobre pollito), así que supongo que irá a la granja escuela de mi primo... a no ser que... ¿alguien se anima a adoptar este precioso pollito?

jueves, 11 de octubre de 2012

La siesta con Junior

Junior a punto de tumbarse para dormir la siesta conmigo.
Una de las cosas que más me gusta es, cuando puedo, echarme la siesta; placer que comparto con Junior. Cuando una tórtola duerme, imagino que al igual que la mayoría de los pájaros, su sueño es una duermevela ligera, siempre vigilante ante el menor ruido o movimiento: es natural. Pues bien, cuando Junior (y solo ella) duerme encima de uno de nosotros, pasa a un estado de sopor intenso; es como si pensara "puedo dormir a pata suelta, porque estoy encima de este, y si pasa lo que sea es él quien tiene que estar atento, no yo". Se hace una bolita, respira pausada y rítmicamente, y se durme por completo el tiempo que dure la siesta, por supuesto sin hacer "pipí" ni "popó". Todavía me emociona sentir que un ser de otra especie confíe tanto en mí.

Nuestra amiga Cloti

Cloti es una tórtola turca

Hace unos días recibí en este blog algunos comentarios de una nueva visitante, y por lo tanto amiga: Niebla. Resulta que recogió un pollito de tórtola turca, y contra lo que podía pensar ha conseguido sacarla adelante. Como todas las tórtolas turcas, luce un bonito collar negro, y colores marrones, rosados y caramelo; aún sus plumas corresponden a un ejemplar en crecimiento, ¡pero se nota que es una tórtola preciosa! Tal vez se quede a vivir con Niebla, o finalmente vuele con sus compañeras, pero de lo que no cabe duda es de que es una tórtola preciosísima que seguro sabrá darle a Niebla señales inequívocas de su cariño. Mucha suerte a las dos.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Las palomas de Benidorm

Casi todas son blancas, ¡qué bonitas!
Aprovechando un fin de semana largo en Benidorm, he descubierto que las palomas de esta ciudad de veraneo, ¡son blancas! Es algo que también vi en Murcia (hay un artículo en este blog). Me pregunto por qué de esta coincidencia. En mi infancia, en Toledo, me gustaba perseguir a las palomas en el paseo de La Vega (por suerte, siempre sin éxito); en aquel entonces el palomar donde vivían albergaba todo tipo de palomas: blancas, manchadas, grises, y las mezclas correspondientes; incluso creo recordar algunas jaspeadas de café con leche. Pero con el tiempo, solo quedan en Toledo palomas grises, y lo mismo pasa en Madrid. Ya sé que el color blanco suele ser recesivo, pero si durante tanto tiempo se han mantenido palomas blancas a la vista ¿qué las hizo desaparecer? ¿Y por qué en Murcia y Benidorm son gran mayoría las blancas? Mientras algún científico me saca de la duda, queda el recuerdo de estas bellezas. Cuando en Benidorm las miraba, me acordaba de las tres tórtolas que, solitas, se quedaron en casa. Ya, ya sé que les dejo agua y comida, pero también sé que están mejor cuando las acompañamos: no les falta ese traguito de agua de cuando nos acostamos, que sorben tan golosas; o las bolitas de miga de pan, las pepitas de sandía... esas golosinas a las que están tan acostumbradas. Incluso las miguitas de las galletas, o unos granitos de sal o de azúcar les alegran la vida... ¿mimo demasiado a mis tórtolas? Yo creo que no: ellas me tienen loquito y consentido.

martes, 7 de agosto de 2012

Las joyas de la Castafiore

Amélie en su nido
Soy aficionado a las historietas de Tintín, el héroe creado por el dibujante belga Hergé. Una de las aventuras más celebradas de este simpático joven se llama "Las joyas de la Castafiore"; el argumento es el siguiente: en una casa desaparece una esmeralda, propiedad de una famosa cantante de ópera. Muchos son los sospechosos: el pianista acompañante, el mayordomo, unos gitanos que acamparon cerca, etc. Pero el misterio se resuelve gracias a una ópera: "La gazza ladra", de Rossini, pues la traducción es "La urraca ladrona"; y efectivamente, uno de estos pájaros es quien roba la esmeralda, que finalmente es recuperada. Y hoy Amélie ha mezclado esto con otra afición que tengo: los clicks, también llamados "Playmobil". No tengo muchos por casa, pero uno de ellos es una recreación del Durero que se exhibe en El Prado, y lo tengo puesto de adorno. Como resulta que Amélie está en una de esas fases en que llena el nido de papelitos... pues resulta que ha encontrado que el caballete de Durero, de plástico pero simulando madera, resulta útil en el nido. Me hace tanta gracia que, de momento, se lo he dejado.

jueves, 5 de julio de 2012

Vencejos a salvo

Entrada al centro "GREFA", en Majadahonda, Madrid

Prometí contar lo que pasaba con los polluelos de vencejo (definitivamente lo son), a los que bautizamos "Pedro" y "Pablo", independientemente del sexo que puedan tener. Como recordaréis, se cayeron o tiraron del nido el viernes y el sábado pasado, y los encontramos en el mismo sitio, en el callejón junto a la puerta de mi casa en Toledo. Tal vez sus padres los abandonaron, porque es mucha casualidad que se tirasen los dos. Bueno, sea como fuere, el caso es que (como me pasó con Amélie cuando entró a casa por la ventana), pasé en poco tiempo de inexperto absoluto a casi entendido en la cría de vencejos.

Al ser un pájaro insectívoro, no se puede dar pan ni semillas, y tras consultar en Internet probé con una dieta a base de comida de gato remojada y jamón york muy picadito. Aunque al principio comieron esto con buen apetito, pronto vomitaron todo lo que se les daba (con enorme esfuerzo, además, pues había que abrirles cuidadosamente el piquito y meterles lo más profundo que se podía un poquito de alimento), por lo que optamos por darles solamente gotitas de agua, que estas sí, bebían con avidez. Lo cierto es que a los dos o tres días, el domingo por la noche, conservaban más o menos su peso inicial, y parecían en buen estado, incluso más despiertos.

