(Dos huevos de tórtola)
miércoles, 9 de febrero de 2011
Dos huevos más para Javier
martes, 8 de febrero de 2011
¿Qué comen mis tórtolas?
(Junior y Amélie comiendo semillas de pimiento)
La base de su alimentación son las semillas preparadas; he probado varias marcas, y las que uso ahora las compro en Carrefour, en bolsas de 1 kg. Las comen bastante bien.
(Comida para tórtolas)
Según dice la bolsa, lleva además una serie de vitaminas, así que, en principio, esto podría ser la única alimentación de las tortolitas. Pero... no es así. Además de esto, comen:
1) Miga de pan. Les encanta, siempre y cuando sea reciente. Cuando vengo de la calle con la barra para comer o cenar, la abro por en medio, saco un trozo de miga, y voy formando bolitas del tamaño de un guisante, compactas y redonditas, que ellas engullen como si fueran caramelos. Sé que este alimento no tiene fibra, pero a ellas les gusta mucho. Voy contando las bolitas que les doy, a Walter le suministro unas 25, a las dos hembras unas 20.
2) Semillas de pimiento. He descubierto que les gustan a rabiar, de hecho se comen todas las que les puedo dar en pocos segundos. Cuando cocino pimiento, ya no tiro el rabito con las semillas del interior, sino que se lo doy a las tórtolas.
3) Arroz: Tanto crudo como cocido, siempre pican algunos granos con gran apetito.
4) Trocitos de verduras y frutas (pimiento rojo y verde, tomate, manzana, patata, zanahoria...): Siempre y cuando se lo pique en trocitos muy menudos, les gusta comer todo esto, tanto crudo como cocido.
5) Sal y azúcar. Si se lo pongo en pequeños montones, también comen un poquito de cada, y estoy seguro que les conviene.
Creo que en esto influye la imitación, ya que nos ven comer cosas variadas, preparar los alimentos... y de alguna manera intuyen que deben comer de lo mismo. Menos mal que cuando comemos pollo no se fijan mucho, si no, ¡qué susto para ellas, pobrecitas!
jueves, 27 de enero de 2011
El pollito de Javier sigue adelante
(A la derecha, el pollito hijo de Walter y Amélie; a la izquierda, uno de sus padres adoptivos)
En la segunda foto vemos con claridad que el hijo no tiene collar negro, tan usual entre las tórtolas; posiblemente se deba a que Amélie, su madre, también carece de él (a pesar de no ser blanca), al igual que Walter, su padre, de color totalmente blanco. Creo que es algo bastante insólito.
Pero lo importante es que el pollito ha salido adelante, está grandísimo, y es muy bonito, ¿no os parece?
El machismo como intimidación
(A la izquierda, Amélie; a la derecha Junior. Ambas son hembras, madre e hija)
Las tórtolas son muy territoriales. Al poco de nacer, cuando apenas les han salido las plumas y empiezan a alimentarse por sí mismas, los retoños son expulsados del nido sin demasiadas contemplaciones; fue lo que ocurrió con Junior. Mis tórtolas entonces se han repartido la casa, en zonas de influencia: el balcón exterior (protegido con un plástico en invierno), es para los padres, Walter y Amélie; la repisa del perchero, en el pasillo, es de Junior. En medio está el salón, y al otro lado la cocina, terrenos de pugna abierta, aunque el salón es un poco más de la pareja y la cocina un poco más de Junior. Cuando dos tórtolas están a la vez en un mismo espacio, comienza un juego de comportamiento donde influyen el poder físico, el estado de ánimo, la presencia o ausencia de seres humanos, de comida y quién sabe cuántas cosas más.
Pero este comentario quiero hacerlo para referirme a algo bastante insólito que no hace mucho estoy presenciando. Como ya he comentado anteriormente, el cortejo del macho a una hembra se compone, entre otras cosas, de una parada demostrativa en la que el macho hincha el pecho, y realiza una serie de "reverencias" acompañadas rítmicamente con un sonido peculiar, un canto profundo a modo de grito; Walter le dedica a Amélie estos movimientos, y como macho ávido que es, también a Junior, a su reflejo en el espejo, a la tórtola dibujada en la caja de comida, y al lucero del alba si llega el caso. Hasta aquí, todo normal. Lo que ya no lo es tanto es que Amélie, estando en el salón, y con la evidente intención de achantar a Junior y echarla de la habitación, adopta este mismo papel de macho con todo detalle: se hincha y canta, exactamente igual que un macho cortejando a una hembra, a pesar de que por supuesto Amélie es hembra.
