martes, 17 de agosto de 2010

Llegan las primeras plumas

(La tortolita de la izquierda tiene ocho días, la de la derecha, nueve)


Ya no es necesario imaginarse ni suponer nada: los pollitos nos están mostrando sus plumas, que van floreciendo a toda velocidad. Su peso ahora es de 62 y 75 gramos, con lo cual el pequeño parece que se estanca un poco. De todas maneras, como parece que su buche no está vacío, y el peso fluctúa a lo largo del día, no encendemos aún las sirenas de alarma; además, parece despierto y vivo, como su hermano blanquito.

Además de cuidar la alimentación de sus padres (que los pobres están hambrientos todo el día), también estamos siendo especialmente cariñosos con Junior, hermano al fin y al cabo de los recién nacidos, que parece un poco triste y taciturno. O son figuraciones nuestras.

Incorporo una foto del mismo dorso de ayer, son 24 horas, pues, las que separan esta foto de la de la entrada anterior, resulta curioso comparar qué cosas han cambiado en tan poco tiempo.

 

Crecimiento rápido

(El pollito de la izquierda tiene siete días; el de la derecha, ocho)


El crecimiento de los pollitos podemos calificarlo, sin pecar de hiperbólicos, como de espectacular. De hora en hora (literalmente), se observan cambios ostensibles. El aumento de peso sigue siendo muy notable (65 y 70 gramos), mientras que los padres quedan cada vez más exhaustos alimentándolos; y han perdido peso, Amélie ahora alcanza nada más los 150 gramos, es decir, poco más que los dos pollitos juntos. Y le queda aún una semana de alimentarlos... bueno, a ella y a Walter, como puede verse en esta foto:


(Walter alimentando a los pollitos)

Da un poco de escalofrío verlo, ¿no parece un poco que se lo están comiendo? En fin, dejemos actuar a la naturaleza. Ah, hoy hemos incorporado a la dieta de los padres unos granitos muy finos que les gustan bastante, porque nos da la impresión de que pasan hambre con la pasta de cría; esperemos no tener que lamentarlo.

Al llegar y pasar la semana de vida, muchos son los cambios en los pollitos, que tienen ya los ojos abiertos con claridad, y se empiezan a interesar por lo que les rodea. Los pelitos que les salieron al poco de nacer, y luego fueron organizándose, ahora están "floreciendo", en lo que por ahora es solo un vago plumón, y pronto serán plumas. La foto siguiente muestra el dorso del pollito mayor, de ocho días, que con toda seguridad será blanco, recomiendo ampliarla y observarla con atención: es una maravilla.

(Plumaje incipiente en un pollito de ocho días)

domingo, 15 de agosto de 2010

Regreso del fin de semana

 (El pollito de abajo tiene seis días, el de arriba siete. Hemos limpiado el nido, desde ahora lo haremos a diario)

Con la pequeña incertidumbre por ver cómo se las han apañado dos días las tórtolas solas en casa, regresamos del fin de semana comprobando que todo está bien. Las crías ahora pesan 54 y 60 gramos cada una, y tienen seis y siete días de edad respectivamente. Ya se empiezan a observar atisbos de plumas, sobre todo en las puntas de las alas. El nido se ha ensuciado bastante, porque están comiendo muchísimo, en ese sentido sus padres las están criando de maravilla. La foto superior es de hoy domingo, debajo queda el vídeo que fue grabado en realidad el viernes, donde se aprecia cómo se alimentan. Es un poco "fuerte" la escena, parece que se están comiendo viva a su madre (y no, claro); la cosa irá siendo cada vez más peliaguda, ya que el crecimiento es rapidísimo y las diferencias de tamaño entre padres e hijos se van recortando; claro que por lo menos son dos esta vez los que alimentan... durante el periodo de "lactancia" las bocas de los papás presentan un aspecto raro, porque las plumas cercanas se descolocan, hay como calvas, y además a veces les quedan restos de comida. Nada de eso es grave ni dejará secuelas permanentes.

viernes, 13 de agosto de 2010

La nueva convivencia

 (De izquierda a derecha: Junior, Amélie, y Walter)

Las tórtolas, como los seres humanos, redefinen su carácter y sus relaciones con el tiempo; esto es muestra de su complejidad, es decir, su carácter es más complicado que, por ejemplo, el de un hámster. Las tres tórtolas vivieron un episodio de tres semanas de convivencia estrecha sin supervisión, cuando quedaron en la granja-escuela hace ya más de un mes, y ahora se ha producido la llegada de las dos crías a la casa. Quien más ha variado con todo esto es Walter, quien, por lo pronto, está dando de comer a sus crías (noticia excelente, porque dar de comer es algo muy cansado, y así no será solo Amélie quien se encargue), y además parece buscar nuestra compañía mucho más que antes; su carácter, más asustadizo y arisco desde el principio, se ha dulcificado mucho, y ahora acude a nuestra mano cuando lo llamamos, algo impensable hace unos meses.

En la foto vemos cómo las tres tórtolas pueden compartir un espacio muy estrecho, y aunque a veces optan por picotearse o darse aletazos para espantarse, en general su convivencia ha mejorado muchísimo.

jueves, 12 de agosto de 2010

Jueves: cuatro días

(El pollito de arriba tiene cuatro días, el de abajo, tres)


Voy dejando constancia del paso del tiempo, que en estas edades tan tempranas se nota de día en día, ¿o no?. Por primera vez los hemos pesado, tienen 42 y 32 gramos respectivamente; evidentemente, el clarito, con un día más de vida, es el de mayor peso.

Por primera vez hoy ha habido algunos minutos en que los pollitos se han quedado solos en el nido, ya que Amélie está rompiendo sus turnos para darse algún paseo, en lo que parece un proceso normal. Si os fijáis en la foto, bajo la cabeza está el buche, una bolsa ahora casi transparente donde se deposita la comida; se adivina el color amarillo del alimento, ya que los dos pollitos tienen el buche lleno.

En el momento en que nacieron los pollitos hemos cambiado el régimen alimenticio de sus padres, a los que ofrecemos como única opción alimenticia pasta de cría, que se vende por cajas en tiendas de animales; esta pasta es un preparado muy pulverizado que contiene huevo, proteínas, miel... pero que a mi entender es importante sobre todo porque impide que los pollitos se atraganten con trozos grandes, como ocurrió con el hermanito de Junior la vez anterior. Esta pasta decría tiene un color amarillo muy llamativo, que es el que se trasluce en los buches.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Han pasado tres días

(El pollito de la parte superior tiene dos días; el de la inferior, tres días)


 Esta puede ser la "foto oficial" de presentación de los nuevos pollitos. La diferencia de tamaño nos indica claramente quién nació antes. Por primera vez veo un pollito oscuro, ya que tanto Junior como su hermanito que vivió solo una semana presentaban el aspecto sonrosado que vemos en la parte de abajo. En los tres días de vida que tiene el pollito mayor, ya ha tenido tiempo para empezar a estructurar los nacientes cañones; en cambio, su hermano oscuro presenta un pelaje muy diferente, desorganizado pero aparentemente más frondoso.

Aún es pronto para ello, hasta las dos semanas no empiezan a tener una cierta autonomía, y más aún, la primera semana posiblemente es crítica para su supervivencia. Pero habrá que empezar a pensar en nombres, ¿alguna sugerencia?

lunes, 9 de agosto de 2010

Nuevas tórtolas en casa (2)

(Las dos crías recién nacidas)

Ayer domingo, al llegar de Toledo, había ya un pollito en el nido. La cascarita estaba en el suelo del salón, así que Amélie o Walter se había tomado la molestia de sacarla del nido. Hoy lunes, día nueve, ha salido el segundo pollito, así que tenemos de nuevo crías, cosa que no ocurría desde el nacimiento de Junior, hace ya bastantes meses. Esa pasada experiencia esperamos que nos ayude ahora, para evitar errores. Por ejemplo, desde el viernes hemos cambiado el régimen alimenticio de los padres (no el de Junior), permitiéndoles únicamente consumir pasta de cría. Este alimento, que se vende en pajarerías, es un polvito amarillo trufado de semillas minúsculas, que cumple una doble función: por un lado tiene unas características nutricionales óptimas, y por otro evita que los pollitos se atraganten; precisamente el hermanito de Junior murió a la semana por asfixia, atragantado con la miga de pan que su mamá le dio.