Ya advierten en internet que criar un vencejo no es cosa fácil, aunque si sobreviven las primeras 24 horas es muy buena señan; el problema es que comen exclusivamente insectos y gusanitos, por lo que proponen que se les facilite esto, es decir, grillos (que son muy caros), y gusanos de la harina (un poco más baratos). La crianza, hasta que puedan volar por sí mismos y emigrar a África, duraría más o menos un mes. Y no es que me resulte muy seductora la idea de tenerlos en casa junto a las tres tórtolas, comprarles estos insectos y criarlos, pero para mí es un deber frente a un ser vivo desvalido que depende en todo de mí. Ya estaba buscando direcciones de tiendas especializadas en insectos y demás cuando encontré en un foro direcciones de centros de recogida de aves, para su recuperación. Claro, yo sé que esto existe, pero siempre pensé que era para águilas y aves "importantes"; pero resulta que los vencejos son una especie protegida, y también los acogen para su recuperación, ¡albricias!

El domingo pasado por la noche (tras el triunfo de España en la Eurocopa), llamé por teléfono a un centro de recuperación de aves de Madrid: se llama "GREFA", y atienden las  24 horas. Tras comentarles el caso, me dijeron que por supuesto podía llevarle las crías al día siguiente, pero que lamentablemente, por eso de los "recortes", no podían venir a domicilio por ellas. No necesitaba tanto, y el lunes a primera hora los llevé a este hospital de aves, que está en Majadahonda, a unos 12 km. de Madrid. El centro está situado en un pinar, un paraje protegido, y lo poco que vi me gustó, parece un sitio funcional con buenas instalaciones. Antes, había leído lo que hacen a través de su web; me dio mucha confianza saber que el año pasado sacaron adelante más de ochocientas crías de vencejo, ¿dónde iban a estar mejor Pedro y Pablo?

Tras rellenar unas fichas, se quedaron en el centro, no sin antes darme unos números de referencia, por si en un futuro quería saber si habían salido adelante, cosa que ahora creo más que posible.

Además, en la misma visita me hice socio de GREFA, por solo 35 euros anuales pagas la cuota anual, trataré de animar a la gente para que se asocie también, ¡estos sitios son imprescindibles!

Podéis mirar todo esto en www.grefa.org  , ¡animáos!

Como suele suceder con los animales, este par de pollitos de vencejo me han dado más de lo que yo a ellos, ahora me siento feliz por haber descubierto este sitio, incluso me estoy planteando, si mis escasos ahorros dan de sí, apadrinar algún animalejo, cosa que es a partir de 90 euros... ya veremos.

domingo, 1 de julio de 2012

Dos aviones o vencejos se han caído del nido




Ayer por la tarde, en Toledo, donde paso los fines de semana, encontré caído al lado de la puerta de casa un pajarito que sin duda es un avión o un vencejo; tenía bastantes plumitas y me lo llevé a casa. La sorpresa fue que hoy en el mismo sitio he encontrado a quien sin duda es su hermano: también se ha caído del nido. Como sus padres no pueden llevarlos a su nido (que estará sin duda a muchos metros del suelo), su única posibilidad es que logre sacarlos adelante. De momento me va bastante mal, porque el pienso de gato remojado en agua, que es lo que recomiendan en los foros para casos como este, no lo aceptan, vomitándolo si les fuerzo a tragarlo. Sé que tienen que comer a menudo, pero sin duda están pasando mucha hambre, los pobres. Mañana trataré de darles trocitos de carne picada y remojada, que dicen que también les gusta. Como ayer era día 29, festividad de san Pedro y san Pablo, hemos decidido llamarlos así, Pedro y Pablo. Si siguen vivos hasta mañana por la tarde, los llevaremos de regreso a Madrid, donde tendrán que compartir casa con las tres tortolitas de mi alma. Es curioso; a pesar de que sé que posiblemente no sobrevivan, se me encoje el alma de pensarlo, tan implicado estoy con sacar adelante a esta pareja de pequeñines. Al menos me queda el consuelo de que su muerte será menos cruel que la que les aguardaba en el suelo, deshidratados, y puede que pisados o comidos por gatos, que hay muchos sueltos.

Ya os contaré cómo sigue la cosa.

domingo, 27 de mayo de 2012

El pájaro de fuego

(Amélie acicalándose las plumas)
Aparte de que las tórtolas, como la mayoría de las aves, saben volar, y eso, quieras que no, nos humilla un poquito a nosotros, tan listos, tan civilizados pero... atados al suelo, a nosotros nos parece que lo de los pájaros no es para tanto. Por ejemplo, no tienen manos, ni visión en tres dimensiones... eso nos parece que equilibra un poco la balanza de dones naturales.

Pero las plumas, además de permitir el vuelo, forman una capa versátil y maravillosa. En verano o en invierno, protegen de la temperatura exterior, y aunque yo me esfuerzo para que no tengan que soportar temperaturas extremas, me da la impresión que soy yo el digno de lástima, siempre buscando más frío o más calor, mientras Junior, Walter y Amélie parecen siempre cómodos y confortables. Seguramente parte del éxito de su cobertura de plumas es que las pueden mover, erizándolas o pegándolas a la piel. En la foto vemos a Amélie girando la cabeza sobre los tres ejes espaciales como si tal cosa, ¡está boca abajo!; lo hace solo para encontrar el ángulo perfecto que le permita limpiar y peinar sus plumitas, que de paso ha abierto en capas paralelas por la parte de su ala. A mí me recuerda un poco a esas actrices trasnochadas que llevan una boa de plumas, con la diferencia de que estas plumas van teniñas de colores naturales. Ya se dice en la biblia que Salomón, a pesar de ser riquísimo, nunca usó unas vestiduras más elegantes que las que tiene la flor más humilde; tampoco ninguna starlet ni vedette de revista musical se acercó siquiera a la belleza de mis tórtolas, (ni de ninguna otra ave).

Señores y señoras, con ustedes Amélie: el Pájaro de Fuego.

viernes, 13 de abril de 2012

La risa de las tórtolas





La tórtola doméstica se llama "Streptopelia Risoria", ese es su nombre científico, y cualquiera que conviva con ellas sabe bien por qué; pero para quienes no hayan tenido la ocasión de comprobarlo por ellos mismos, dejo el vídeo anterior como muestra; en él, Walter y Amélie nos obsequian con unas cuantas "risas". Desde el punto de vista de una tórtola, reírse al llegar a un sitio es como decir "eh, para quien no lo sepa yo estoy aquí". Solo una tórtola tranquila hará ese sonido, si está asustada se posará en silencio.