Es decir, Amélie hace la parada nupcial a su hija Junior, y esta, molesta, se va. Es una tentación hacer comparaciones con los seres humanos, y también un error. Pero de lo que no cabe duda es de que el cortejo masculino supone también una demostración de superioridad física y por tanto de dominio, hasta el punto de que una hembra lo usa para ahuyentar a otra. Esto ocurre solamente en el salón (terreno neutral), puesto que si Junior entra al balcón (cosa que intenta a menudo), es expulsada sin contemplaciones a picotazos y aletazos (tanto si en el balcón están sus dos padres, como si solo hay uno cualquiera de sus progenitores); también Junior expulsa a los que entran en su santuario.
De paso, se comprueba lo extremadamente difícil que es averiguar el sexo de una tórtola por su comportamiento, ya que por ejemplo Amélie es claramente de mayor tamaño que Junior, canta, y hasta es capaz de cortejarla; si no fuera porque pone huevos, ¡cualquiera diría que es un macho!
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Queda un pollito
(La cría superviviente)
Hace unos días se abrieron los dos huevos que Walter y Amélie prestaron a las tórtolas del amigo Javier. Ayer este me dio la mala noticia de que uno de los pollitos ha muerto; queda este, que tiene todas las trazas de convertirse en una bonita tórtola de plumas oscuras, si todo va bien. Se ve perfectamente que tiene el buche bien lleno (seguro que sus papás se ocupan bien de que coma), es una auténtica monada.
Desde aquí deseamos que siga la crianza sin novedad, y poder exponer fotos del pollito ya crecido.
martes, 21 de diciembre de 2010
Camila se asoma al blog
Camila sobre la mano de su dueña
Camila y Fina se quieren mucho
Fina es una amiga de este pequeño blog. Su tórtola Camila es un encanto, por su tamaño, que me parece más bien pequeño, me recuerda mucho a Junior. Como veis, es una tórtola de plumaje blanco inmaculado, salvo el estrecho collar gris. La postura relajada con que se sitúa sobre la mano de Fina, y la caricia del pico contra la barbilla son un ejemplo de amor mutuo.
Cuanto más miro esta última foto más me gusta, así que, queridos amigos que podáis leer esto, con ella os deseo Feliz Navidad, que la blancura de Camilia y el amor de Fina sean para todos presagio de venturas para el año entrante, y ejemplo de cómo la verdadera felicidad está en las cosas pequeñas. El amor de un tórtola, su entrega y confianza pueden ser el primer paso para aprender a amar a cada uno como es, sin pretensiones ni condiciones. Las tórtolas nos quieren a pesar de que no somos de su especie, y son felices con un puñado de semillas, un rinconcito caliente y una caricia. Y nos dan tanta felicidad que solo quien tiene la suerte de vivir con ellas lo puede comprender. ¡Feliz Navidad!
¡Nacen dos tortolitas!
Hace un par de semanas entregué unos huevos fecundados de Amélie y Walter a Javier, un seguidor del blog que tiene una pareja de tórtolas pero que no consigue que pongan huevos fértiles. Y, con unas fechas de adelanto al día previsto, ¡los dos huevos se han abierto! Como es usual, hay más o menos un día de diferencia entre los dos pollitos; el mayor parece ser blanco, me dice Javier que el pequeño posiblemente es blanco también, ¡qué bonitos! A la espera de más fotos, tenemos esta que nos sirve de presentación oficial de las nuevas tortolitas. Ignoro si la tórtola grande es la madre o el padre, lo importante es que cuiden bien de estas pequeñuelas recién nacidas; también puede verse el nido, mucho más ortodoxo que mis cajas de plástico de los chinos forradas de papel.
Si alguien más quiere hacer lo mismo que Javier, con gusto le daré huevos fecundados. ¡Gracias por la foto, Javier, esperamos más en un futuro!