Será también muy intersante ver cómo se comporta Walter. Cuando nació Junior no lo reconoció como hijo, desentendiéndose del empolle de los huevos y luego de la crianza de los pollitos, más aún, importunando a Amélie para que le hiciera caso a él y no a sus hijitos. Esto lo achacamos a que pasó un tiempo cortísimo desde la llegada de Walter hasta el nacimiento de Junior, con lo que su instinto paternal no tuvo tiempo para desarrollarse. Esta vez las cosas son distintas, y no solamente ha empollado los huevos, sino que continúa el régimen de turnos con Amélie sobre los pollitos; aún no hemos comprobado si también los alimenta, sería algo muy curioso. (La alimentación de los pollitos se efectúa de pico a pico, regurgitando la madre parte del alimento ingerido, en forma de una especie de papilla).

Nuevas tórtolas en casa (1)

Amélie y Walter preparando el nido para sus hijitos

En la granja escuela de mi primo Julio, donde pasaron unos días este verano Walter, Amélie y Junior, hay ya un par de tórtolas domésticas, de coloración parecida a la de Amélie. Cuando Julio vio el trato que tengo con mis tórtolas, que se dejan acariciar, van a la mano, etc., me dijo que eso sería ideal para los niños, porque sus tórtolas no tienen esa accesibilidad. Especialmente Junior es absolutamente dócil, y no intenta escaparse si le haces una caricia, lo cual se explica porque desde que era pollito, antes de tener sus plumas, ya andábamos con él en la mano, así que para él el contacto humano es sinónimo de seguridad.

El caso es que, para corresponder al favor de haberse quedado con las tórtolas tres semanas, le prometí criar un par de ellas, tenerlas en casa el tiempo suficiente para que se acostumbraran al contacto humano, y luego dárselas. Hace un par de semanas, en la última puesta, le permitimos a Amélie quedarse con sus huevos sin sustituirlos por otros no fecundados.

Lo primero que tengo llama la atención es que el comportamiento de Walter y Amélie ha sido un poco diferente en esta ocasión; coincide en que se turnan rigurosamente en el empolle de los huevos (Amélie pasa la noche sobre ellos, sobre las doce de la mañana Walter la releva, y más o menos a las cinco de la tarde vuelven a cambiar, así que, en realidad, Amélie empolla diecinueve horas y Walter solo cinco); pero, lo que ha cambiado, es su empeño por acomodar el nido, incorporando hojas de las plantas que andan por casa, papelitos, y un sinfín de objetos que tenemos que supervisar, porque a veces son peligrosos (trozos de alambre, tornillos...), o importantes (billetes de metro en vigor). De algún modo ellos saben que los pollitos se acercan, tal vez por que vibren, o por la temperatura, pero no cabe duda de que este empolle ha sido distinto de los anteriores, que no eran viables.

viernes, 30 de julio de 2010

Rejillas para la libertad


La ventana de la alcoba, con rejilla

Qué calor hace en Madrid este verano. En invierno las ventanas están habitualmente cerradas, como es natural, y tal y como expliqué en una entrada anterior, en el balcón pusimos un cerramiento de rejilla de plástico, que en invierno además forramos con plástico, pero ahora, claro, está al aire. Pero, ¿y el resto de la casa? Al llegar el calor lo que apetece muchas veces es tener las ventanas abiertas, cosa que solo podíamos antes hacer por la noche, y esto incuso con restricciones, ya que si las dejábamos abiertas hasta el amanecer, cualquiera podría salirse.

El asunto de dejar en libertad a las tórtolas ya lo tenemos resuelto: sabemos que no son capaces de vivir fuera del entorno doméstico, es más, que aquí son totalmente felices, pero eso no impide que den un vuelo y luego no sepan volver, o regresen al balcón de la vecina con sus gatos... De hecho, hace unas semanas Walter se encontró la ventana del baño abierto, y, bobo de él, se atrevió a dar un vuelo... en realidad fue prácticamente una caída controlada, porque de las tres tórtolas él es precisamente el que peor vuela. Lo recogimos del suelo, un tanto aturdido, pero todo quedó ahí.

Había que solucionar esto, y lo hemos hecho colocando en todas las ventanas de la casa una rejilla igual que la del balcón. En la foto se ve la de la alcoba; va sujeta con tres clavitos por arriba, el resto está suelto, y por abajo queda pillada entre el marco y las jardineras, así podemos regar con facilidad. Ahora cuando hay aire fresco lo disfrutamos, y hemos recuperado la libertad de tener las ventanas abiertas, sin preocuparnos de dónde está cada una. Un acierto, y si a alguien le sirve, una recomendación.

domingo, 18 de julio de 2010

Recogiendo a las tres tórtolas de su residencia veraniega

  Walter, Amélie y Junior han pasado perfectamente las vacaciones en el Indiana Camp

Hoy domingo he pasado por las instalaciones donde dejamos nuestras tórtolas mientras viajábamos a Francia. En total, han sido tres semanas justas sin ellas, y he de decir que están perfectamente. Nada más entrar al jaulón, se me subió Amélie. Yo diría que están más cariñosas, y cuando por fin han vuelto a su espacio en Madrid creo que se han sentido bien a gusto; tal vez me lo invento, pero creo que es así. Walter también está más dócil, parece buscar nuestra compañía con espontaneidad, aunque por supuesto sigue en su línea de acompañar a Amélie en todo lo que haga: no consiente en separarse de ella.

Por su parte, Junior me sorprendió un poco, porque parecía casi que me huía en el jaulón, y aunque la recogí con facilidad, me extrañó esa actitud. Luego comprendí el por qué: tiene unas claras marcas de picotazos en la cabeza, sin duda propinados por Walter, pero luego ha vuelto a la normalidad. Claro, no tiene pareja, y cuando está junto con sus padres y nadie más tiende a formar grupo con ellos, cosa que su padre no consiente; ahora la cosa es distinta, porque siempre estamos nosotros para defenderla de su papá. Los picotazos no son graves, y las pequeñas calvas en las plumas espero que se recuperen con el tiempo.

Lo importante es que las tórtolas han resistido el viaje de ida de Madrid a Toledo, tres semanas en un jaulón con otras especies de aves, y el viaje de vuelta a casa. Y, ojo, que los viajes han sido bastante pesados, en jaulas, y con un calor horrible.

Ah... qué gusto, por fin en casa.

sábado, 17 de julio de 2010

Sorpresa: Ícaro salvado

      Ícaro: un pollo de paloma torcaz salvado in extremis

Mañana, por fin, recogeré a Walter, Amélie y Junior de su alojamiento vacacional, para volver conmigo a Madrid; ya os contaré qué tal ha ido todo, pero estoy tranquilo porque me confirman una y otra vez que todo ha ido bien, incluso Amélie ha puesto un huevo.

Pero esta anotación se refiere a otra cosa. Ayer viernes en mi casa de Madrid, cuando estaba ya sentado al volante del coche, para venir a Toledo, observé algo que me llamó la atención: una urraca, esos pájaros negros y blancos que desde hace unos años pueblan nuestros jardines urbanos, estaba picoteando a un pajarito caído, posiblemente un gorrión. No tuve valor para presenciar la escena, y me bajé del coche. La urraca voló, y así comprobé que el pajarito caído no era un gorrión, sino una cría bastante más grande, del tamaño casi de una tórtola adulta; era una paloma torcaz, de esas grises con un collar blanco. Su madre, posada en una rama a un par de metros sobre el suelo trataba de alejar a la urraca a picotazos.