Y ahora que lo habéis visto: ¿parece una risa sí o no?

lunes, 20 de febrero de 2012

¿Prohiben las tórtolas?

(Amélie y Walter en casa. Sus colores son los típicos de las tórtolas domésticas)

Pedro, un amigo de este blog, me alertó hace ya unos días sobre una posible prohibición de poseer tórtolas, derivada del BOE del 12 de diciembre pasado; lógicamente esta sería una prohibición aplicable a España. Este es el enlace al documento: Boletín Oficial del Estado.
Pero no hay que alarmarse; esta prohibición no afecta a nuestras tórtolas domésticas, como voy a tratar de razonar en esta entrada.

Ante todo, distingamos tres especies de tórtolas, bastante emparentadas entre sí:
- La tórtola turca (streptopelia decaocto)
- La tórtola africana, de collar o rosagrís (steptopelia roseogrisea)
- La tórtola doméstica (streptopelia risoria)

A la que se refiere el BOE es a la segunda, la rosagrís, mientras que las nuestras son domésticas, la tercera. Son especies distintas (en Wikipedia podemos comprobar esto), y además, si pensamos en las razones del decreto, veremos que no tendría sentido que se prohibieran las domésticas. Este decreto trata de proteger la fauna autóctona española frente a otra que de modo artificial está siendo introducida por motivos comerciales o malintencionados, de modo que las especies españolas van quedando desplazadas por las de fuera, o bien directamente los animales foráneos producen daño. Es el caso del mosquito tigre, el mejillón cebra (especies que hacen daño por sí mismas), los siluros (peces que gustan a los pescadores pero destruyen las especies naturales), etc. La tórtola africana, la rosagrís, está desplazando a veces a la tórtola común (Streptopelia turtur) en nuestros campos, y el decreto trata de protegerla. En realidad también está amenazada por la tórtola turca, pero la turca ha llegado a España de modo natural (se lleva expandiendo por toda Europa 80 años), mientras que la rosagrís es traída de modo artificial, por criadores; además, la rosagrís puede competir con la común en el campo, ya que ambas viven allí, mientras que la turca es más bien de ciudad. ¿Y nuestras simpáticas tórtolas domésticas? Ellas solo pueden vivir en las casas, así que no son una amenaza para otras especies. Si una tórtola doméstica se escapa (o más bien, se pierde), es casi imposible que sobreviva. Yo mismo, cuando conocí a Amélie, y pensaba que era una "paloma", y la animaba a irse "libre", comprobé que pasaba horas en los árboles sin hacer nada, y la pobre regresaba siempre muerta de hambre y sed, eso en un entorno de jardines y árboles, ni me imagino en un ambiente peor...

Por tanto los amigos de las tórtolas domésticas, y en particular los magos, podemos estar totalmente tranquilos: no está prohibido tener tórtolas domésticas, "risorias", que son distintas de las "rosagrís". Por cierto, las rosagrís son todas iguales, con el cuerpo entre rosado y gris, y collar negro, las domésticas/risorias son más variadas, blancas, anaranjadas... ¡y además se ríen! Por cierto, otra amiga del blog, Laura Tovar, que tenía una tortolita preciosa, pero distinta a todas las mencionadas, me pregunta por lo que quiero decir cuando menciono que las tórtolas "se ríen", ¿cómo puede ser que se rían? Bien, para ello tengo que grabar algún vídeo, espero que sea lo siguiente que suba al blog.

Finalmente: ¿reconocéis las tórtolas de Wikipedia que ejemplifican el concepto "streptopelia risoria")

sábado, 21 de enero de 2012

Presentando al mago Pedro y su tórtola Willy

(Willy posando sobre la mano de Pedro)

Hace unos días se puso en contacto conmigo Pedro, un chico de quince años aficionado a la magia, quien me habló de su tórtola, un macho blanco que aún no se había acostumbrado a su compañía y a veces incluso le levantaba el ala, a modo de amenaza. Pero con la perseverancia y el cariño, Pedro se ha ganado la amistad de su preciosa tórtola, que se llama Willy, quien ya ha demostrado su confianza empezando a "reírse". Y es que eso es lo primero que denota que una tórtola se encuentra a sus anchas, cuando cada vez que cambia de lugar, se ríe. La unión entre las tórtolas y los magos viene de antiguo, y muy posiblemente tiene varios miles de años. Tengo varios amigos magos (una de las aficiones desde mi infancia), pero ninguno de ellos usa tórtolas en sus espectáculos (todos ellos son discípulos del gran Juan Tamariz). Yo ya sabía que las "palomas" blancas de los magos son, en realidad, tórtolas, más pequeñas y sobre todo mucho más dóciles y menos asustadizas que sus parientes; pero lo de lo que me he enterado gracias a Pedro es de que en magia se usan solamente machos, ya que al tener necesariamente que confinarla en pequeños espacios, se correría el peligro de que las hembras muriesen al implosionar los huevos en su interior.
Pedro me ha dicho que va a buscar una hembra para Willy (¡bien!), y que está construyendo un jaulón grande para ellas. Claro, su madre dice que son "máquinas de hacer popó", ¡y no es verdad, ¿eh?! Pero lo comprendo... en fin, seguro que además les permitirá a menudo estirar un poco las alas fuera.
También Pedro me ha comentado algo muy, muy importante para el mundo de las tórtolas domésticas... pero eso será objeto de otra entrada diferente en el blog.
Lo que sí quiero incluir son dos enlaces a vídeos de magia con tórtolas, en honor de Pedro.  El primero es de Tomsoni, un mago que sigue en ejercicio, es muy muy divertido y tiene una ayudante ¡genial!