Si alguien más quiere hacer lo mismo que Javier, con gusto le daré huevos fecundados. ¡Gracias por la foto, Javier, esperamos más en un futuro!
lunes, 20 de diciembre de 2010
Andanzas de Walter
(Walter junto a un elefante blanco de Playmobil)
Walter tiene un carácter muy especial: es el único macho en el grupo de las tórtolas de mi casa. Es amorosamente correspondido por Amélie, pero esto no impide que Walter trate de aparearse con todo lo que le sale al paso: su sombra, su reflejo en un cristal, la tórtola dibujada en la caja de comida, su hija Junior... el último intento de cortejo lo ha tenido con un bonito elefante blanco que acabo de recibir de Alemania, y que se unirá a mi pequeña colección de animales de Playmobil (bueno, lo de "pequeña" es opinión mía, mi madre piensa de otro modo). Tras rendirse a la evidencia de que el paquidermo de plástico era totalmente inmune a sus encantos, Walter optó por comer, momento que queda captado en la foto.
Aparte de esto, Walter es más cariñoso que nunca conmigo, sé que no podrá jamás confiarse como lo hace Junior, ni siquiera como Amélie; pero a su manera da también su afecto, y aprecio sus avances más que los de las hembras, porque es él quien más ha cambiado. Cada vez que sale de su sitio para posarse en mi brazo o en mi hombro me da una gran alegría. Quedaron atrás el pánico y la animadversión de los primeros días... y, además, ¡es tan bonito! Su plumaje es, con diferencia, el más tupido y espectacular,
domingo, 12 de diciembre de 2010
Un año con Junior
(Junior calentándose junto a la estufa de infrarrojos)
El pasado mes de noviembre Junior cumplió un año de vida. Esta chiquitina se ha abierto un hueco en mi vida, la quiero mucho, más de lo que nunca supuse que podría querer a un pájaro. Nació en casa, se acostumbró a descansar encima de mi mano, y es la más limpia de las tres. Ya de pollito, cuando no tenía aún las plumas, sacaba el culito fuera del nido y dejaba caer los excrementos; cuando ahora está encima de mí, durmiendo la siesta, procura aguantarse las ganas. No se asusta si le acaricio la cabeza (Walter no lo soporta, y Amélie lo tolera, pero sin ganas). Le gusta que le rasque el cuello, todo alrededor, y corresponde picoteando mis dedos. Me sigue emocionando que se duerma sobre mi mano, las tórtolas no tienen un sueño profundo, duermen con un ojo abierto... pero cuando Junior duerme encima de mí sí se confía por completo, es como si dijera "yo no vigilo, estoy sobre ti, el problema es tuyo". Esa confianza, ese abandono, me conmueven mucho. Es más pequeña que su mamá, y mucho más que su papá. He aprendido a entender todos sus sonidos, el que más me gusta es el "ronroneo" (no se me ocurre una palabra mejor) que hace cuando está sobre mi hombro, porque es un sonido claramente de amor. Por las noches, cuando estoy en el ordenador, viene volando y se pone en mi hombro, como quien cumple un horario por deber. Cuánto la quiero.
Huevos de alquiler
(Walter y Amélie en su nido)
martes, 9 de noviembre de 2010
Un huevo fecundado
(Un huevo de cinco días visto al trasluz de una lamparita halógena.)
Últimamente el ciclo se repite: Junior pone un par de huevos más o menos a la vez que su mamá, Amélie; la diferencia está en que los de Junior no están fecundados y los otros sí, así que la estrategia consiste en quitárselos a Junior (quien rápidamente se olvida de ellos y comienza a convivir amorosamente con nosotros), y con esos huevos infértiles le damos un cambiazo a Amélie; así la pareja Walter/Amélie sigue incubando unos huevos, y su comportamiento es más tranquilo. Hoy precisamente hemos hecho uno de esos cambios, y antes de tirar los huevos fecundados a la basura se me ha ocurrido mirarlos al trasluz. Aunque solo habían pasado cinco o seis días desde la puesta del primero, ya era evidente su estado fecundo, pues se nota el embrión y sus sistema de venas que lo mantienen vivo. En la foto se aprecia perfectamente lo que describo. El otro huevo aún no mostraba el sistema de venas, porque lo puso un par de días después, pero supongo que también está fecundado. Ambos sorprenden porque están llenos de líquido (la clara), que no parece en absoluto un gel o algo denso, sino que se mueve como si fuera agua, y casi da la impresión de que el embrión "nada" por sí mismo, confieso que me ha dado un poquito de impresión tirar luego los huevos. Pero no podemos tener tantas tórtolas... tres ya son un triunfo.
jueves, 4 de noviembre de 2010
La maravilla del plumón
Plumón de Amélie - Vista general
Ya he comentado a veces la maravilla que suponen las plumas. Hoy he llevado al escáner una pequeña porción del plumón de Amélie, que se ha arrancado en uno de los procesos rutinarios del acicalado diario que todas las tortolitas practican con asiduidad. Lo primero que llama la atención es que este plumón, que cubre pecho y abdomen, constituye un tipo de plumas distinto por completo de las largas de las alas y la cola. Estas plumas son pequeñas, con forma avellanada, y una estructura bastante diferente; a continuación expongo algunos detalles ampliados de esta misma imagen; de todos modos, pulsando sobre cada foto se obtienen vistas aún más ampliadas, que tal vez os guste investigar.