No había modo de subir al pollito a su nido, posiblemente en lo alto del enorme pino. No parecía herido, y tenía el buche totalmente lleno; estaba empezando a echar las plumas de las alas, y aunque su aspecto es feote y hasta desagradable, con ese pico hinchado y el cuerpo desnudo, sin duda será una paloma torcaz encantadora. Me lo he traído a casa, a Toledo, donde ha pasado una noche tranquila, aceptó apenas unas gotas de agua. Por la mañana estaba espabilado y mostraba una agresividad que habría sido inusual en una tórtola y supongo que en una paloma doméstica. Mi primo Julio, el dueño de la granja-escuela donde están mis tórtolas hasta mañana se ha hecho cargo de Ícaro (que es el nombre que le he puesto al pollito, por aquello de haberse caído), y lo ha llevado al Convento de San Antonio, donde se encargará de su crianza Sor Consuelo, una monjita famosa por su mano con los animales, que precisamente anda buscando un par de palomas torcaces.

Una historia, pues, con final feliz.

domingo, 27 de junio de 2010

En el Indiana Camp

De izquierda a derecha: Amélie, Walter, y Junior
 
Finalmente, hoy han quedado instalados en la Granja-Escula de mi primo Julio las tres tórtolas que protagonizan este blog: Amélie, Walter y Junior, por orden de aparición. Estarán en un jaulón grande, comunicado incluso con otro, en el que en principio no deberían tener problemas de ningún tipo, ya que por supuesto disponen de comida y agua, y las otras aves que allí están son compatibles con ellas: tórtolas diamante y otros pájaros menores, como jilgueros, o bien gallinas, faisanes y aves que no vuelan. En la foto, Amélie y Walter, siempre con muestras constantes de cariño mutuo, y detrás Junior. Parece que estar en un nuevo entorno ha frenado el sentimiento territorial de Walter, que no ha atacado a su hija y ha tolerado incluso su proximidad, lo que es un pequeño consuelo, ya que a menudo Junior ha intentado sin éxito buscar la compañía de sus padres.

Me ha desazonado un poco ver que no han bebido, en el poco tiempo que yo he estado presente, a pesar de que por fuerza debían de tener sed, ojalá se adapten a los bebederos y comederos que hay instalados.

Esta es, no cabe duda, una pruba de fuego para las tórtolas, y para mí. Si por lo que sea no pueden sobrevivir, significaría en la práctica que hay un impedimento fortísimo para que yo pueda tener tórtolas en casa, porque querría decir que no puedo ausentarme más que poquísimos días de ella, y no puede ser que así deba ocurrir para el resto de mi vida. Me daría muchísima pena, eso sí, si alguna de ellas fallece en estas dos semanas, no digamos si mueren todas.

Sé que es una perspectiva muy pesimista, que además no resulta lógica; lo natural es que el entorno que tienen ahora, objetivamente mejor que el de mi casa, les resulte al menos suficiente para sobrevivir. Solo carecerán de una cosa: seguimiento y cuidado personalizado prácticamente constante.

Pero, por duro que sea el resultado, me parece importante que quede constancia de lo que ocurra en este blog, y por tanto me comprometo a describiros a la vuelta qué ha pasado con mis tres tesoritos. Crucemos los dedos... las quiero tanto... finalizo con unas fotos de las instalaciones donde han quedado.



sábado, 26 de junio de 2010

Nos vamos de vacaciones: hay que aparcar las tórtolas

Durante un año no nos hemos separado de nuestras tórtolas apenas nunca. El verano pasado, cuando solo teníamos a Amélie, pasamos una semana en Denia, y mientras ella se quedó solita encerrada en casa, con comida y agua, y aunque todo salió bien, el come-come de si resistiría esos siete días sin ningún contacto humano nos royó la conciencia una barbaridad.

Pero ahora la cosa es distinta, nos vamos a Francia el lunes 28 hasta el próximo martes 13 de julio, y resulta imposible, o al menos muy arriesgado, repetir la jugada de dejarlas en el piso, más teniendo en cuenta que Junior no puede vivir con tranquilidad en presencia de Walter y Amélie, porque su propio padre la acosa cruelmente. Ya pensando en eso compramos un jaulón que permitiría contener un par de tórtolas unos días, en la previsión de que tuviéramos que repartirlas entre amigos y parientes; pero, finalmente, la solución ha sido otra: dejar nuestros queridos animalitos en la Granja-escuela de mi primo Julio, que está aquí al lado, en Cobisa (localidad próxima a Toledo). Este es el enlace de la granja-escuela:

http://www.indianacamp.net/

La semana pasada fuimos a visitar las instalaciones, mañana mismo se quedarán allí, hasta que las recojamos a la vuelta del viaje. Confieso que, cual madre novata, se me queda el corazón en un puño, ¿sobrevivirán estas dos semanas? Sé que no debería preocuparme, pero no puedo evitarlo. Mañana pondré fotos de cómo se quedan allí, de momento dejo este otro, donde Walter y Amélie nos demuestran lo que quiere decir "ser dos tortolitos".

Un año de tórtolas



Por estas fechas Amélie se coló en mi vida por una ventana. Muchos piensan que me falta un tornillo por haberla acogido en mi vida, pero lo volvería a hacer sin dudar. Ahora ella no me hace tanto caso, se pasa el tiempo en tierno idilio con Walter, y no se lo reprocho, después de todo para eso compré a Walter, y gracias a eso vino Junior al mundo.

Como pasa tantas veces, no es tanto lo que yo le he dado a ellas como lo que ellas me han dado a mí. Las tórtolas viven las cosas con una naturalidad y una inocencia contagiosas, se preocupan del ahora, son sensibles pero no sensibleras, listas pero no maliciosas.

Ha sido un año de felicidad mutua.

viernes, 14 de mayo de 2010

¡Junior es hembra!

El pasado lunes, diez de mayo, Junior puso un huevo, y un par de días después, el miércoles, puso un segundo huevo, así que esto nos dice dos cosas: que es hembra, y que ha alcanzado la madurez sexual. Estos huevos no están fecundados, ya que el único macho, su padre Walter, no ha conseguido nunca conquistar a Junior (a pesar de que lo intenta a diario). No sabía muy bien qué hacer, pero finalmente he pensado que lo mejor era quitárselos (en cambio a Amélie se los dejo, si bien le doy un cambiazo poniéndole otros infértiles). En principio parece una buena decisión, porque Junior ha aceptado de inmediato su falta, y ha recuperado el comportamiento cariñoso normal. Solo me replantearía esto si de inmediato Junior volviese a poner huevos, porque una producción diaria o casi diaria de huevos no me gustaría.

Los huevos que ha puesto son ligeramente más pequeños que los de Amélie, en la foto vemos la comparación de uno de los huevos de Junior, junto al uno de su mamá, algo mayor. Eso sí: son preciosos, ¿no os parece?

jueves, 22 de abril de 2010

Las plumas de las tórtolas (1)
















(Junior mostrando sus plumas carrilleras. Merece la pena pulsar en las fotos para verlas ampliadas).



Si hay algo obviamente extraño y atrayente de los pájaros es el hecho de que en lugar de piel o escamas presentan plumas, esa sublime creación de la naturaleza. Ese ser poco agraciado que nace de un huevo, se transforma, como por arte de magia, en la quintaesencia de la belleza por obra y gracia, sobre todo, de sus plumas.

Como son tres los ejemplares que tengo en casa para observar, y relacionados genéticamente de distintos modos (Walter y Amélie no tiene relación; Junior es su hijo común), puedo indagar qué cosas son propias de la especie, y cuáles se heredan. En las plumas, en particular, es notable comprobar cómo su disposición es muy semejante, y con esto quiero decir que coinciden casi pluma por pluma; estoy seguro que si los seres humanos tuviésemos las plumas de una tórtola se sabría exactamente cuántas son, y en los atlas de anatomía figuraría su disposición exacta, tanta es la regular disposición de las mismas.