El segundo vídeo es de otro mago americano especializado en "palomas": Channing Pollock. Es la elegancia misma, observad qué bien contrasta la vestimenta oscura del mago con las blancas plumas de las tórtolas


miércoles, 28 de diciembre de 2011

Durmiendo en mi mano

(Junior durmiendo sobre mi mano izquierda mientras lo dibujo con la derecha)

Junior, la tortolita que nació en casa, duerme encima de una repisa del recibidor, tiene un cartón sobre el que hay un cuenco de cristal que hace las veces de nido, lleno de trocitos de papel que ella recoge. Allí es donde pone los huevos y los empolla, aunque si no tiene huevos prefiere dormir fuera, sobre el cartón. Pero eso es cuando me voy a la cama, que es muy tarde, a la una o las dos de la mañana. Antes se niega a acostarse, y trata de mantenerse a mi lado (en cambio Walter y Amélie se sitúan en su nido del balcón mucho antes y allí mantienen una cierta duermevela). Normalmente a última hora de la noche estoy delante del ordenador, y Junior viene a posarse sobre mi hombro izquierdo, y allí se duerme profundamente; cuando me voy a la cama lo pongo en su casita, pero es lo último que hago antes de apagar la luz, pues si le doy un poco de tiempo vuela de nuevo encima de mí: es evidente que si pudiera dormiría encima de mí toda la noche.
Anoche Junior varió un poco la rutina y se subió en mi mano izquierda, que tenía apoyada en la mesa del ordenador. Poco me habría costado subirla a mi hombro, pero dormía tan a gusto que me dio pena hacerlo; en cambio, y usando solo la mano derecha, busqué un lápiz y un papel para hacer el pequeño apunte que os muestro; si os fijáis en el cuerpo de Junior se transparenta la otra cara del papel: un comic de Tintín. Luego, lo escaneé y con Photoshop coloreé mi mano y puse blanco liso el fondo, pues ahí sí pude quitar la transparencia del otro lado.
En el dibujo se nota perfectamente lo que hacen las tórtolas para dormir: encrespan las plumas de la cabeza de un modo característico, formando un casquete erizado de plumas, en filas paralelas, como un pequeño erizo. Es más: cuando forman así las plumas sé que tienen sueño y quieren dormir. También abren y cierran el pico de modo característico, y he aprendido a constestar a sus gestos con otros míos que vendrían a decir "yo también tengo sueño", con lo que se duermen con más facilidad.
Pero solo Junior duerme sobre nosotros, (también le encanta echarse la siesta), y justamente yo soy su percha nocturna. Es gracioso cuando por la noche estoy viendo la tele en lugar de estar en el ordenador, entonces claramente da muestras de disgusto e impaciencia, incluso vuela a la silla del ordenador, no necesita hablar para que comprenda que le parece muy mal mi ausencia, incluso me pica, en fin, hace todo lo que está en sus alas para llevarme "a mi sito".
Por último, Junior es la única de las tres tórtolas que se abstiene de hacer "popó" cuando está encima de nosotros; cuando calculamos que tendrá ganitas la separamos un poco de nosotros, y enconces sí, ahí va una de sus bolitas inodoras de excremento, pero la muy pilla no lo hace mientras duerme sobre nosotros.
Es una ricura.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Caprichos de tórtolas

(Junior con una semilla de pimiento en el pico)

Ya se sabe que las tórtolas comen, sobre todo, semillas y alimentos similares. En la práctica, les doy varios tipos de pienso para pájaros. La comida es algo muy importante para ellas, ya que al ser animales pequeños, tienen un metabolismo alto que los obliga a alimentarse con mucha frecuencia. Pero mis tortolitas no son unos animales cualquiera que se conforman con lo primero que se pueden llevar al pico, ¡qué va!: son unas sibaritas. Haciendo balance, Amélie es la que tiene unos gustos y hábitos más amplios, y en su dieta figuran frutas, verduras, dulces, semillas...; Walter en cambio admite muchos menos alimentos, y Junior es un caso intermedio.

Por lo pronto, la comida habitual, la preparada para pájaros, les gusta solo si es fresca, a los pocos días ya no le hacen caso. Claro que si no hubiera otra cosa seguro que se la comían, pero como yo les doy todos los caprichos, se pueden permitir el lujo de desdeñar la que está vieja, ¿cómo harán para distinguirla? Pero el hecho es que es así. 

Su personalidad es distinta en todo, y también referida a la comida; la más lista es, como siempre, Amélie, que en cuanto escucha el sonido de la caja de pienso, o nos ve abriendo algo sospechoso (aunque resulte ser una caja de galletas), vuela disparada como una flecha a la mano ejecutora. Por eso los viernes, cuando las dejo solitas en casa, porque me suelo ir fuera el fin de semana, y los cuencos de comida están limpios y con comida recién puesta, Amélie se da un atracón.

Pero bueno, hasta aquí todo es más o menos normal. De lo que quería hablar es de los alimentos "no estándar" con los que también suelo obsequiar a mis amigas. Este sería un pequeño resumen:

Miga de pan: Se supone que no es un alimento ideal, porque carece de fibra, y todo eso; pero les encanta a las tres. Hacemos bolitas del tamaño de guisantes, y se las vamos dando de una en una, siempre con el pan recién traido de la panadería, muchas veces incluso caliente. Quien más come es Walter, y después Amélie; Junior se ve mucho menos atraída por este manjar.

Azúcar: Es inevitable, por tomar café o por otros motivos, que a veces quede algo de azúcar en algún sitio accesible; pues lo mismo que niños ante golosinas, las tórtolas van consumiendo granito a granito ¡parece magia! Y es que les encanta. A la que más, a Amélie. El azúcar es energía en estado puro, pero procuro que no tomen demasiada, porque ignoro si demasiada glucosa les puede afectar.

Semillas de pimiento: Por casualidad descubrimos que las semillas de pimientos rojos o verdes les apasionan, las tres las devoran con igual voracidad, sobre todo las dos hembras. Normalmente se las damos en la mano, aunque a veces dejamos el trozo de pimiento con sus semillas para que las picoteen.

Trocitos de galleta: Si desmenuzamos galletas en fragmentos suficientemente pequeños, las comen con ganas. Seguramente la mezcla de azúcar y cereales les resulta muy sabrosa.

Zanahoria: En trozos muy pequeños le encanta a Amélie, y a veces Junior come alguno; Walter no. La comen cruda, y mejor si está cocida.

Fruta (melón, piña, naranja...): Igual que con la zanahoria.

Arroz y guisantes: En crudo apenas si les interesa. Cocidos sí, especialmente el arroz lo devoran, (Walter un poco menos, pero no le hace ascos).