Plumón - Detalle del tallo central
Las plumas del plumón van construidas a partir de un eje que va inserto en la piel por uno de sus extremos, como todas las plumas. Este eje o tallo central, llamado raquis, es el punto de partida de las barbas laterales. En el plumón la naturaleza de estas barbas va cambiando según la zona de la pluma; así, la parte interna, en contacto con la piel, tiene unas fibras muy finas y tupidas, que no siguen una estructura geométrica, como podemos ver en la foto siguiente; estas fibras son, el verdadero plumón.
Plumón - Detalle de las barbas internas
A medida que vamos recorriendo la pluma hacia la punta exterior, vemos que el plumón cambia su distribución anárquica por otra más elegante y ordenada, sobre barbas que a su vez se ramifican, en una estructura claramente fractal respecto de la pluma completa:
Plumón - Detalle de las barbas intermedias en disposición fractal
A medida que vamos llegando a la punta encontramos barbas más rígidas y grandes, mientras que el plumón propiamente dicho pierde presencia.
Plumón - Detalle de barbas cercanas a la punta de la pluma
Finalmente, en la punta de la pluma solo hay barbas rígidas:

A la vista de esta estructura se comprende que el plumón es un aislante de primera categoría para las tórtolas, a las que protege del frío y seguramente también del agua. Las tórtolas pasan mucho tiempo acicalándose, no solo para tener sus plumas peinadas, sino para impregnarlas con una grasa que sudan por una glándula especial, así que hay que imaginarse todas estas fibras ligeramente engrasadas, y por tanto impermeables.
Mis tortolitas no tienen que preocuparse por el frío o el agua, ya que están siempre a cubierto y calentitas, pero en las pocas ocasiones en que han estado expuestas a bajas temperaturas (digamos 10 grados), no me ha parecido nunca que estuviesen incómodas, ni mucho menos ateridas. Y es que saben mover sus plumas (algo parecido a cuando a nosotros se nos eriza el vello, pero mucho más controlado), de modo que ahuecan las que tienen plumón, y en ese momento parecen muy gorditas; sospecho que forman un colchón de aire caliente que las aísla del exterior de un modo muy eficiente.
¿No son las tórtolas maravillosas?
jueves, 21 de octubre de 2010
¡Las tórtolas renuevan todas las plumas!
(Plumas de la cola de Junior)
En un programa de TV, hace algún tiempo, vi cómo un águila a la que se le había roto una pluma de la cola era ayudada con la cuidadosa recomposición de la misma. Fue algo muy complicado, hubo que introducir un eje de metal en su interior, añadir parte de otra pluma, pegarlas las dos partes, reimplantar la pluma... y de ahí llegué a la conclusión de que esas plumas de la cola posiblemente no se renovaban.
Por supuesto el plumón resulta evidente que se cambia a menudo pero, ¿qué pasa con las plumas largas de las alas, y sobre todo de la cola? Hay que decir que empecé a notar cómo se les deterioraban, especialmente a Junior y Walter, es decir, las tórtolas blancas. Últimamente incluso se les caían, se les partían... las puntas estaban hechas una pena. Pero, con gran alegría, he notado que las tórtolas sí renuevan las plumas de la cola, y a semejanza de un cabello que creciera desde la raíz, tras la pérdida de una pluma otra viene pronto a sustituirla.
En la foto se nota perfectamente la diferencia entre las plumas viejas, más largas, con la punta oscura y deterioradas, y las nuevas, en una capa superior y totalmente blancas.
domingo, 17 de octubre de 2010
Amores de otoño
(Amélie y Walter acicalándose las plumas mutuamente)
Tras dos semanas empollando unos huevos infértiles, que procedían de Junior, finalmente Walter y Amélie se dieron perfecta cuenta de que no tenía sentido continuar con tan inútil tarea, así que comenzaron a cortejarse y darse mimos. En estas ocasiones da gusto verlos, tan cariñosos. Hay varios movimientos típicos de estos momentos, entre ellos el acicalamiento mutuo, consistente en el rápido repaso de las plumas del cuello, que realizan con una enorme habilidad; la foto superior da idea de ello, ya que está movida en la parte de las cabezas, pero creo que da una buena idea de en qué consiste.