Hoy quiero fijarme en las plumas especiales que se sitúan bajo los ojos, entre el pico y el cuello, y que, a falta de conocer si tienen nombre científico, yo denomino "carrilleras". En las dos fotos de Junior, se aprecian, creo yo, perfectamente. Como puede verse, están dispuestas de modo que sobresalen un poco de la cara, separándose del resto. Además, sus barbas aparecen más irregulares, siguendo un diseño más intrincado. Su funcionalidad exacta se me escapa, tal vez contribuyan a disipar el calor más eficazmente, o sirvan para desviar el agua y que no siga escurriendo, como nuestras cejas.

De lo que no me parece que haya duda es de que le dan a la tórtola un aire personal, en cierto modo humano. ¿No son preciosas?

domingo, 18 de abril de 2010

Vida de pareja

(Las tres tórtolas con mi compañero Félix. De izquierda a derecha, Amélie, Walter, y Junior. 
Obsérvese el parecido entre Walter y Junior)

Definitivamente se han consolidado las relaciones entre las tres tórtolas de mi casa:

Amélie, la que originó todo entrando un día por la ventana de mi casa, es una hembra fuerte y buena. Pone huevos continuamente (por eso la dejo dos o tres semanas que empolle unos huevos no fecundados, para que no ponga tan seguido), y prodiga cuidados amorosos a Walter. Cuando está a solas con Amélie a veces convive pacíficamente, y a veces le lanza picotazos.

Walter, el macho blanco que compré unos meses después, es un macho absoluto; corteja a Amélie, pero también a Junior, al dibujo de la tórtola de la caja de comida, a su reflejo en los espejos, y (literalmente) a su propia sombra. Se turna con Amélie en el empolle de los huevos, y no tolera la presencia de Junior, salvo para desplegar su cortejo; pero inmediatamente se lanza en su persecución y trata de que se aleje, con picotazos y aletazos; por suerte es el pájaro más torpe volando de los tres.

Walter y Amélie forman una pareja consolidada, no se pelean, y comparten territorio sin ningún problema. Junior sin duda echa de menos su compañía, a menudo va a buscarla, aunque siempre recibe un ataque frontal y conjunto por ello. Claro que, en cambio, es quien más mimos recibe por nuestra parte, y quien más nos demuestra su cariño y afecto. Eso a su vez levanta la envidia de Walter y sobre todo de Amélie, quienes de vez en cuando reclaman su derecho a posarse en nuestras cabezas o manos, y recibir también mimos y caricias.

El único inconveniente de todo esto es que no podemos dejar en el mismo recinto a las tres tórtolas, lo cual es un problema a la hora de ausentarnos de casa.

El paladar de las tórtolas

 
Junior decidiendo qué será lo siguiente que coma

Una de las sorpresas más curiosas que me ha dado el convivir con tórtolas es comprobar que tienen un sentido del gusto bien desarrollado. Esto se comprueba porque eligen sus alimentos siguiendo unos gustos muy estrictos, por ejemplo, gran parte de su comida son compuestos comerciales consistentes en una mezcla de semillas de distintas plantas; pues bien, lejos de engullirlas indiscriminadamente, rebuscan aquellas más a su gusto, y las van consumiendo en estricto orden, de más a menos apetitosas. Podría pensarse que tal vez esta elección nada tiene que ver con el sabor, sino que por el color, la textura, el tamaño, etc., las tórtolas seleccionan sus alimentos; pero esto viene desmentido cuando hacemos la "prueba del pan": además de los preparados comerciales que indico, también doy de comer migas de pan a las tórtolas (cosa que desaconsejan algunos criadores, pero es que a ellas les encanta); estas migas deben ser compactadas en forma de bolita previamente a su ingesta, conformando porciones de aproximadamente el tamaño de un guisante; es importante hacerlo bien, pues rechazan las migas si no están suficientemente compactadas. Y aquí viene lo curioso, si el pan se ha contaminado de algún tipo de sabor, por tener los dedos impregnados de otro elemento culinario, por ejemplo, las tórtolas rechazarán el pan.

Aparentemente, antes de comer nada las tórtolas averiguan cómo sabe el futuro alimento, y solo si les gusta la prueba lo engullen. ¿Cómo lo consiguen? Mi teoría es que producen saliva, y con el pico mojan el alimento, (una porción infinitesimal); esta saliva, impregnada de sabor, es la que les ayuda a decidir si comerán o no.

Las tórtolas son animales muy precavidos, y cuando sus antepasados salvajes estuviesen en la Naturaleza se enfrentarían de continuo al dilema de si comer o no algo a su disposición; decidir apropiadamente sin duda les proporcionaría una valiosa ayuda para su supervivencia. También en mi casa ellas encuentran por todos lados papelitos, trozos de cal, de plástico, ceniza... por suerte sus hábitos "sibaritas" evitan que se coman lo que no deben.

jueves, 14 de enero de 2010

Junior es un amor


(Junior ha crecido mucho, ¿no es una preciosidad?)
Han pasado diez semanas desde que nació (el 6 de noviembre pasado), y ya tenemos a Junior hecho y derecho. Es una tórtola preciosa, blanca como su padre, pero mucho más adorable. Posiblemente por haber nacido en casa, el contacto humano le resulta natural, y es con mucho la más accesible de las tres tórtolas. Recordemos un poco la situación de cada una: Amélie, la mamá que llegó a casa por la ventana era y sigue siendo un ave encantadora, pero las hormonas agrian a veces su carácter (pone huevos constantemente, por lo que se pasa el tiempo empollando), y cuando Junior creció se volvió agresiva con él. Walter ha dulcificado mucho su carácter, ahora se lo puede coger en la mano sin problemas, pero es el más reacio a mi proximidad; además, se asusta con facilidad. Y rechaza la presencia de Junior.

En cambio, Junior, busca subirse encima cuando le persiguen sus padres, puedo sostenerlo durante horas en la mano, tumbado en el sofá. En esas ocasiones, se echa completamente, apoya las alas, ¡y se duerme! La sensación de tener un animalito tan hermoso y tan confiado me resulta emocionante, la mano se pone calentita, y a veces busco la postura para dormirme yo también, creo que eso es lo que más le gusta a Junior, que lo hagamos a la vez. Son unas siestas maravillosas.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Lo que buscan las tórtolas para hacer un nido



(Foto: Junior junto a un palillo envuelto que Walter o Amélie se llevarán al nido).

Aprovechando los afanes de Amélie y Walter para hacer su nido (que, recordemos, contiene dos huevos no fecundados), estoy observando en qué consisten sus tareas. Los huevos están en una de las bandejas de plástico forradas de papel de cocina y situadas en colgadores para tiestos que tengo en el balcón-terraza; allí, en turnos rigurosos Amélie y Walter se relevan para proporcionar calor a los huevos, por lo general Walter releva a Amélie por la mañana temprano, y se queda ahí hasta caer la tarde, en que intercambian los papeles, así lo han hecho toda esta semana. El cónyuge que queda libre, emprende entonces las tareas de llevar cosas al nido que contribuyan a hacerlo más acogedor. Es tarea en realidad inútil, no solo porque los huevos no están fecundados, sino porque el nido reúne todo el confort necesario, nunca pasan frío, y la prueba es que la única vez en que he permitido a Amélie empollar huevos fértiles salieron perfectamente los dos pollitos, y eso que entonces Amélie no tuvo oportunidad de mejorar el nido, ya que Walter se desentendió por completo del asunto.

Pero de todos modos es muy curioso observar el proceder de las tórtolas. La que no está empollando se dedica por completo a buscar elementos tales como palillos, trozos de tela, papel, e incluso cigarrillos, que lleva al nido cuando los considera idóneos, siendo entonces colocados dentro del nido por quien está empollando. Puede parecer que es una tarea fácil y despreocupada la que describo, pero nada más lejos de la realidad; si les ofrezco algo que me parece a mí útil para el nido (por ejemplo un palito, o un trozo de tela), antes de aceptarlo lo toman por el pico y lo sacuden muchas veces, a mi entender porque están comprobando que no se trata de nada vivo que pudiera luego ser un problema dentro del nido; le dan golpes, lo sacuden, lo dejan caer, una y otra vez, hasta que, por fin, si en todas estas operaciones no perciben nada inconveniente, terminan por llevarlo al nido.