Estos son los casos más interesantes, aunque a veces picotean algo de sal, o semillas de melón, etc., pero son excepciones. Ver comer a estas amigas me proporciona un indudable placer, creo que cualquiera, niño o mayor, disfruta cuando una tórtola recoge alimento de su propia mano, sentir ese roce con el pico es algo muy especial que todo el mundo debería conocer. Qué suerte tengo al experimentarlo tan a menudo.


lunes, 7 de noviembre de 2011

Esto no es una tórtola

 (No, no es Walter, ni tampoco Junior; es una bonita paloma blanca murciana)

Este fin de semana hemos estado haciendo turismo en Murcia. A la puerta del ayuntamiento un grupo de palomas esperaban pacientemente que no hubiera nadie para bajar a picotear el arroz que, a puñados, se tira a la salida de las bodas. Entre las palomas, gordas y con sus plumas grises y tornasoladas me pareció ver ¡tórtolas blancas! Pero no, fijándome bien caí en la cuenta que eran también palomas, y es que en mi infancia recuerdo ver en mi Toledo natal palomas de varios plumajes, entre ellos los de las palomas blancas, aunque hace muchos años que parecieron uniformarse de un gris muy vulgar: en Toledo todas las palomas son grises. Pero en Murcia no, y para muestra este bonito ejemplar de la foto. Es, creo yo, una hembra.

Si queremos jugar al juego de los errores, y buscar diferencias con las tórtolas, estos son los que considero más notables:
1) El tamaño. Si pusiéramos al lado una tórtola y una paloma, esta última seguramente resultaría el doble de corpulenta.
2) Sobre el pico la paloma tiene una especie de "moco", ausente en las tórtolas. Además, el pico de las palomas es, en proporción, más cónico, corto y recto.
3) Rasgos más robustos: las palomas apenas tienen cuello, las patas son más gruesas, y su forma general es más pesada.
4) Las palomas carecen del característico collar delgadito que todas las tórtolas tienen, incluso las blancas (aunque en estas resulta poco visible).

Todo esto es a simple vista; además, estoy seguro que las palomas son más inquietas que las tórtolas domésticas, por eso de pequeño siempre pensaba, cuando un mago dejaba sobre una percha a una "paloma" blanca, recién usada en un truco, y esta reposaba con tranquilidad, ¿por qué no se va? Y es que una paloma difícilmente soportaría estoicamente en un escenario. Pero claro, es que no son palomas: son tórtolas.

En todo caso, ¡qué bonitas son las palomas de Murcia!



lunes, 31 de octubre de 2011

Walter se ha hecho daño en un ala

(Walter y Amélie tomando el sol de otoño encima de un tiesto.)

De las tres tórtolas, quien peor vuela es, sin duda, Walter. Cuando llegó a casa apenas si podía hacerlo, pues posiblemente el jaulón donde vivía no se lo permitía. Era gracioso verlo aletear, levantándose del suelo a duras penas y haciendo un ruido enorme, como quien mueve un abanico con denuedo. Parecía uno de aquellos pioneros de la aviación con sus locos cacharros, que por más que los movían no se despegaban ni un palmo. Poco a poco eso cambió, y su habilidad ahora es mucho mejor que al principio. Pero con las alas las tórtolas hacen algo más que volar: también se pelean. Después de todo, son sus extremidades superiores, y en sus disputas territoriales las emplean para atacar y defenderse. Precisamente en estos días la rivalidad de Junior con sus padres ha venido trufada de escaramuzas, y en una de ellas el pobre Walter se ha decho daño en su alita izquierda. No creo que esté rota, porque la mueve e incluso se atreve a intentar volar, pero claramente le duele, y se caído al suelo un par de veces.

Resulta de lo más interesante ver cómo afronta su invalidez esta ave, y la reacción de Amélie, su pareja. Esta última lo acaricia y claramente intenta consolar, acompañándolo más de lo que haría si estuvese sano. Walter por su parte trata de moverse lo menos posible, y aunque tiene menos apetito hace lo posible por comer. Solo si Junior se acerca mucho le planta cara y trata de aparentar unas fuerzas que no tiene, pero hacemos lo posible por que estos episodios no se produzcan y repose todo lo que pueda. Perfectamente su comportamiento nos puede servir de modelo en caso de enfermedad o accidente, sus enseñanzas son estas:

1) Aceptar con naturalidad el hecho mismo de la enfermedad o invalidez, es un hecho que forma parte de nuestra realidad.
2) Cambiar nuestro comportamiento habitual, de modo que se favorezca todo lo posible la recuperación.
3) Ayudar a los enfermos o incapacitados con naturalidad y dulzura, prestándoles más atención mientras estén en esta situación.
Creo que si realmente hiciéramos esto, nuestra salud física y mental nos lo agradecerían. 

Seguro que muy pronto Walter volverá a estar bien.

domingo, 9 de octubre de 2011

Relevo en el nido.

Para que las puestas de huevos sean lo menos frecuentes posibles, tenemos la estrategia de dejar tanto a Junior como a Amélie que empollen unos huevos falsos que cambiamos oportunamente; en realidad son huevos pasados de fecha. Junior, pobre, tiene que quedarse sola en el nido, pero Walter y Amélie se relevan cada día a horas fijas para hacer el empolle; concretamente durante la noche es Amélie quien se queda sobre los huevos, y a la mañana, cuando Walter ya ha desayunado, acude puntualmente al nido y hace el relevo con su pareja. Este acto, tan simple y repetido, no deja de tener su encanto, pues durante unos instantes las dos tórtolas se acicalan e intercambian unas caricias. En este vídeo puede verse este momento; es interesante observar al final cómo Amélie sale volando de modo explosivo, ¡le encanta hacer eso!

jueves, 15 de septiembre de 2011

No es otoño aún, y ya caen cosas...

(Plumón de Junior. La plumita de la izquierda mide unos 4 cm, las otras más o menos 1 cm.)

La semana que viene entraremos en otoño en el hemisferio norte, que es la época en la que caen las hojas de los árboles. Pero esta semana la ha elegido Junior para cambiar su plumón, ¡tenemos la casa perdida de esta lluvia maravillosa y blanca! El resto de las plumas propiamente dichas las cambian las tórtolas poco a poco, de una en una, pero el plumón tiene su momento (creo haber leído que cada tórtola tiene su momento de muda, que suele ser anual). La verdad es que yo no me había fijado hasta ahora de eso, pero ha sido imposible pasarlo por alto esta vez, ya que la caída de plumón es copiosa y continua. 