Lamentablemente cuando aparezco con la cámara para grabar suelen interrumpir lo que hacen y me prestan atención, por lo que no es fácil captar su comportamiento. El vídeo final es ilustrativo, pero Walter solo canta un par de veces, cuando lo normal es que lo haga de modo constante mientras corteja a Amélie; corto la grabación justo antes de que Amélie se me suba encima de un salto.
lunes, 27 de septiembre de 2010
Lo que se guarda en un nido
(Walter en su nido, con diversos objetos curiosos)
Desde hace unos días, y tras la emancipación de sus dos últimos retoños, Amélie entró en celo, y más tarde puso dos huevos... se ve que no pierde el tiempo. Durante el fin de semana pasado fue la puesta del segundo, y aunque se los quitaremos, de momento sigue con ellos. Como es habitual, ambos progenitores se turnan en el empolle de los mismos; lo gracioso ha sido cuando, este domingo al llegar a casa, hemos visto los "papeles" que han llevado al nido para hacerlo mullido (práctica que solo realizan poco antes de poner los huevos): un billete de cinco euros, y un boleto antiguo de lotería primitiva, ¡parecía que habían jugado ellos a la lotería y les había tocado algo! La culpa, claro, es nuestra por dejar a su alcance ambas cosas... por suerte el dinero no estaba manchado y lo recuperamos sin novedad.
sábado, 18 de septiembre de 2010
En el Indiana camp
(Romana y Paulo acomodadas en el Indianacamp)
Hace unos minutos hemos dejado a Romana y Paulo en su nueva ubicación, dentro del Indiana camp. Se trata de un espacioso jaulón, donde ellas serán las únicas aves voladoras, por lo que espero que se sientan perfectamente bien. Pero no estarán completamente solas, porque unas simpáticas codornices saltan por el suelo. Tienen un par de comederos, y bebedero.
(Una de las codornices que acompañarán a las tortolitas)
Las pobres se han asustado un poco con la algarabía de las aves, y también porque sus vecinos a ambos lados son nada menos que dos rapaces, una de las cuales se ha tirado contra la reja que hace de frontera entre los dos jaulones... qué susto se han llevado. Mi primo Julio dice que no me preocupe, que en cuanto se acostumbren no les harán caso, y eso espero.
He vuelto a recorrer las instalaciones del Indianacamp, y he admirado docenas de especies de aves maravillosas.
(En orden: Faisán, Colipavas indias, Tórtola del Perú, Tórtola Diamante)
Aunque lógicamente veré poco a mis maravillosas tortolitas, tampoco es un adiós para siempre, espero visitarlas de vez en cuando y poner aquí sus noticias. Además, mi primo cuenta con otra pareja de tórtolas domésticas (posiblemente ambos machos, porque nunca han puesto huevos), que cuando pasen unas semanas acompañarán a Romana y Paulo en su jaulón, con la intención de que en el futuro tengan descendencia (suponiendo que Romana sea, como parece, una hembra).
Aunque lógicamente veré poco a mis maravillosas tortolitas, tampoco es un adiós para siempre, espero visitarlas de vez en cuando y poner aquí sus noticias. Además, mi primo cuenta con otra pareja de tórtolas domésticas (posiblemente ambos machos, porque nunca han puesto huevos), que cuando pasen unas semanas acompañarán a Romana y Paulo en su jaulón, con la intención de que en el futuro tengan descendencia (suponiendo que Romana sea, como parece, una hembra).
Adiós, tortolitas

(Romana dormida sobre el pecho de uno de nosotros)
Y mañana, en unas horas, llegará la separación. Es el momento de que Romana y Paulo cambien de residencia y vivan en el Indiana camp, la granja-escuela cercana a Toledo que regenta mi primo Julio. Para eso nacieron, sin ese fin no habrían nacido, ya que cinco tórtolas es un número demasiado alto como para tener en un piso pequeño de Madrid.