En cuanto al conflicto entre Walter y Junior, mientras el padre está empollando no hay problema, ya que Amélie y Junior se llevan de maravilla y Walter no abandona el nido aunque Junior esté cerca; los problemas surgen al ser relevado Walter de su deber de empollar. Pues bien, hoy, por primera vez, he conseguido que padre e hijo permanezcan en la misma habitación bastante tiempo sin que haya pelea, al principio he tenido que defender a Junior, pero, con paciencia, parece que Walter acepta a regañadientes reanudar su actividad con Junior en la misma habitación; incluso se han quedado solos un rato y no ha pasado nada. Falta mucho para decir que conviven en paz, pero al menos es un avance esperanzador.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Padre contra hijo: Walter ataca a Junior


(Foto: En primer término, sobre mi mano, Junior. Walter, detrás, está a punto de saltar.)

Cuando podría decir que todo va bien, y que las tres tórtolas, Amélie, Walter y Junior, aumentan de peso para corroborarlo (Amélie ha engordado hasta los 165 gramos, lo mismo que Walter; Junior ya alcanza los 120 gramos), se perfila un problema, que puede llegar a ser grave: Walter no soporta a Junior, es decir, el padre no soporta a su propio hijo. Cada vez se parecen más en todo, Junior vuela bastante bien, y su plumaje se va asemejando al de los adultos, aunque sigue siendo un pollito: hoy tiene 36 días de edad, muy poco, no canta, solo pía, y cuando está cerca de Amélie hace todo lo posible por ser alimentado por ella, quien desde luego no lo hace, todo lo más le dedica alguna caricia, que Junior rechaza, piando desesperado y picando las uñas de su mamá, supongo que para llamar su atención. Pero Walter lo ve como una amenaza, no tolera su presencia, y lo ataca y persigue con saña, por lo que tengo que estar al quite en todo momento. La consecuencia es que no pueden estar juntos, salvo si enjaulo a uno de los contendientes, normalmente a Junior, que al ser más pequeño está más a gusto en la jaula. ¿Por qué esta inquina? Tal vez Junior es macho, y despierta celos en su padre; también es posible que el desapego que Walter demostró durante el empolle y la crianza de Junior (todo lo contrario que hace ahora con los huevos no fecundados), hayan provocado una especie de "no reconocimiento" como hijo propio por parte de Walter.

Por otra parte, ¿qué ocurrirá en un futuro? Junior no será siempre un pollito, y es posible que llegue el día en que se defienda de Walter. Me gustaría pensar que hay alguna solución, porque me costaría desprenderme de cualquiera de las tórtolas. Pero tampoco puedo tenerlas separadas siempre, el piso es pequeño, y el lugar donde deben vivir, salvo excepciones, es en el balcón-terraza. Veremos qué ocurre.

martes, 8 de diciembre de 2009

El cambio de Walter: ahora es un "padrazo"


(Foto: Walter en el nido. Se observa que está sobre un cenicero de cristal que, además de los huevos, contiene comida.)

Sorprendentemente, Walter ha modificado su conducta de un modo radical. Generalmente estos cambios corresponden a variaciones hormonales, más explicables en las hembras, así que realmente no sé la causa, si es hormonal, o meramente circunstancial. El caso es que Walter ayer relevó en el empolle de los huevos a Amélie sobre la hora del desayuno, y se quedó pacientemente en esa tarea hasta ya caída la tarde, es decir, más de ocho horas, mientras Amélie disfrutaba de su "libertad" comiendo y saltando por la casa. Cuando llevé a Amélie al nido y aceptó el relevo (lo había rechazado varias veces, pues al ponerla en el nido salía volando rápidamente), Walter, además de estirar patas y alas, alimentarse y defecar, se dedicó por completo a la tarea de buscar ramitas que le pudieran servir para el nido; en cuanto encontraba una, la llevaba al nido, donde Amélie la recibía y colocaba convenientemente, y luego vuelta a buscar. Esta mañana, cuando me he levantado, he visto que Walter ya estaba bien despierto, buscando pajitas para su nido, y enseguida ha hecho el relevo con Amélie, ahora mismo esté de nuevo empollando en el nido. ¡Y los huevos no están fecundados porque los cambié!

No es este el único cambio de Walter; tan sorprendente como su reciente vocación de padre, es la afabilidad que demuestra con nosotros, ya que ahora se posa sobre mi cabeza o mi pierna, sin rehuír mi presencia, como tantas veces ha hecho. Increíblemente, Walter es ahora más cariñoso y confiado, como si la futura paternidad le hubiese afectado el carácter.

Lamentablemente, lo que no ha cambiado es el sentimiento de Walter contra Junior, cuando no está anidado y lo ve lo ataca con tanta fiereza que es preciso separarlos. De momento Junior, que sigue siendo un pollito a pesar de sus 110 gramos, simplemente huye. Y no sé cómo acabará esto.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Amélie ha puesto huevos de nuevo... y ahora Walter parece que ayuda

Al llegar a casa en Madrid, después del fin de semana en Toledo (nos habíamos llevado a Junior, ahora que ya come solito), nos hemos encontrado con que Amélie ha puesto dos nuevos huevos, y los está incubando. La verdad es que me inspira una ternura infinita ese animalito, echado en su nido. Esta vez ha elegido un cenicero redondo de cristal donde le dejamos muchas semillas para comer, así que puede con facilidad alimentarse mientras empolla; todo esto en la cocina, que es donde han pasado el fin de semana. Como ya hemos calentado el salón, y por tanto el balcón-terraza tiene una buena temperatura, hemos trasladado allí a las dos tórtolas adultas. Después de pensarlo, hemos optado por cambiar los huevos que ha puesto Amélie este fin de semana por los dos primeros que puso antes de la llegada de Walter, por tanto sin fecundar; ella ha aceptado el cambio, a pesar de que los que tiene ahora estaban fríos, y encima le hemos cambiado el nido de sitio: el cenicero está ahora dentro de los nidos colgados que hay en el balcón, fabricados con porta-tiestos. Y, curiosamente, cuando Amélie se ha levantado del nido ha acudido Walter, relevándola sobre los huevos, cosa  que no hizo la última vez, así que tal vez está mejorando en su experiencia como padre.

Lo que no cambia es la ojeriza que Walter le tiene a Junior, su propio hijo, al que ataca cruelmente siempre que tiene ocasión. Junior adopta en su presencia la misma actitud que con su madre, es decir, pía lastimosamente y agita las alas de un modo especial, en solicitud de comida. Cuando Walter lo pica (y lo hace con mucha fuerza), Junior se aparta, o sale volando, y Walter lo suele seguir. Normalmente impedimos estos enfrentamientos, pero será una lástima que no puedan convivir los tres en paz.

sábado, 5 de diciembre de 2009

El pico de las tórtolas


Ahora que Junior ya está crecidito, es hora de señalar algunas observaciones sobre las crías de tórtola, en este caso referidas a sus picos. Es curiosa la forma en que la naturaleza dispone el crecimiento de estos animales, se ve que algunas partes deben desarrollarse a toda prisa, y en cambio otras lo hacen a un ritmo mucho más lento. En concreto el pico de Junior es mayor en tamaño que el de sus padres, y también su forma y textura aparente. Es posible que esto se deba a que al principio las tortolitas toman la comida directamente del buche de su madre, por lo que tener un pico largo resulta muy conveniente; en cambio, parece más blando, cartilaginoso y no córneo, lo que posiblemente también evita lesiones en su progenitora. Si esto es correcto, es decir, si en el caso de Junior el mayor tamaño de su pico corresponde a una fase juvenil, debemos observar en las próximas semanas cómo su pico adelgaza, se retrae y endurece, lo cual es aparentemente muy posible. En la foto se pueden observar los picos de Amélie y Junior. La coloración de Junior y Walter es similar, porque ambos son blancos, pero realmente hay más coincidencias entre los dos adultos que entre cualquiera de ellos y su cría.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Junior tiene un mes, y ha aprendido a comer