La foto que he puesto en realidad es un escaneado de unas cuantas piezas de plumón, tiene muchísima resolución, por lo que si pincháis en ella y la abrís a su tamaño podréis apreciar unos detalles muy interesantes. Me llama la atención lo rápido que el plumón se deteriora, y pienso ahora en que Junior, como sus papás, pasa mucho tiempo acicalándose, mimando sus plumas, peinándolas, aceitándolas... no es un capricho, sino una necesidad. Recuerdo que Junior, cuando aún tenía pocos días de vida, tal vez una semana, y por tanto no le habían salido las plumas, ya tenía la impronta que le hacía recorrer con su pico incipiente unas plumas entonces imaginarias, cuando solo estaban insinuadas por los cañones. 

Y el plumón no deja de ser un tipo de pluma: son las plumas de relleno, las que no se usan para volar, sino para cubrir el cuerpo. Así, vistas de cerca, me recuerdan esas boas pasadas de moda de las artistas del charlestón, y es que tienen algo de lujo, ¿verdad? De momento estoy guardando todo el plumón que puedo, sin saber muy bien qué uso les daré, tal vez algún complemento para los clicks, o tal vez lo guarde tal cual. Se estropea enseguida, ¡yo no lo sé cuidar como Junior!

Pero de momento su muda ha puesto en casa el punto final al verano. Ahora vendrá el dorado otoño y el claro invierno de Madrid, que tanto me gusta.

miércoles, 27 de julio de 2011

Un baño en la piscina

(Amélie y Walter dándose un bañito en el balcón)

Este verano no está siendo, por ahora, demasiado cálido. Salvo una semana tórrida en Junio, no hemos padecido días demasiado rigurosos. De las tres tórtolas que viven en casa, dos de ellas (Walter y Amélie) tienen su nido en el balcón, y cuando tienen huevos siempre una de las dos los está empollando, mientras que la otra opta por refugiarse prudentemente en el interior del piso. A las dos les gusta darse un baño de vez en cuando, para lo que siempre tienen dispuesto un cuenco de cristal con agua limpia. Da gusto ver cómo se dan un chapuzón, supongo que para los animales que viven en libertad esto supone, además de un momento de frescor, un método para deshacerse de parásitos; por suerte mis tres tortolitas están libres de ellos (que yo sepa), ya que su aislamiento y el spray insecticida con que las rocío dificultan mucho su adquisición.

Ojalá Junior también se bañara de vez en cuando, me cuesta horrores que lo haga, por lo que la mayor parte de sus duchas son obligadas: la sujeto mientras con la manguera de ducha someto su plumaje a un chorro purificador de vez en cuando, así, por la fuerza.

Mientras tanto, ver bañarse a una tórtola en su particular piscina, y luego secarse pacientemente, me sigue pareciendo un espectáculo tierno y divertido.

miércoles, 6 de julio de 2011

Ahora comprendo que soy padre

(Junior acaba de bajar de su nido y se dispone a comer)

Creo que ya he comentado en alguna ocasión que tanto a Amélie como a Junior, las dos hembras, les permito empollar los huevos más o menos una semana, y luego se los quito o los sustituyo por otros infértiles (en el caso de Junior no hace falta normalmente ya que no suelen estar fecundados... solo si me descuido y su papá Walter se aprovecha la cosa cambia). En estas últimas semanas en realidad me limito a quitarles los huevos a la semana.

Por otra parte, mientras están empollando huevos la pareja Walter-Amélie sigue un sistema de turnos bastante estricto: A primera hora de la mañana Walter releva a Amélie y se queda él empollando; al caer la tarde Amélie hace el relevo y se queda en el nido hasta el día siguiente. Eso les permite comer, beber y estirarse, pero ¿qué pasa con Junior? Ella, claro, no tiene a nadie con quien relevarse, así que cuando considera que debe hacerlo, baja unos minutos del nido, come, bebe, hace sus necesidades, se estira un poco, y finalmente regesa a su inútil pero tranquila tarea de empollar.

Mientras las tórtolas están en el nido me acerco a veces para darles de comer o beber, cosa que normalmente agradecen. Si son Walter o Amélie, comen hasta que no quieren más, y luego me ignoran, pero Junior se comporta de un modo muy distinto, ¿qué hace? Al acercarme con comida come un poquito, ¡y se baja del nido! He tardado en darme cuenta de que interpreta mi presencia como un relevo, es decir, como si yo fuera el papá que va a relevarla. Claro está que luego ve que no hago nada de eso, pero su instinto de darme el relevo funciona. Esto está muy bien, porque a veces ha pasado hasta 24 horas en el nido (y yo decía: bueno, ya bajará cuando quiera), en cambio subiéndome hasta su nido y ofreciéndole comida consigo automáticamente que baje a comer y beber y se dé una vueltecita.

Y es que, según Junior, el papá de los huevos... soy yo.

jueves, 30 de junio de 2011

Sexo de verano

(Walter y Amélie afrontando el verano tras pasar por Photoshop)

La pareja que forman Walter y Amélie no es ya un amor pasajero, sino que forman sin duda una pareja consolidada. Siguen prodigándose todos los mimos imaginables, y no parece que eso tan humano del decaimiento en el deseo sexual y la rutina subsiguiente sea un problema para ellas, felices y efusivas como el primer día. Es más. Amélie está dando un paso más allá y adoptando una curiosa conducta sexual; consiste en realizar la cópula al revés, es decir, intercambiando los papeles masculino y femenino. Para ello, y tras los preliminares de costumbre (acicalamiento, besos, etc.), Amélie se sube sobre el dorso de Walter, quien entonces trata de aplanarse, aplastándose contra su base; hace entonces Amélie la contorsión consistente en doblar su punta final, a fin de acercar su cloaca a la de Walter, como si lo quisiera fecundar, y tras unos espasmódicos instantes ambos lanzan el cacareo triunfal que da por finiquitada la cópula. Todo normal... salvo que los papeles se han intercambiado.

Dudo mucho que estas cópulas resulten apropiadas desde el punto de vista de la fecundación, más bien parece que es un modo de afirmación de Amélie y de sometimiento de Walter. Además, solo he observado este comportamiento desde hace pocos días, así que parece resultado de la madurez como pareja.