Me da pena, claro. Esta última semana, especialmente, se han hecho querer; Paulo, el más activo, nos busca directamente, volando a nuestras cabezas por gusto o si Walter lo persigue. Romana, más tranquila, nos acompaña en la siesta, tumbados encima de nosotros cuando dormimos en el sofá. Hoy han viajado a Toledo, escala intermedia, sin quejarse por la estrechez de la jaula, y luego, dóciles, se han quedado dormidas en un rincón tranquilo. Ahora serán los niños quienes pondrán sus manitas para ellas se posen, y reciban una caricia o una golosina.
Ojalá sean felices allí, porque las queremos mucho.
Paula es Paulo; Román es Romana (o "Romy")
(A la izquierda, Paulo; a la derecha, Romana)
Tenemos que rectificar el nombre de las tórtolas. La razón es que ahora, cuando tienen ya cinco semanas de edad, creemos que la asignación de sexos que hicimos está equivocada, ahora pensamos que la tórtola blanca es una hembra, y la de color un macho, por lo que sus nombres serán, respectivamente, "Romana" (o "Romy" para los amigos), y "Paulo". Estas son nuestras razones:
- Paulo nació un día después, era la cría pequeña. Sin embargo ahora es claramente mayor que Romana.
- Paulo intenta cortejar a Romana, a pesar de que todavía no canta, solo pía. Pero hace los típicos movimientos de cabeza arriba y abajo, hinchando el pecho.
- Romana se muestra retraída, sin señal de cambios hormonales, coherente con el hecho de que la maduración sexual de las hembras es a los seis meses.
Ya hace tiempo notamos que la tórtola oscura volaba mucho mejor que la blanca, y era mucho más activa, pero no sacamos ninguna conclusión; ahora pensamos que la "raza" blanca es peor voladora que la "raza" oscura, independientemente del sexo.
viernes, 17 de septiembre de 2010
Foto de familia
(Nuestras cinco tórtolas reunidas)
No es fácil ya poner todas las tórtolas en un mismo plano fotográfico, pero por un segundo lo he conseguido. En la foto, arriba a la izquierda, en el borde de la mesa, Junior; más a la derecha, arriba y mirando con la cabeza vuelta, Román. En el bol de comida están subidos Walter (izquierda) y Paula (derecha); por fin, en el borde inferior de la mesa, Amélie.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Tomando confianza
(Román y Paula sobre las manos)
Tenemos que apurar cada día para que Paula y Román se habitúen a nuestra presencia, y a ser posible la busquen, así luego en su nuevo destino harán las delicias de los niños. Ya no son tan ariscos, y no se asustan casi nada cuando los cogemos, incluso aceptan quedarse un buen rato encima, acostándose. Comen perfectamente de nuestra mano, así que la cosa va bien.
En el mes que tienen de vida ya han empezado a mostrar su personalidad; Román (¿será realmente un macho?), el mayor, se muestra más tímido que Paula. Es quien más se asusta, y curiosamente se parece a su papá Walter (¿por ser macho? ¿por ser blanco?), tanto en ese timidez como por ejemplo en aceptar agua y beber con mucha más frecuencia que Paula. También es el menos activo, se queda amodorrado con facilidad, y prefiere a menudo estar tumbado que corretear o volar. Paula (¿será realmente una hembra?), es quien nos busca con más afán, come con mayor habilidad, y mantiene un nivel de actividad mayor.
La suerte es que los papás, Walter y Amélie, aceptan bastante bien la presencia de sus crías, y por ejemplo duermen las cuatro tórtolas en el balcón; en cambio Junior tiene que mantenerse siempre bien separado de sus padres, y también de sus hermanos, a los que picotea si nos descuidamos. Indudablemente las tórtolas son un ejemplo de buenas relaciones amorosas, pero en absoluto de buenas relaciones familiares.
martes, 7 de septiembre de 2010
Tórtolas adolescentes
(A la izquierda Román, a la derecha Paula. Cuatro semanas de vida)
Román y Paula están ya en plena adolescencia. No son adultos, pero a simple vista ya parecen tórtolas formadas, hechas y derechas. Sin embargo, algunas sutiles diferencias delatan su estado juvenil. En primer lugar, está el menor tamaño de ambas respecto de sus padres, aunque la diferencia cada vez es menor; en este momento, tras un mes de vida, son más o menos el 80% de un adulto.