Después de la muerte de su hermanito (o hermanita), nos hemos dedicado en cuerpo y alma a cuidar al pollito superviviente, "Junior". Su crecimiento ha sido rápido y satisfactorio; a la semana abrió los ojos y empezó a interesarse por el entorno; a las dos semanas empezó a tener un incipiente plumón; a las tres semanas fue capaz de salir del nido, con saltos que cada vez se aproximaban más al vuelo. A partir de este momento su madre fue distanciando más las cebas, huyendo incluso del lado de su retoño, que más que reclamar exigía su comida, con lo que el proceso de engorde se detuvo, e incluso hubo un retroceso; al final de la tercera semana pesaba 110 gramos, y durante la cuarta semana bajó incluso a los 95, oscilando siempre en torno a los 100. Con casi cuatro semanas ya daba vuelos bastante aceptables... pero no sabía comer. El caso es que picoteaba la comida, tratando de tragar granitos de la pasta de cría, pero sin resultado. Por fin, justo al mes de nacer, y tras un día sin ser cebado por su madre, sus progresos fueron tan buenos que empezó a comer con apetito, e incluso bebió agua por primera vez en su vida. Ha sido un gusto verle avanzar en algo tan importante: ya es independiente de su madre en lo más fundamental. Cierto que cuando ve a su madre (sobre todo), y también a su padre, pía como un pollito y aletea solicitando comida, pero ya no los atosiga, sino que se pone a comer por sí mismo. Nos lo hemos llevado a Toledo de fin de semana, así que hoy es la primera noche que duerme lejos de su mamá, que se quedó en el piso de Madrid junto con Walter. Su plumaje es ya muy completo, ahora sí está bonito de verdad.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Costumbres de apareamiento

Aunque al nacer los pollitos, y antes durante la incubación de los huevos, Amélie ha pasado un tiempo dedicada en cuerpo y alma a sus tareas de madre, rechazando el contacto con Walter, en cuanto sus crías alcanzaron un mínimo tamaño, a la semana de vida o así, volvió a confraternizar con él. Por su parte Walter siempre ha tratado de sacarla del nido, a picotazos si era necesario, y por eso mismo lo hemos tenido separado de Amélie varias semanas; incluso ahora tenemos que separar a Walter de Junior y Amélie durante ciertas horas, si queremos que ella dé de comer a su cría, y por eso mismo los fines de semana, que los dejamos solos en casa, quedan en habitaciones separadas. Cuando Walter y Amélie se aparean es curioso ofrecer el proceso; Walter le acicala las plumas del cuello y de la cabeza con rapidez y suavidad, y ella responde del mismo modo. Cuando ella decide acceder a la cópula (la decisión es solo suya), solicita alimento de Walter introduciendo su pico completo dentro de la boca del macho, exactamente igual que hace Junior cuando come de Amélie. Por los movimientos de Walter se comprende que está regurgitando, y que efectivamente la hembra se alimenta de él. Una vez ella satisfecha, adopta una postura horizontal, con las alas ligeramente acodadas, formando una superficie bastante plana sobre la que el macho puede tumbarse. Dado que no hay órganos genitales visibles y separados, la cópula consiste simplemente en el contacto de las cloacas durante breves instantes, poquísimos segundos. Tras esto, todo ha concluido, y pasa cada uno a sus cosas. Ah, olvidaba mencionar que a veces Walter requiere a Amélie para aparearse con ella amedrentándola con dolorosos picotazos que incluso han provocado a veces puntos de sangre en la pobre Amélie; pero ella, aunque se queja lastimeramente, no huye de su lado (y le sería facilísimo, porque vuela mucho mejor que Walter), así que sin duda es parte del cortejo amoroso. Nada de todo esto tiene que ver con las personas... ¿o sí?

jueves, 26 de noviembre de 2009

Con tres semanas, Junior sabe volar, pero no comer

Han pasado tres semanas desde que salió del huevo, y Junior (nombre provisional que va camino de ser definitivo), ya es un pajarito grande y bien desarrollado. Sus plumas han crecido tanto que ya es capaz de dar vuelos cortos, son poco más que un salto, pero que le dan bastante autonomía. Lo único que me angustia un poco es que no es capaz de comer, se alimenta exclusivamente del pico de su madre, que cada vez le da menos cebas. Junior pesa unos 100 gramos, y es mucho si comparamos con los 130 de Amélie o los 150 de Walter. El caso es que pica con interés la comida, actualmente pasta de cría, e incluso puede que alguna pequeñísima partícula la ingiera; pero por lo demás vemos siempre como las partículas que toma con la punta del pico caen indefectiblemente al suelo: no las sabe engullir. Por otro lado su padre siempre que puede le pica, Junior parece no darse cuenta del peligro y se acerca a él en actitud de pedir comida, con su piar lastimero, pero Walter le lanza duros picotazos, e incluso lo derriba de donde esté, pobrecito. ¿Podrán convivir cuando Junior sea mayor? Eso será determinante para ver quién se queda y quién se va.

sábado, 21 de noviembre de 2009

El pollito, "Junior", tiene ya quince días... nuevo desafío: fin de semana solo


Bueno, solo, solo, no: se queda al cuidado de su mamá. Pero Amélie cada vez hace menos caso de "Junior" (nombre provisional de la tortolita), quien por otra parte se ha espabilado muchísimo, casi de hora en hora hace progresos. Su tamaño y peso ya son superiores al 50% de un adulto, por lo que su voracidad al alimentarse es casi salvaje. Sea por eso, sea por incitarle a avanzar de fase, su mamá distancia las cebas, y estas son menos abundantes, a pesar de que posiblemente necesite más comida que nunca. Ya es capaz de subirse al borde del nido, por supuesto no vuela ni remotamente, pero hace ejercicios y limpia sus plumas igual que sus papás; además, su plumaje cada vez deja menos huecos a la vista. Pasará dos días sin cuidados humanos, y sabemos que lo más seguro es que caiga al suelo, ya que hoy la hemos sujetado en el aire, cuando su mamá la ha tirado accidentalmente mientras huía de su lado, agobiada por la insistencia con que reclamaba comida. ¿Superará esos dos días? ¿Y si se hace daño al caer? (tiene cojines y toallas debajo), ¿y si la madre no la vuelve a alimentar?

viernes, 20 de noviembre de 2009

El padre no ayuda en la cría, al revés, es un estorbo


Resulta curioso el modo de crianza de la tórtolas. Tras el nacimiento, la madre se ocupa de darles calor, y sobre todo comida. Durante la primera semana, apenas abandona el nido una o dos veces al día, para evacuar fuera de él, y alimentarse. Suele hacerlo por la mañana y por la tarde, muy parecido a cuando incuba, que observa el mismo comportamiento. En este caso el excremento es grande y viscoso, a diferencia de las pequeñas bolitas secas que excreta en estado normal. Pasada una semana el comportamiento de la madre cambia, y abandona el nido cada vez con más frecuencia, ya no duerme con las crías (demasiado grandes para estar debajo de ella), y vuela al nido para darles de comer, en un espectáculo entre lo grotesco y lo terrible, pues las crías (una en este caso), buscan la comida dentro de la boca de la madre, metiendo el pico hasta muy dentro. Su crecimiento es asombroso, y pasa en dos semanas de los 5 a los 80 gramos. A todo esto, el padre no solo no colabora en la crianza, sino que trata por todos los medios de apartar a la madre de su tarea, al principio intenta que abandone el nido para dedicarse a él, luego dificulta cualquier acercamiento de la madre. Para ello da fuertes picotazos ya a la madre, ya a la cría, de hecho Amélie presentaba hoy una gotita de sangre en la cara (que puede observarse en la foto, si se mira con detenimiento), aunque parecía no importarle en absoulto. En consecuencia, tenemos a Walter apartado del nido y de la madre, al principio por completo, y pasada la primera semana cuando entendemos que Amélie debe de ocuparse de su cría.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Dos semanas: el pollito es blanco


Ya no queda ninguna duda: el pollito superviviente es blanco. Aunque no ha desarrollado todas sus plumas, todas las que le han salido son de un blanco inmaculado. Ha aumentado mucho de tamaño, y se muestra despierto y tranquilo. Es curioso que haga los mismos gestos que los adultos, se acicala las nacientes plumitas, y mira con curiosidad desde su bandeja forrada de papel. Trata de no mancharse con los excrementos, e incluso saca el culito al borde para mantener instintivamente limpio el recinto, es una monada. Debajo del nido hemos colocado unos cojines, porque se supone que pronto puede dejar el nido, y si se cae así no se hará daño. Sus patas son grandotas, casi del tamaño de un adulto, y cuando estira sus alas muestra ya una envergadura más que considerable. No sabemos si es macho o hembra, tal vez macho, pues parece grande y despierta sentimientos de competición en Walter, su papá.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Segundo fin de semana ¿qué tal responderá el pollito?