Y, como siempre, la tentación de comparar con nosotros y sacar conclusiones es inevitable...

viernes, 17 de junio de 2011

El reposo de las tórtolas

(Amélie echándose una siestecita)

Cuando las tórtolas descansan, tienen varias posturas para elegir. Esta que vemos en la foto es la que supone una mayor tranquilidad y despreocupación. Consiste en reposar directamente sobre la panza, con las patas plegadas, y las alas recogidas pero ligeramente separadas del cuerpo, tocando el suelo también y proporcionando así un anclaje firme. En la foto incluso vemos que Amélie tiene los párpados cerrados, algo poco común. Supongo que por la propia naturaleza de estas aves, que en la naturaleza no pueden dejarse sorprender así como así, esta no es la postura habitual de reposo; por ejemplo, por la noche Walter suele apoyarse en el asa de metal prevista para soportar un tiesto, con las patitas rodeando el metal; es una postura menos entregada, con el cuerpo bastante vertical; en cambio, en el reposo de la foto vemos que el cuerpo está horizontal al suelo. Además, se forma una especie de joroba muy característica justo antes del nacimiento de la cola.

Junior se pone así cuando se echa la siesta sobre nosotros (es la única que lo hace), pero Walter y sobre todo Amélie a veces se echan de este modo también, suele ser siempre en el interior de casa y durante el día, supongo que de algún modo consideran que están en un entorno perfectamente seguro.



viernes, 27 de mayo de 2011

Primavera en el balcón

(Junior picoteando la hierbabuena en el balcón)


Atrás parecen quedar los días de frío, así que hemos quitado del balcón la protección de plástico que lo aisla, y se ha quedado sola la rejilla de plástico, que permite entrar el aire y el sol. Normalmente solo pueden disfrutarlo Walter y Amélie, que son los que tienen su nido en él (Junior duerme sobre el perchero del pasillo, donde tiene una tabla y un nido cómodo pero interior); pero hemos aprovechado que el rincón inferior derecho, que es el que se ve en la foto, queda oculto de las miradas de quien ocupe el nido (en la parte superior izquierda), para poner a Junior a tomar el sol. Ahí la vemos, subidita en el tiesto de la hierbabuena, que ha picoteado de buena gana, igual que las ramitas del pino. Es muy gracioso verla extender sus alitas. Justamente hoy le hemos quitado los huevos, así que revolotea sobre nosotros reclamando atención. Está muy delgadita (aunque come bien), ¡la queremos tanto! Cuando se ha cansado, después de un buen rato, la hemos transportado dentro sin que Walter se percatara. Sí, la primavera ya se ha instalado definitivamente.

jueves, 28 de abril de 2011

Una cría de jilguero


(Cipreses de la plaza de Santa Clara en Toledo; la pequeña cría de jilguero)

Ahora dicen mis conocidos que los pájaros acuden a mí de algún modo misterioso, porque lo que me pasó esta Semana Santa en Toledo así parece indicarlo. Aunque vivo en Madrid, los fines de semana los suelo pasar en mi casa familiar, en Toledo; se trata de un segundo piso, y el salón tiene un mirador que queda justo a la altura de una plaza donde de pequeños jugábamos mis hermanos y yo. Era por la mañana, y escuchaba un ruido agudo muy insistente; pensé que tal vez un murciélago (que tiene un chillido agudísimo), rondaba cerca, y me asomé al mirador. Pronto vi que se trataba de un pajarito, posado en los hierros exteriores, que chillaba desesperadamente, supongo que a su mamá. Pasaban los minutos y no aparecía nadie, así que me preocupó que el pajarito cayese al suelo (aunque sin duda algo volaba, ya que estaba en el mirador... ¿o vendría de un nido en la parte superior del edificio?). Sin dificultad lo recogí, era pequeñísimo, todo él abultaba menos que mi dedo pulgar. Era muy bonito, las plumitas prácticamente estaban formadas, pero al abrir el piquito se veía un color rosado en la boca propio de las crías. No parecía tenerme miedo (otra señal infantil), y su buche creo que estaba lleno. Pareció alegrarse del calor de mi mano (hacía frío y aire en el exterior), y se quedó como adormecido unos minutos. De su mamá no había rastros, ¿qué pajarito sería? Un gorrión seguro que no, este tenía un pecho leonado muy bonito, y una cola cortísima, amén de colores más variados que los de los gorriones en distintas plumas. Y cantaba de un modo tan raro... Un par de horas después escuché el canto de un jilguero adulto, con el pecho amarillo verdoso, repitiendo una y otra vez una melodía concreta: ¡sin duda su madre estaba buscando al pequeñín! Mientras tanto yo ya estaba hecho un mar de dudas ¿qué podía hacer con una cría así? ¿me la quedaba? En casa había dado pequeños saltos, y no parecía querer huír. Finalmente, lo puse en la ventana del mirador, y posiblemente más descansado y calentito, emprendió un vuelo de algunos metros. Volvía a cantar llamando a su madre. Al poco tiempo los sonidos de la madre y el hijo, perfectamente reconocibles, parecían acercarse. No lo vi directamente, pero casi con toda seguridad se encontraron y siguieron adelante con sus vidas. En los cipreses que crecen en la plaza, muchos pájaros tienen nidos, son unos árboles perfectos porque su enramado forma capas tan densas que seguro quienes viven entre ellas pueden soportar tormentas y aguaceros mejor que en otros sitios; creo que ahí es donde viven. Desde entonces me fijo más en el sonido de los jilgueros, su música aguda y armoniosa ahora ya no me resulta indiferente, y quiero pensar que "mi" jilguerito (al que quise llamar "Tony") es ahora un vecino más de la plaza de Santa Clara.

viernes, 8 de abril de 2011

Junior a veces me pica

(Del salón en el ángulo oscuro, acompañada de mí, Junior)

Ha pasado el tiempo, Junior ya es definitivamente adulta; es más pequeña que cualquiera de sus padres, y además nuestra niña mimada. Cuando el verano pasado la dejamos en el Indiana Camp de mi primo, durante nuestras vacaciones, nos pareció lo más natural que estuviesen juntas las tres, Amélie, Walter y Junior, aunque a la vuelta la pobra Junior tenía algún picotazo en el cuello; y es que no deja de intentar juntarse con sus padres, algo que ellos rechazan violentamente. Pero bueno, no va sobre eso mi pequeña reflexión. Desde hace algunas semanas, Junior es claramente receptiva a los galanteos de su papá, Walter, quien en un descuido nuestro llegó a montarla, y en la siguiente puesta uno de los dos huevos estaba fecundado, ¡qué barbaridad! Por cierto, veremos si esa única fecundación sirve para fertilizar los huevos durante mucho tiempo, tengo entendido que las gallinas son capaces de guardar y usar el esperma de los gallos a su antojo, veremos. Caramba, tampoco era de eso de lo que quería hablar, sino del comportamiento de Junior conmigo.