Físicamente quizá la diferencia más apreciable es la longitud de los picos; resulta curioso, pero los picos de las tórtolas adolescentes son mayores que los picos de los adultos, tanto en longitud como en grosor. Ya comenté esto para el caso de Junior, y la explicación reside en que siendo pollitos se alimentan introduciendo el pico en el gaznate de sus progenitores, por lo que interesa que sean largos pero blandos, como realmente ocurre. En estos días asistimos por tanto a un proceso de retracción y endurecimiento de los picos; posiblemente esto también es necesario para que puedan usar su pico en la alimentación independiente, cogiendo con él granitos y semillas, ya que da la impresión de que con el pico infantil no pueden hacerlo, y en unos días pasan de apenas poder comer por sí mismos a hacerlo admirablemente bien. En la siguiente foto vemos a Amélie con Paula, y ahí podemos comparar sus picos.
(Amélie y Paula en el nido)
Es curiosa la actitud de Amélie y Walter respecto a sus nuevos hijos, en comparación a lo que ocurrió con Junior, pues aún consienten tenerlos a su lado, y aunque ya no los alimentan (a pesar de que ellos insisten en solicitarlo), los acarician con mimo. Sospecho que pronto dejará de ser así, de todos modos.
Otra diferencia notable es el color de las patas, pálido en el caso de los jóvenes y más oscuro en los adultos:
(A la izquierda, patas de Paula; a la derecha, de Amélie)
En estos días Román y Paula se están acostumbrando a nuestra presencia, nos relacionan con tener comidas y cosas buenas, y eso es bueno porque de lo que se trata es de que acepten la presencia humana con agrado, para así dejarse coger por los niños que vayan al Indiana Park de mi primo Julio, que será su hogar. ¿Me dará pena? Un poco sí, pero hoy mismo he quitado dos nuevos huevos a Amélie... Román y Paula son dos "huevos con suerte", y no podría tener tantas tórtolas en casa.
Como despedida, un vídeo de Román y Paula pidiendo comida a Amélie; ya no se la da, pero sirve de ilustración del modo en que los pollitos piden de comer, ¿no es tierno?
domingo, 29 de agosto de 2010
Román y Paula se presentan
(Román, a la izquierda, color blanco. Paula, a la derecha, color beige. Tres semanas de vida)
He dejado pasar una semana completa desde el último articulito, porque tampoco quería aburrir con una descripción de lo que pasa cada día, ¿qué os parece el cambio? Los pollitos ya son tórtolas juveniles, a las que hemos decidido bautizar con los nombres de "Román" y "Paula"; seguimos apostando porque el blanco es macho y el ejemplar beige es hembra, realmente sin base alguna salvo la intuición. ¿De dónde han salido los nombres? Pues fácil: de los santos del día que nacieron.
Empiezan a desarrollar una personalidad, Paula parece más decidida, y Román más simple y desconfiado con nosotros... exactamente como Amélie y Walter; lo que no nos atrevemos a conjeturar es si pesa más el color o el sexo, es decir, ¿Paula parece ser de un carácter similar a Amélie porque también es hembra, o porque la variedad de plumas beige es así? Y lo mismo con Walter y Román.
Como ocurría con Junior a esta edad, siguen reclamando comida a los padres, quienes a veces los ceban, pero también son capaces de comer granitos de comida, aunque con poca habilidad; más les vale desarrollarla, porque a las tres semanas Amélie dejó de cebar a Junior definitivamente. Lo que pasa es que Walter es tan padrazo...
Por cierto, Junior no está muy contenta con la presencia de sus nuevos hermanos, como era de esperar se muestra celosa y si no lo impidiéramos, los picaría, aunque ellos frente a Junior se muestran pasivos o bien suplican comida con su típico piar lastimero y movimiento rítmico de alitas plegadas.
La foto inferior muestra a las tortolitas nuevas con sus padres, así podéis comparar tamaños. Román es inmaculadamente blanco, como Junior o Walter, pero Paula no coincide exactamente con la coloración de Amélie, es menos naranja y más rosa-gris; además, parece que no tendrá collar blanco, ni puntas blancas de plumas.
Por último, y dicho con toda seriedad, si alguien se compromete a cuidar amorosamente a una tórtola, y quiere que yo se la críe las primeras semanas, que se ponga en contacto conmigo...
(De izquierda a derecha: Román, Amélie, Paula y Walter)
domingo, 22 de agosto de 2010
Dos pollitos, dos semanas
(Pollitos de trece y catorce días)
Felizmente los pollitos han sobrevivido sin novedad al fin de semana, y parece que superarán la frontera de las dos semanas sin apuros especiales; su peso, 86 y 80 gramos respectivamente, posiblemente se estabilizará, e incluso, si ocurre lo mismo que con Junior, bajará algo, pues los padres irán distanciando las cebas. Más allá de eso, y aunque sigan teniendo cierta fealdad adolescente, el naciente plumaje les da un encanto maravilloso. Por primera vez los hemos cogido en las manos, y aunque al principio se han asustado un poco (el blanco casi vuela), pronto han aceptado con naturalidad nuestro manoseo.