Tras la muerte de su hermanito, el otro pollito se ha quedado solo en el nido. Su mamá le da de comer, tanto que me asusta un poco, porque parece que está a punto de reventar, de tan lleno que tiene el buche. Su cuerpo, todavía bastante transparente, muestra con claridad la comida pendiente de ser digerida, en el buche, y pendiente de ser expulsada, en el bajo vientre. De momento todo va bien, hace unas evacuaciones casi de adulto, y su peso ha llegado hoy a los 55 gramos, un poco menos de la mitad de su mamá, que ha adelgazado bastante. Supongo que sus posibilidades de supervivencia ya son altas, abre los ojitos, reacciona cuando lo toco, y supongo que pronto se incorporará. Nuevamente hemos separado a Amélie y el pollito de Walter, que lejos de ayudar en la crianza, solo trata de sacar a Amélie del nido; se quedará en la zona de la cocina. No hace frío y yo creo que aunque no comiera un día entero no pasaba nada, al fin y al cabo su hermanito murió atragantado, ¿no lo estará cebando en demasía Amélie? Habrá que esperar al domingo...

jueves, 12 de noviembre de 2009

Ha muerto un pollito


Desgraciadamente hace unos minutos, cuando tenía exactamente una semana de vida, ha muerto uno de los dos pollitos. Creo que es el que nació segundo, y parecía que su ojito oscuro indicaba que sería del color de Amélie, mientras que el que queda posiblemente es blanco. La causa de la muerte ha sido un trozo de comida que le ha impedido respirar, pobrecito, incluso hemos intentado el "boca a pico", pero no se ha recuperado. Lástima, ha sido por segundos, si nos hubiéramos dado cuenta un poquito antes seguramente lo hubiéramos podido ayudar. La comida que lo ha atragantado era pan, suprimiremos eso por ahora de la dieta de su madre como precaución. Qué pena, estaba caliente, recién muerto, qué desgracia. Su hermanito sigue bien por ahora.

viernes, 6 de noviembre de 2009

El segundo huevo se ha abierto


Acababa de poner la entrada anterior, cuando he asistido en riguroso directo a la eclosión del segundo huevo, ha salido un pollito que se lleva entonces doce horas, aproximadamente, con su hermanito mayor, mientras que la puesta fue unas cuarenta horas posterior, ¡qué sabia es la naturaleza! Amélie los trata con amoroso cuidado, pero el hermanito mayor es ya capaz de reclamar su alimento, mientras que el recién nacido está aún muy quieto... espero que me dé tiempo a ver algo más antes de irme de fin de semana. Pongo también un vídeo de los dos pollitos con su mamá:

Walter y Amélie ya son papás



Hoy ha nacido, por fin, el primer pollito de Walter y Amélie. Debería decir que es horrible, pero a mí me parece precioso. El otro huevo aún no se ha abierto, así que mantenemos las dudas sobre si está fecundado y desarrollado, aunque todo parece indicar que sí, ¡incluso parece que se mueve un poco! Estamos embobados mirando al pollito, no tiene los ojos abiertos ni rastro de plumas, pero sabe meter su largo pico dentro de la boca de Amélie. Han pasado 16 días y pocas horas desde que puso su primer huevo, pero si contamos desde el segundo, yo creo que no llegan a 15 días, lo que concuerda con la fecha prevista. El pollito parece en buen estado, se mueve a veces con decisión buscando a su mamá, que está amorosamente encima, solo asoma su piquito por debajo. Es una ricura. ¿Tendrá un hermanito?

martes, 27 de octubre de 2009

Huevos fecundados


Hoy hace una semana, aproximadamente, que Amélie puso su primer huevo de esta puesta de dos. Solo he podido comprobar uno de los huevos al trasluz esta mañana, pero ¡sin duda está fecundado! Esto sí es una buena noticia... uno o dos pollitos, con suerte, nacerán en una semana.

martes, 20 de octubre de 2009

Un balcón con terraza para las tórtolas


Decidamente, lo mejor es asignar un lugar fijo de la casa para Walter, Amélie y sus posibles pollitos, y ese lugar va a ser el balcón que da al salón. Lo hemos cerrado con una malla de plástico blanco, dejando las persianas por fuera (pero podemos subirlas y bajarlas). Además, para el invierno forramos por dentro el conjunto con plástico transparente del que usan los pintores, así conseguimos que la temperatura sea la misma que la del salón. Esta protección es importante, no solo para que no se vayan volando las tórtolas, sino sobre todo para protegerlas de los ataques de los gatos del balcón de al lado, que pueden saltar con toda facilidad y que de hecho lo han intentado varias veces. En la foto se ve a Amélie encima del jaulón que tenemos por si algún día hay que llevarlas a casa de alguien, y que normalmente está vacío. A los dos lados del balcón tenemos dos soportes de tiestos transformados en reposaderos-nido muy confortables y prácticos, forrados de papel de cocina para facilitar la limpieza.

jueves, 15 de octubre de 2009

Walter ya se ríe


El primer amanecer sin que Amélie tenga unos huevos empollando y en compañía de Walter. Ha sido un día agitado, con varias novedades. La primera, que Walter ya se ríe, y con eso confieso que he respirado, porque ahora sí sé que tengo dos tórtolas domésticas; sé que el resto de características era suficiente, y además las únicas tórtolas blancas son las domésticas... pero yo quería que se riera al cambiar de sitio, como hace Amélie, y eso ha ocurrido hoy. Supongo que también demuestra que por fin se considera en su hogar, porque yo creo que se trata de un sonido territorial, un "ya estoy en casa". El resto de novedades también corresponden a Walter, quien corteja descaradamente a Amélie; para ello hace algo que ya antes había visto hacer a Amélie: se inclina, dejando la cola en alto, y emite su "uuuh-uhhh" mientras sacude en vaivén sus alas plegadas, como si fueran élitros de un grillo, rápidamente; a veces sube y baja el cuello al ritmo del canto. Además, ya no es un pollito asustado frente a Amélie, le propina picotazos "fuertes" en el cuello (sin hacerle daño), para provocar una reacción en ella, que se limita a besuquear su pico y acariciar sus plumas, sobre todo del cuello y la cara (yo creo que a Walter le cansa un poco tener el pico de la otra en los ojos todo el rato). Walter trata de montar a Amélie, pero ella huye, y si están en la terraza cerrada dan vueltas y vueltas, de un reposadero a otro; abrir la puerta de la terraza es peor, porque entran en el piso y hacen las mismas, así que prefiero que se persigan en el pequeño espacio de la terraza; pero Amélie me da un poco de pena. He probado a separarlos, pero el caso es que Amélie claramente busca a Walter en cuanto este la llama, aunque luego huya de él cuando la quiere montar. Por la tarde ya estaban un poco más calmados, y comparten reposadero por la noche, me da un poco de pena porque hace fresco, aunque he puesto un plástico en el rincón donde duermen para que no se les cuele tanto aire.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Retirada de los huevos