Junior eligió a mi pareja como la suya, y desde entonces su humor conmigo... varía. Por la noche nos solemos poner en el sofá, viendo la tele, y Junior encima, porque no quiere quedarse sola en su nido del pasillo, y por supuesto sus papás no permiten que se junte con ellos en el nido del balcón (aunque lo intenta continuamente, pobrecita). Y a veces... Junior me pica. Ataca mis manos, yo estoy tumbado y ¡me pica!; incluso mi oreja y mi labio han soportado sus iras. Otras veces no, al acercar los dedos me los acicala amorosamente, pero no siempre. Supongo que depende de sus hormonas, de su ciclo de fecundidad; y desde luego a mi pareja siempre la trata amorosísimamente, soy yo quien está en cuestión.

En cierto modo tengo algo parecido a una mala conciencia por hacerle vivir a Junior una vida antinatural, con parejas humanas; a Amélie en cambio la liberé de eso juntándola con Walter, y aunque añoro a veces su cariño inicial, sé que ella es muy feliz, y además a su modo es también muy cariñosa. Walter también sin duda es muy dichoso... por eso me esfuerzo al máximo en que Junior se sienta feliz, ¡la tenemos tan consentida! Pero es nuestra obligación, es una cuestión de responsabilidad.


jueves, 7 de abril de 2011

Una pareja ejemplar

(Amélie y Walter tomando el sol de primavera en el balcón, aún cerrado con plástico)

Las relaciones de las tórtolas entre sí, y con los seres humanos, son complejas. Cuando Amélie se coló por la ventana, y tomó posesión de mi piso como propio, estableció un vínculo muy especial conmigo y con mi pareja: nos acariciaba, nos acicalaba, era tierna y atenta. Poco después compramos a Walter, y automáticamente formaron una pareja maravillosa. Walter es más fuerte, pero vuela mucho peor; menos inteligente, pero más constante. Amélie es puro nervio, curiosa, segura de sí misma, nunca ha intentado picarnos, ni como un reflejo; basta abrir una caja de galletas, o un paquete de lo que sea, para que atraviese la casa como un rayo y se ponga encima de la muñeca. Walter al llegar a casa sufrió bastante, no toleraba nuestra presencia, tenía miedo, se hinchaba, huía. Incluso la primera vez que vio a Amélie salió despavorido. Ahora, Amélie le ha enseñado que somos "buenos", y todo es distinto, ya no nos tiene miedo, aunque difícilmente se deja acariciar; eso sí, busca nuestra compañía, y si Amélie se posa en uno de nosotros, se apresura a hacer lo mismo. Es un galán, y pasa todo el tiempo arrullando a Amélie, a Junior, a la tórtola de la caja de comida, a su reflejo en un espejo, a su sombra...

Cuando no están turnándose en el nido para empollar los huevos, (en los periodos en que el nido aún no tiene huevos, por ejemplo ahora), disfrutan de su mutua compañía. Es un error interpretar su relación con parámetros humanos; si así lo hiciéramos diríamos que "se quieren profundamente". Pero no, es algo más simple, más natural: forman una pareja de tórtolas. Eso sí, da gusto verlas tan atentas, tan perfectamente felices. Hace un rato estaban en su nido, apoyadas en el borde con medio cuerpo fuera, pero no sobre las patas, sino tumbadas ya para dormir. Parecían dos bolitas de plumas, porque cuando están descansando las ahuecan de una forma muy graciosa. Entonces me he acordado de una imagen que vi en el Museo del Cairo, una escultura de un matrimonio de nobles egipcios, es una obra de arte muy conocida y admirable, y por un momento he sentido que Walter y Amélie me transmitían, desde su nido, la misma sensación de majestad y serenidad. Viendo la foto, hasta los colores son parecidos, ¿a que sí? Aunque, claro, los colores de macho y hembra humanos están cambiados, pero por lo demás son similares. Ahí os lo dejo.


jueves, 17 de marzo de 2011

Paulo y Romana en el Indiana Camp, meses después

(En la imagen izquierda, Romana; a la derecha, Romana y Paulo)

Hace un par de fines de semana fui al Indiana Camp, la granja escuela de mi primo, al que le regalé dos hijitos de Walter y Amélie: Paula, de color blanco, y Romano, de color oscuro. Aunque crié a estas dos tórtolas sabiendo que su destino era no vivir conmigo, (cosa además imposible, ya que tener tres en mi pisito es una hazaña enorme), cuando llegó el día de separarme de ellas casi lo hice con lágrimas, y es que ambas dormían en mi mano, y dada la costumbre de los padres de desalojar del nido a sus crías muy pronto, al mes de vida, se habían encariñado conmigo, y no digamos yo con ellas. Mi primo tenía dos tórtolas que no criaban ni ponían huevos, a mi entender machos ambas, y aunque inicialmente Paulo y Romana ocuparon un jaulón donde ellas eran las únicas tórtolas, más tarde se reunieron con la pareja de mi primo.
Han pasado seis meses, más o menos, y he querido hacer una visita. Enseguida reconocí a Paula, porque es la única tórtola blanca, está preciosa, con su plumaje ya de adulta, a mi parecer más bonita incluso que Junior, de quien es hermana. Romano me costó un poco más de localizar, aunque finalmente también lo hice. ¿Creéis que me reconocieron? Si así fue, lo disimularon mucho, ya que me huían, con el mismo pánico del resto de las tórtolas, de ningún modo me permitieron una caricia, y se sintieron aliviadas cuando salí del jaulón.
Qué tonto me sentí, con mi bolita de miga de pan en el bolsillo, pensando que tal vez acudirían a mí enseguida; recordaba con remordimiento cuando las dejé, tuve que quitármelas de encima porque me volaban una y otra vez, y ahora... Dios mío, cuánto quiero a estas tórtolas.