Tener un pollito en las manos es un privilegio, ojalá muchos escolares disfruten de él.
viernes, 20 de agosto de 2010
Ante el fin de semana
(Pollito con once días. ¿No es el vivo retrato de su madre?)
miércoles, 18 de agosto de 2010
A toda máquina
(El pollito de la izquierda tiene diez días, el de la derecha, nueve)
Con toda la fuerza que les da mamá Naturaleza, ya tenemos a nuestros pollitos casi a medio camino entre el huevo y la fase adulta, al menos en lo que se refiere al peso: 83 y 72 gramos son la mitad del peso de los adultos. El pequeño, oscuro, parece que crece más lentamente, aunque parece perfectamente sano, ¿se tratará de una hembra, y el blanco en cambio será macho? Si así ocurriera, resultarán muy similares a sus propios padres, Walter y Amélie.
Como hago siempre, las fotos van en muy buena resolución, aconsejo apreciarlas con el aumento máximo. Los restos que se observan casi siempre en las fotos, sobre todo cerca del pico, son residuos de comida, no de heces; y pocos son, teniendo en cuenta que introducen completamente los picos en el gaznate de sus señores padres...
Nos acercamos al fin de semana, cuando rebasarán la línea de las dos semanas y su supervivencia resultará más asegurada; lástima que esos días no estemos en casa... pero no adelantemos acontecimientos.
martes, 17 de agosto de 2010
Llegan las primeras plumas
(La tortolita de la izquierda tiene ocho días, la de la derecha, nueve)
Ya no es necesario imaginarse ni suponer nada: los pollitos nos están mostrando sus plumas, que van floreciendo a toda velocidad. Su peso ahora es de 62 y 75 gramos, con lo cual el pequeño parece que se estanca un poco. De todas maneras, como parece que su buche no está vacío, y el peso fluctúa a lo largo del día, no encendemos aún las sirenas de alarma; además, parece despierto y vivo, como su hermano blanquito.
Además de cuidar la alimentación de sus padres (que los pobres están hambrientos todo el día), también estamos siendo especialmente cariñosos con Junior, hermano al fin y al cabo de los recién nacidos, que parece un poco triste y taciturno. O son figuraciones nuestras.
Incorporo una foto del mismo dorso de ayer, son 24 horas, pues, las que separan esta foto de la de la entrada anterior, resulta curioso comparar qué cosas han cambiado en tan poco tiempo.
Crecimiento rápido
(El pollito de la izquierda tiene siete días; el de la derecha, ocho)
El crecimiento de los pollitos podemos calificarlo, sin pecar de hiperbólicos, como de espectacular. De hora en hora (literalmente), se observan cambios ostensibles. El aumento de peso sigue siendo muy notable (65 y 70 gramos), mientras que los padres quedan cada vez más exhaustos alimentándolos; y han perdido peso, Amélie ahora alcanza nada más los 150 gramos, es decir, poco más que los dos pollitos juntos. Y le queda aún una semana de alimentarlos... bueno, a ella y a Walter, como puede verse en esta foto:
(Walter alimentando a los pollitos)
Da un poco de escalofrío verlo, ¿no parece un poco que se lo están comiendo? En fin, dejemos actuar a la naturaleza. Ah, hoy hemos incorporado a la dieta de los padres unos granitos muy finos que les gustan bastante, porque nos da la impresión de que pasan hambre con la pasta de cría; esperemos no tener que lamentarlo.
Al llegar y pasar la semana de vida, muchos son los cambios en los pollitos, que tienen ya los ojos abiertos con claridad, y se empiezan a interesar por lo que les rodea. Los pelitos que les salieron al poco de nacer, y luego fueron organizándose, ahora están "floreciendo", en lo que por ahora es solo un vago plumón, y pronto serán plumas. La foto siguiente muestra el dorso del pollito mayor, de ocho días, que con toda seguridad será blanco, recomiendo ampliarla y observarla con atención: es una maravilla.
(Plumaje incipiente en un pollito de ocho días)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









