Hoy miércoles, cuando ya han pasado quince días desde la puesta del primer huevo, he quitado del nido los dos huevecitos, aprovechando el momento en que Amélie sale a comer y estirar las alas un ratito. Son dos huevos preciosos, evidentemente no fecundados, y en su interior se trasluce un líquido liviano que supongo es la clara. Al regresar al nido el animalito estaba un poco desconcertado, pero no le ha costado mucho superar la situación, supongo que su instinto le decía de algún modo que no valía la pena seguir empollándolos. Mi idea es aprovechar esta nueva situación para que Walter conviva más estrechamente con Amélie, ahora que ya no va a ser mamá; y efectivamente parece que las cosas están cambiando entre ellos; si hay suerte, esta noche dormirán juntos por primera vez, y empezaremos a delimitar su espacio, que debe de ser la terraza sobre todo, no como ahora que estamos "invadidos" en todo el piso.

lunes, 5 de octubre de 2009

Walter llega a casa


Hemos quedado a las doce de la mañana en el metro Casa de Campo para ir a buscar a Walter, el macho que formará pareja con Amélie. El chico que nos lo ha vendido por quince euros lo traía metido en una caja de zapatos agujereada, era un chaval de unos 16 o 17 años, con el pelo de punta. Se ve que tiene animales en algún pueblo próximo. Por lo visto, Walter vivía en un jaulón de un par de metros; tiene seis meses de edad, ¡es tan bonito! Realmente no es blanco inmaculado, algunas plumas de color ligeramente crema le dan matices de color que no se aprecian a primera vista. Parece un poco más grande que Amélie, y sus patas y pico son rosas, no marrones. Está muerto de miedo, no soporta que nos acerquemos a él, sale volando alocadamente y nos huye. Eso sí: come, que es una buena noticia. Pero no canta. De momento se quedará en el pasillo, separado de Amélie, que sigue empollando en el balcón.

lunes, 28 de septiembre de 2009

¡Walter era hembra! ¡No se llama Walter... es Amélie!

Sorpresón en casa. Nuestra tortolita ha puesto un huevo precioso, blanco y poco mayor que una aceituna. Así que toda esa teoría de que los que cantan son los machos, queda rotundamente desmentida. Por suerte ha ocurrido después del puente que hemos pasado en Toledo (nos llevamos allí a la tórtola), ¿qué habría pasado si pone allí el huevo? Esto tiene varias consecuencias: la primera, el cambio de nombre: definitivamente nuestra tórtola se llama AMÉLIE. La segunda, que tenemos que cambiar el encargo: hay que traer una tórtola blanca, que será Walter. Voy a escribir enseguida a quien me iba a traer la tórtola, a ver si puede ser del otro sexo. ¡Qué sorpresa! Supongo que los huevos están sin fecundar, salvo que la noche que pasó fuera de casa haya aprovechado para cruzarse con un macho, pero eso es muy difícil, ya que no veo nunca tórtolas por los árboles. En dos semanas lo sabremos, que es el tiempo que tardan en nacer los tortolitos. Y, entre tanto, se ha pasado todo el día empollando el huevo, no se levanta del pequeño tiesto de la terraza donde ha hecho su improvisado nido. Qué ricura de animalito.

jueves, 25 de junio de 2009

Amélie ahora se llama Walter


Tenemos una tórtola doméstica, pero, ¿macho o hembra? Como siempre, Internet está al quite, y ahí comprobé que "los machos emiten un arrullo muy característicos". Amélie no dijo nada el primer día, pero tras un tiempo empezó a obsequiarnos con dos sonidos distintos: uno, el arrullo al que sin duda se refiere Internet, un cantito que es una especie de llamada de autoafirmación: "uuuh - uuuuuh", repetido varias veces. Y si lo imito, me contesta; este sonido lo empezó a hacer el día siguiente de su entrada a casa. Hay un segundo sonido, que tardó una semana más o menos en emitir, una risa (pues se le parece mucho), que suelta cada vez que cambia de lugar, por ejemplo al llegar a mi cabeza de un vuelo, o si se pone en el plato a comer. Claro, ¡por eso se llama "risoria"! Pero, a lo que vamos, dado que arrulla, tiene que ser un macho, pensé yo. Y su nombre ha dejado entonces de ser Amélie, para ser Walter, siguiendo la broma que hace tantos años aparecía en la serie "Enredo", donde se mencionaba al actor Walter Pidgeon, o sea, "Walter Pichón".

miércoles, 24 de junio de 2009

La historia de Amélie


Amélie se coló en mi vida por la ventana. Enseguida caí en la cuenta de que no era una paloma callejera, es más pequeña. Y su plumaje, entre beige, rosa, naranja y blanco, mucho más elegante y vistoso. Era evidente que venía de una casa, o al menos de un sitio donde había convivido con las personas íntimamente, por dos pruebas inequívocas: tenía las plumas de un ala recortadas, y sobre todo no se asustaba de mí, y aceptó de inmediato pan y agua de mis manos. Lo de las plumas recortadas se ve que no es muy efectivo para impedir fugas, porque ahí estaba ella para demostrarlo. La primera tarea fue encontrar en Internet la especie a la que pertenecía; me sonaba "tórtola" como una variedad de paloma (error, son especies distintas), y por ahí empecé, localizando imágenes en "Google". Enseguida me fijé en la tórtola turca (Streptopelia decaocto), y aunque el color era distinto, no me cupo ninguna duda que Amélie era una de ellas, solo que el color de las plumas era diferente, y sobre todo el collar negro del dorso, que tienen las tórtolas turcas, en su caso era blanco. Tal vez le saliera después, porque Amélie me parecía un ejemplar joven. Puse una foto suya en un foro de animales domésticos, y ahí me sacaron del error: era una tórtola, pero de otra especie: tórtola doméstica (Streptopelia risoria). Resulta que hay, por lo menos, cuatro especies importantes de tórtolas en España:la común o europea, la turca, la doméstica, y la de collar. La primera es ave de campo, muy diferenciada de las otras tres especies, y en recesión por falta de hábitats. La turca está "invadiendo" todo el mundo, ocupa jardines urbanos, y no parece causar ningún mal con ello; pero no se adapta a la vida en cautividad. La de collar es en realidad africana, tampoco se adapta a vivir en cautividad, y es muy parecida a la turca. Y por fin la doméstica parece ser una subespecie de la africana, domesticada hace miles de años, e incapaz de vivir por sí misma, en libertad. Puede cruzarse con la turca y con la de collar (tanto es el parecido), así que hay quien duda de su diferenciación real como especie. Así que ahí tenía ya la solución del enigma, Amélie es una tórtola doméstica. También me enteré que hay una variedad totalmente blanca, que son justamente las "palomas" que usan los magos, y con eso me explico algo que siempre me había intrigado: ¿por qué las palomas de los magos permanecen mansamente en la mesita tras el truco, en lugar de salir volando despavoridas, como hacen las palomas "normales"? Y, claro, ahora lo sé: son tórtolas, y por tanto mucho más dóciles. Este dato, como luego se verá, tuvo su importancia.

martes, 23 de junio de 2009

Nace este blog


No soy un experto en tórtolas, pero con el tiempo tal vez sí lo sea. Amélie llegó a casa a finales de junio, no recuerdo el día, tendré que inventarme uno para poder celebrar el aniversario. Supongo que sería volando (vivo en un segundo piso, que en realidad es tercero, dada la curiosa manía madrileña de considerar "bajo" al primer piso), aunque yo la vi caminar por mi salón, entró andando por la puerta, supongo que procedente de la ventana de la cocina, y lo atravesó con pasitos decididos y elegantes, mientras yo miraba petrificado su aparición desde el sofá. Pensé que no me había visto, y que en cuanto reparase en mi presencia le daría un ataque de pánico: no fue así. Me acerqué lentamente, y con suavidad la puse en mi mano. Sus patitas se aferraron a mis dedos, y sentí el calor de su sangre. En ese momento se selló un pacto de convivencia, ya no éramos dos en el piso, sino tres. ¡Una paloma!, pensé yo. Pero una paloma rara, de esas "torcaces", como las que había visto en Salou hacía unos años, que cantaban raro. Qué equivocado estaba, y cuánto cambiaría mi vida desde entonces. Este blog dará cuenta de ello.